Espacio Abierto / Artículo Original

Entre lo apolíneo y lo dionisíaco
Etnografía de dos running teams

Between the Apollonian and the Dionysian. Ethnography of two Running Teams

Entre o apolíneo e o dionisíaco. Etnografia de dois running teams

Gastón Julián Gil1, 2

1Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas, Argentina
2Universidad Nacional de Mar del Plata, Argentina
ORCID ID: 0000-0002-8112-2119
Correo electrónico: gasgil@mdp.edu.ar

Fecha de recepción: diciembre de 2018
Fecha de Aceptación: agosto de 2019

http://doi.org/10.34096/cas.i51.5378

 

Entre lo apolíneo y lo dionisíaco. Etnografía de dos running teams
Cuadernos de Antropología Social, núm. 51, mayo-septiembre, 2020.
Sección de Antropología Social, Instituto de Ciencias Antropológicas. Universidad de Buenos Aires
Licencia Creative Commons Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-CompartirIgual 4.0 Internacional.

Resumen

En Argentina, la opción por correr como un estilo de vida se canaliza principalmente –aunque no de manera exclusiva– mediante los running teams. Como espacios clave de la sociabilidad de los corredores, estos grupos de entrenamiento se configuran además como transmisores de los principales preceptos éticos y estéticos del running. Allí, sus miembros tienen la posibilidad de construir sus diferentes criterios de autoadscripción identitaria y de transitar sus itinerarios como corredores. En este artículo se retoman dos categorías clásicas del pensamiento antropológico (las configuraciones emocionales apolínea y dionisíaca formuladas en la Escuela de Cultura y Personalidad) para utilizarlas como punto de partida para describir las características contrastantes de dos running teams en la ciudad de Mar del Plata.

Palabras clave: Estilos de vida; Identidad; Deporte; Moralidades; Emociones

Abstract

In Argentina, running as a lifestyle is channeled mainly –although not exclusively– through running teams. As key spaces for the sociability of runners, these training groups are also configured as conveying the main ethical and aesthetic precepts of running. Within a team, members have the possibility of constructing their different criteria of self-identification and going through their own itineraries as runners. In this article, two classic categories of anthropological thought (the Apollonian and Dionysian emotional configurations formulated in the School of Culture and Personality) are the starting point to describe the contrasting characteristics of two runner teams in the Argentinean city of Mar del Plata.

Key Words: Lifestyles; Identity; Sport, Moralities; Emotions

Resumo

Na Argentina, a opção por correr como um estilo de vida está orientada principalmente –embora não de forma exclusiva– através dos running teams. Sendo espaços chave de sociabilidade de corredores, esses grupos de treinamento também são configurados como transmissores dos principais preceitos estéticos e éticos do running. Assim, os membros desses grupos têm a possibilidade de construir seus diferentes critérios de auto-adscripção de identidade e percorrer seus próprios itinerários como corredores. Neste artigo se retrabalham duas categorias clássicas do pensamento antropológico (as configurações emocionais apolínea e dionisíaca formuladas pela Escola de Cultura e Personalidade) para usá-las como ponto de partida para descrever as características contrastantes de dois running teams na cidade de Mar del Plata, Província de Buenos Aires.

Palavras-chave: Estilos de vida; Identidade; Esporte, Moralidades; Emoções

Deporte y “temperamento”

El estudio de las configuraciones emocionales que caracterizan a las sociedades y la descripción del “temperamento” de los pueblos es uno de los rasgos salientes de una de las principales matrices teóricas de la antropología social del siglo XX. Anclada en la tradición norteamericana y como continuidad del culturalismo boasiano, la Escuela de Cultura y Personalidad, encarnada principalmente por Ruth Benedict (1887-1948) y Margaret Mead (1901-1978), se concentró en los factores psicológicos que moldean la personalidad, las emociones y el carácter de los individuos en una sociedad determinada. Los enfoques de Mead y Benedict conciben, siguiendo los lineamientos generales de Franz Boas, que la cultura se constituye a partir de modelos de conducta, ya sean explícitos o implícitos. Sus conclusiones generales apuntan a destacar que estas culturas pueden ser entendidas como totalidades que, con sus rasgos distintivos, adquieren sus propias direcciones, “viajan caminos diferentes en persecución de objetivos distintos” (Benedict, 1989, p. 223). Benedict ya había advertido, en Patterns of Culture, que las sociedades occidentales no podían abordarse del mismo modo que las sociedades más “simples”, dado que están estratificadas. Según esta autora, “diferentes grupos sociales en un mismo tiempo y en un mismo espacio viven de acuerdo a estándares diferentes y actúan bajo motivaciones diferentes” (Benedict, 1989, p. 230). Por ello, propuso que la mirada analítica se debe concentrar en las configuraciones sociales, tomadas en este caso como las unidades sociológicas significativas. Las configuraciones remiten al sistema de valores de los grupos estratificados en las sociedades complejas, es decir, a su ethos. Así se conforman patrones culturales, es decir, estilos particulares que serán expresados mayormente por los individuos que se socializan bajo los mismos parámetros. Un grupo estratificado contaría entonces con sus propios imperativos morales, que no solo guardan un alto grado de coherencia, sino que en gran medida son respetados por los actores sociales.

Precisamente, el running puede considerarse como un estilo de vida con características emocionales distintivas que redundan en preceptos éticos y estéticos definidos (Gil, 2018). De hecho, los runners se perciben a sí mismos y son percibidos como sujetos “distintos”, que viven y se representan el mundo según valores, criterios y objetivos de vida peculiares. Pero como todo estilo de vida, los márgenes de apropiación diferencial (Wheaton, 2002) –por ejemplo, por variables de género, edad, clase social, entre otras dimensiones posibles– pueden llegar a ser relativamente amplios. Más allá de cierta regularidad en esos patrones de apropiación del colectivo runner, ello habilita que los distintos grupos de entrenamiento, denominados running teams (de ahora en adelante, RT), puedan desplegar sus propias configuraciones emocionales en contraste con otras agrupaciones de similar conformación. De ese modo, les dan sustento a sus identidades grupales, creando sus propios criterios de inclusión que se asientan no solo en denominaciones, símbolos, diseños y colores fácilmente observables, sino sobre todo en un ethos grupal que otorga un carácter distintivo dentro de un colectivo mayor.

Este artículo pretende mostrar los amplios márgenes de apropiación que el running ofrece para sus aficionados en tanto tecnología de autogobierno (Crossley, 2005). En otras palabras, se busca destacar conceptualmente las potenciales aristas diferenciales del fenómeno, en el marco de una relativa homegeneidad. La opción por correr como un estilo de vida está sostenida por un conjunto de preceptos éticos y estéticos generales pero que de ningún modo obtura la elaboración de proyectos personales y grupales distintivos. Por consiguiente, se presentan dos casos contrastantes de RT que despliegan prácticas y representaciones que responden a distintos patrones de apropiación. Los resultados volcados en este texto provienen de una etnografía multidimensional (Marcus, 1995) que abarca a una comunidad nacional (y en ocasiones trasnacional) de corredores cada vez más masiva que circula y se encuentra en los puntos más recónditos de la Argentina. Como parte de las labores etnográficas de mayor intensidad, se comparten entrenamientos, carreras y demás espacios de sociabilidad con integrantes de dos RT de la ciudad de Mar del Plata. Además, se lleva a cabo una etnografía digital que resulta imprescindible frente a la centralidad que tienen las redes sociales en la difusión de las actividades de los grupos de corredores, la organización de las carreras y la cristalización del imaginario runner.1

El running constituye un fenómeno que, a escala global, ha experimentado un crecimiento exponencial que no da signos de agotamiento. Las estadísticas, al menos en Occidente, señalan un incremento sostenido desde hace décadas de la cantidad de corredores que participan en las diversas modalidades de carreras, algunas de ellas de imponente masividad (Gil, 2019). En el caso argentino, y particularmente en la ciudad de Mar del Plata2 –donde se lleva a cabo la mayor parte del trabajo de campo–, se puede registrar una adhesión masiva al running. Sus costaneras y bulevares, plazas y demás paseos urbanos se pueblan todos los días, y durante cualquier horario, de corredores solitarios y grupales. En su gran mayoría no son atletas federados; algunos tal vez lo hacen como complemento aeróbico para la práctica de otros deportes, pero la mayor parte de ellos son runners, y un porcentaje significativo lo hacen acompañados por otros miembros de sus RT. Según María Hijós (2018), la aparición de estas agrupaciones en la Argentina se remonta a los años finales de la década de 1980, cuando la opción por correr trascendió a los clubes y agrupaciones federadas orientadas a la alta competencia. Quienes deseaban ejercitarse de forma periódica y eventualmente acompañar esta práctica con la incorporación de hábitos más “saludables” (como por ejemplo, la alimentación) comenzaron a encontrar en estos nuevos grupos un ámbito propicio y un espacio de sociabilidad atractivo.

Ruth Benedict en la costa marplatense

Sin pretender hacer una revisión integral de estos postulados teóricos de la Escuela de Cultura y Personalidad ni focalizar en sus limitaciones, se tomarán dos categorías analíticas que operan como punto de partida para describir y problematizar la opción por correr, tal cual se manifiesta en la Argentina. En Patterns of Culture, Ruth Benedict plantea un análisis de la diversidad cultural a partir de la clásica oposición apolíneo/dionisíaco.3 En aquel clásico de la antropología, la autora desarrolla esos opuestos polares a modo de tipos ideales para caracterizar el “temperamento” de las sociedades, la “personalidad” correspondiente a cada cultura que se les transmite a los individuos en el proceso de socialización. Mientras que lo apolíneo se define a partir del orden, la calma y el autocontrol de las emociones, lo dionisíaco se inclina a la extravagancia, lo salvaje, la expresión plena de lo emocional y la carencia de instancias de control de esas conductas extremas. Lejos de plantear una aplicación mecánica de estos conceptos, la oposición dionisíaco/apolíneo será retomada como un punto de partida para describir las características contrastantes de dos RT en la ciudad de Mar del Plata. Ello permitirá apreciar que el running admite cierta diversidad de ethos grupales que abren posibilidades de que los sujetos proyecten enrolamientos durables dentro del marco común de la pasión por correr y la adopción de un estilo de vida característico. Y es en los RT donde los actores se suelen convertir en corredores, no solo adoptando rutinas y compromisos de entrenamiento sino, fundamentalmente, incorporando un estilo de vida que envuelve densos preceptos éticos y estéticos (Giddens, 1991; Chaney, 1996).

Los RT, en tanto grupos de corredores, presentan algunas analogías con los gimnasios de boxeo tal cual los caracterizó Loïc Wacquant (2006). Más allá de sus notables diferencias (formas de reclutamiento, tipo de entrenamiento, perfiles socioculturales, entre otros), ambos pueden entenderse como una verdadera “escuela de moralidad en el sentido de Durkheim, es decir, una máquina de fabricar el espíritu de la disciplina, la vinculación al grupo, el respeto tanto por los demás como por uno mismo y la autonomía de la voluntad” (Wacquant, 2006), p. 30). Richard Shipway et al. (2013) consideran que estos grupos (“running clubs”) son fundamentales para la experiencia de correr, como un lugar clave de interacción social, práctica y aprendizaje de saberes, pero que además proporcionan experiencias gratificantes. Para los corredores, los grupos de entrenamiento constituyen núcleos de actividad y coordinación de las interrelaciones de sus miembros (Shipway et al., 2013). Como ha sido destacado para el caso brasileño, las assessorias esportivas presentan rasgos homólogos a los de los RT argentinos, principalmente su explosión en materia de participantes, visibilidad y vinculación con las lógicas del mercado. En Brasil, algunos estudios (Dos Santos Silva y Da Silva Sousa, 2013) y referencias periodísticas también destacan un mayor grado de profesionalización multidisciplinar que incluye la disponibilidad de especialistas de diversas áreas más allá de la educación física (nutrición, psicólogos, kinesiología, ortopedistas, etc.), sobre todo aquellos que están orientados a la competición más que a la recreación o el logro de metas personales, tales como adelgazar, mejorar la estética o reducir el estrés cotidiano.

En la ciudad de Mar del Plata no se conoce todavía ningún registro oficial,pero no menos de 50 de estas agrupaciones suelen ser representadas por sus corredores en las diversas competencias organizadas en la ciudad. Cualquier persona que, por diversos motivos, se decida a trotar por la costa de esta ciudad, se cruzará con grupos de corrredores que territorializan esos espacios, que comparten indumentaria y se desplazan en bloque, en ocasiones llevándose por delante a los caminantes relajados. La visibilidad de estos clubes de corredores es cada vez más notoria y ya es todo un lugar común que a cualquier corredor se le pregunte: “¿en dónde entrenás?”. Incluso los formularios de inscripción de las carreras suelen incluir un espacio para referir a la membresía de un RT, y los resultados oficiales luego reflejan esa información. De hecho, algunas competencias contemplan los resultados por equipo, que los triunfadores promocionan orgullosamente en las redes sociales.

En los RT, aficionados, atletas, líderes, acompañantes y familiares establecen densas redes de interacción entre ellos y con distinto grado de afectividad e instrumentalidad. Esos vínculos se fortalecen aún más si, como ocurrre con frecuencia, se programan viajes a distintas carreras que se disputan en el país y en el extranjero, práctica por demás habitual para muchos runners. Pero también las posibilidades de sociabilidad cotidiana se incrementan para los compañeros de los RT, en particular para quienes producen cambios más o menos significativos en su modo de vida. Los dominios culturales (hábitos alimenticios, eventos sociales y deportivos) tienden a confluir cada vez con mayor frecuencia, como también los temas de las conversaciones y otras afinidades que se pueden llegar a establecer. Ello genera, en los casos más extremos, barreras para la integración con los no iniciados e incluso con otros runners que no viven su compromiso con ese estilo de vida con la misma intensidad.

Correr y compartir

Los RT más numerosos y visibles en Mar del Plata ofrecen tres turnos de entrenamiento, al menos tres veces por semana y en diferentes puntos de la ciudad, en general en dos y hasta tres lugares característicos y diferenciados. Y además, cuentan con uno o dos (y hasta cuatro) entrenadores principales o líderes, que suelen ser profesores de educación física. La elección de un RT puede obedecer a múltiples y desconectados motivos, que refieren a la dimensión fundamental de cómo se activan las pasiones, es decir, al hecho desencadenante para iniciar un itinerario runner durable. Puede haber iniciadores, casos ejemplares cercanos o lejanos, pero también disparadores de diversa procedencia: un problema de salud y su consiguiente recomendación médica y/o psicológica, un descubrimiento fortuito (por ejemplo, un programa de televisión) o razones tan puntuales como la atracción física experimentada respecto de los corredores. En ese sentido, suele ser relevante la influencia de relaciones sociales como la amistad o incluso de conocimiento superficial de algún corredor lo que puede transformarse en el iniciador de una cadena de membresía a un RT. En ocasiones, puede existir una decisión más meditada y consultada, en la que entran en juego aspectos tales como el tipo de liderazgo que se ejerce en el RT. Ello puede estar asentado en la confianza que ejerce algún profesional reconocido del medio, por ejemplo, por ser un exitoso entrenador de alta competencia, lo que además puede estar acompañado por una notoriedad pública construida desde los medios de comunicación. A ello puede agregársele como atributo distintivo un pasado (y en algún caso presente) como atleta de elite. Estos rasgos de la personalidad pueden contribuir a un liderazgo carismático que crea vínculos de admiración y confianza absoluta en las directivas que emanan de esos entrenadores. Sin embargo, más allá de estas características de los liderazgos, fluyen saberes que circulan por otros caminos. Algunas de esas representaciones se cristalizan en estereotipos tales como los RT con sus aficionados más conchetos, como los más "agrandados", los más competitivos, donde entrenan las mujeres más atractivas, entre otras posibilidades.

Como se mencionó más arriba, todos los RT guardan sus rasgos estilísticos diferenciales, que refieren no solo a las formas de entrenar sino a aspectos estéticos (remeras identificatorias, cuerpos característicos, eventualmente una marca deportiva que los identifica) y éticos (lugar que se les da a los resultados, la apelación a determinados valores, como el compañerismo, el esfuerzo, el acceso a una vida saludable). Algunos de esos grupos promueven sus autodefiniciones desde las redes sociales, aunque no necesariamente coincidan con el clima efectivamente experimentado en la cotidianidad de cada RT. De esa presencia en las redes se desprende un conjunto de expresiones que se emiten y que configuran una forma de representación (Goffman, 2001). Sus íconos representativos (por ejemplo, algún atleta de elite que integra el RT), la información que circula, sus postulados explícitos sobre la vida en general y el running en particular, suelen conformar indicadores de ese modo de presentación detrás del telón de fondo que constituye el universo del running. La forma en que se exponen en las redes no solo constituye un indicador importante del modo en que se perciben a sí mismos, sino que además da cuenta de criterios clasificatorios relacionados con el éxito (las actuaciones que se resaltan), las diferentes performances (las carreras que se destacan) y hasta sus preceptos éticos como el compañerismo, la disciplina, la constancia o el esfuerzo. Así es que un RT puede poner el énfasis de sus mensajes en valores morales como el “compañerismo” y “la amistad” y muy poco en los resultados concretos de los aficionados. Aunque, por supuesto, cuando se produce algún rendimiento descollante se lo destaca, pero resaltando que fue posible por el apoyo de sus compañeros. Los mates y lo que acompañe (facturas, tortas fritas) después de las carreras constituyen otro motivo que resume la comunión grupal en torno a la pasión por correr. Otros grupos optan por resaltar los logros deportivos, tanto individuales como colectivos; publican sus tiempos y felicitan a sus corredores por los triunfos y por los rendimientos destacados. Estas características diferenciales de los RT pueden desafiar los límites de lo aceptable dentro del universo del running. Ello ocurre cuando, por ejemplo, la exposición en las redes sociales llega a niveles que se consideran extremos. Tal es el caso de los grupos de entrenamiento que organiza una multinacional deportiva en la ciudad de Buenos Aires. Sin contar con entrenadores prestigiosos del medio atlético y con un despliegue publicitario de relieve que incluye principalmente a las redes sociales, ha llevado hasta el extremo todas las prácticas caretas4 con las que los no iniciados suelen condenar al running. A tal punto que actores relevantes del medio han confesado que esa nodalidad les “hace ruido”. Incluso un notorio director de un RT lo definió más como una “sesión de fotos” antes que un proyecto integral de entrenamiento.5

Éxitos, disciplina y constancia

El RT apolíneo, compuesto por más de 150 aficionados, es tal vez el de mayor renombre en la ciudad de Mar del Plata, en parte por la notoriedad pública de uno de sus líderes, pero también por los resultados descollantes de sus atletas. Pero esa visibilidad es también alimentada por la presencia constante de destacados atletas, varios de ellos representantes olímpicos del país. Además, una porción significativa de sus integrantes aficionados consiguen resultados notorios (buenas marcas, podios en las competencias) que son permanentemente destacados en las redes sociales. Esos éxitos deportivos constituyen una de las marcas de un grupo en el que muchos de sus integrantes aficionados tienen disciplina de entrenamiento y rutinas de autocuidado propias de deportistas profesionales.

Este grupo de entrenamiento lleva poco más de 10 años dejando su impronta por las calles de Mar del Plata, principalmente en la costa, entre las zonas residenciales de Stella Maris y Playa Grande y La Perla. Sus líderes son dos reconocidos entrenadores de atletismo de alta competencia cuyos grupos entrenan en dos zonas diferentes de la costa marplatense. La etnografía se ha concentrado en los grupos liderados por Leonardo, quien además fue un destacado atleta durante la década de 1990. Según su propio testimonio, comenzó su emprendimiento con cuatro corredores en 2005, cuando el running era todavía un fenómeno incipiente, con carreras que, sobre todo en Buenos Aires, ya estaban alcanzando cierta masividad. Hoy, con más de un centenar de corredores en sus tres turnos de entrenamiento (mañana, mediodía y tarde), es uno de los RT, como ya se mencionó, de mayor visibilidad e impacto mediático de la ciudad y de renombre nacional. En la actualidad, prácticamente no quedan sobrevivientes de aquel 2005 ya que, según las palabras de su líder, “hubo un desfilar de gente muy grande”, lo que adjudica a la inconstancia, a que (los argentinos) “somos así”. A partir de su propia experiencia, asegura que “los corredores van variando, muchos rotan, otros dejan y después retoman, pero no son demasiados los aficionados que se mantienen en el tiempo” (entrevista a Leonardo, enero de 2018). Esa “inconstancia” está vinculada con lo que implica la adopción de un estilo de vida runner, y mucho más cuando se lo hace a partir de la incorporación a un RT. Ello conlleva una marcada estilización de la experiencia atlética, puntualmente los entrenamientos y las carreras, dos poderosas fuentes de energía emocional (Collins, 2004; Gil, 2019).

Este RT tiene la particularidad de ofrecer como una situación habitual que sus aficionados compartan entrenamientos con atletas famosos, algunos de ellos participantes en los Juegos Olímpicos y hasta finalistas y medallistas en Juegos Panamericanos y Juegos ODESUR. Como entrenador de alta competencia, Leo considera que la explosión del running configura un “combo perfecto” en combinación con el atletismo competitivo. La gran cantidad de inscriptos en las carreras y el entorno que genera el fenómeno del running sostiene parte de los recursos que en estos casos obtienen los atletas profesionales y semiprofesionales. Aunque no está demasiado difundido, ya algunos atletas (precisamente uno de "los olímpicos" de este grupo) realizan esporádicamente “presencias”, sin la necesidad de correr, en competencias auspiciadas por empresas. Montados en la explosión del fenómeno, diversas empresas, sindicatos, ONG e instituciones educativas organizan eventos atléticos con premios en efectivo e indumentaria cada vez con mayor frecuencia. Como explica Leo, la masividad del running también termina ayudando al atletismo o, al menos así, lo aprovecha para sus atletas de alta competencia. Puntualmente detalla cómo “hay una identificación de los aficionados con los éxitos de los atletas que a veces entrenan con ellos”, como ocurre diariamente con los maratonistas de ese equipo. “No sabés cómo se inflan el pecho cada vez que uno de ellos consigue un logro importante”, destaca el mismo entrenador (Leonardo, enero de 2018). Pero además de ello, a partir de los aficionados, dado que muchos de ellos gozan de un elevado capital social, se pueden montar redes de colaboración que redundan en la obtención de sponsors para atletas promisorios, cobertura médica cuando no poseen obra social o apoyos oficiales concretos para distintos emprendimientos. En definitiva, se trata de universos contiguos que tienen una elevada capacidad de retroalimentarse.

Otra de las características salientes de este RT es su repercursión massmediática, particularmente por los éxitos de esos atletas de alta competencia. Además de recibir la correspondiente cobertura de los medios locales y nacionales, el RT se expande más allá de sus horarios y lugares habituales de entrenamiento, para transformarse en una marca en relación metonímica con el running marplatense pero con proyección nacional. En el marco de esas frecuentes apariciones en los medios, Leonardo es descripto a partir de su rol como entrenador de atletas de elite, pero también como emprendedor exitoso en el mundo del running. Fuente habitual de consulta por los medios (incluso de los grandes diarios nacionales) frente a diversos temas atléticos y de running, también suele ser presentado a partir de un relato ejemplar de coherencia, constancia y hasta una irrenunciable obsesión virtuosa por la disciplina que él mismo se encarga de difundir. Los ”controles sorpresa” de los hábitos de alimentación de sus atletas de elite o la exigencia que plantea a los más jóvenes para que puedan destacarse lo suelen colocar como un profesional metódico y riguroso que además trasmite esos preceptos a los aficionados de su RT. Por ejemplo, una nota destacaba en el título el “perfil del entrenador que supo unir el atletismo con el running” (La Nación, 11 de agosto de 2016), que condensa gran parte de lo descripto anteriormente. Ese extenso artículo navega pendularmente entre anécdotas de una niñez pobre y sacrificada pero alegre con su desempeño actual de entrenador y emprendedor en el running. Por un lado se presentan esas privaciones materiales y otros desafíos en su vida (como la lesión que le cortó su carrera como atleta de elite a los 25 años y su posterior condición de desempleado) en conexión mecánica con sus éxitos, disciplina y obsesiones virtuosas como deportista y como emprendedor. Más allá de la “ilusión biográfica” (Bourdieu, 2011) que el propio Leonardo y los medios construyen, esa disciplina y pasión por correr está presente en el “espíritu” apolíneo del RT.

Este ethos apolíneo es encarnado de manera evidente por los grupos de aficionados que entrenan a mayor ritmo, habitualmente en el turno matutino. Un subgrupo de alrededor de diez corredores que entrena a la par del mejor maratonista argentino de los últimos años que integra el club resume gran parte de esa ortodoxia apolínea del running. Esos jóvenes llevan adelante exigentes y sistemáticas rutinas de entrenamiento diario, detalladamente planificadas por el entrenador y que suelen apuntar a algunas carreras específicas en el año en las que buscan marcas puntuales. Todos ellos siguen además dietas específicas y han modificado paulatinamente sus hábitos diarios, en especial en materia culinaria. En efecto, la alimentación “saludable” y “natural”, propia de la “cultura fit” (Hijós, 2017), rechaza la ingestión de grasa animal, embutidos, harinas blancas, hidratos de carbono y comidas con conservantes. Esta opción puede implicar el abandono del consumo de carne o de cualquier alimento de origen animal (como los huevos o los lácteos).6 Como han mostrado Richard Shipway e Immy Holloway (2016), los corredores de larga distancia “no solo adaptan el peso corporal y la figura a las normas culturales de la comunidad en general, sino también a las de su propia subcultura” (Shipway y Holloway, 2016, p. 90), porque además “necesitan hacer del cuerpo el instrumento a través del cual logran éxito” (Shipway y Holloway 2016, p. 90). Estos corredores alcanzan niveles descollantes para los corredores aficionados, pero se encuentran lejos de los atletas de alta competencia. Eso les permite destacarse con nitidez frente a los demás aficionados en un RT cuyos representantes suelen liderar muchas de las diversas competencias atléticas del país. A tal punto, que el RT se impone con frecuencia en los rankings por equipos que se elaboran en algunos eventos. Por ejemplo, en una de las carreras más importantes de calle de todo el continente, el medio maratón de Buenos Aires, este grupo obtuvo la "Copa Running Teams" en las categorías masculina y femenina en la edición de agosto de 2018. Por supuesto, la noticia fue publicada en las redes sociales, y destacaba que los lugares siguientes habían sido ocupados por dos conocidos RT de la ciudad de Buenos Aires.

Como se mencionaba anteriormente, esos éxitos son necesarios para la identidad del RT, además de que reciben un gran número de felicitaciones de propios y ajenos, pero sobre todo de sus integrantes, con intervenciones en las redes sociales tales como: “qué orgullo ser parte de este equipo”. Incluso algunos corredores que pretenden mejorar su rendimiento deciden pasarse a este grupo, decididos a encontrar una mayor exigencia y especificidad en sus entrenamientos, además de pares con objetivos similares. Por ejemplo, Pablo abandonó otro grupo tradicional de la ciudad porque, al menos en su turno de entrenamiento, no tenía compañeros para exigirse, ya que “la gente que va a ese horario lo ve más como una reunión social”. En adición a los entrenamientos de rutina, que suelen concretarse tres veces por semana, los corredores reciben un plan especial para llegar en las mejores condiciones a cada carrera en la que deseen participar. Esos planes personalizados pueden implicar, por ejemplo, un mayor énfasis en la subida de lomas empinadas, trayectos sobre arena y demás entrenamientos que permitan enfrentar los desafíos con las cargas y el tipo de exigencia necesaria.

Uno de mis informantes centrales, Ariel, es un ejemplo concreto de esta clase de aficionado apolíneo. Con apenas 26 años (la media de edad de los corredores es sensiblemente superior) y unos seis como runner, ha vivido un proceso de transformación en su modo de vida. Con evidente facilidad para correr, a su contracción al entrenamiento continuo y exigente le sumó una disciplina propia de un deportista de elite. Sus dietas, el volumen de entrenamiento y la carencia de excesos (por ejemplo, en salidas nocturnas o consumo de alcohol) le han permitido un mejoramiento constante en cuanto a marcas que siempre le permiten figurar en posiciones de podio o cercanas a podio en muchas carreras. Por supuesto, aunque lejos de las marcas de los atletas profesionales, para cualquier corredor ocasional, Ariel “vuela” sobre el asfalto. Ha corrido maratones en el exterior (Valencia, Santiago de Chile), así como también algunas carreras “de aventura” (trail running) en el interior del país (Villa la Angostura, San Martín de los Andes).

Hacer podio forma parte de los horizontes de expectativa de no pocos corredores aficionados. Las carreras suelen establecer un sistema de premiaciones basado en categorías por género y edad, en ocasiones con cortes cada cinco años, que se extienden mientras haya un número de corredores inscriptos por cada cohorte eventual. Ello permite que, aun estando lejos de los primeros puestos de la clasificación general en una carrera ganada por atletas de elite, es posible acceder a un podio, habitualmente de tres integrantes. Por ejemplo, aquellos corredores que mantienen su constancia en el tiempo y van atravesando categorías (sobre todo luego de los 50 años) pueden empezar a saborear podios a medida que avanzan las categorías si es que mantienen o incluso mejoran el rendimiento. La disminución en la cantidad de competidores en esas categorías, como también la caída en los ritmos de carrera por cuestiones lógicas de la edad favorecen notoriamente a los más constantes, que pueden lograr alguna posición destacada con el correr de los años. Otra posibilidad concreta de lograr podios consiste en la estrategia de las parejas o postas mixtas. Algunas competencias admiten una clasificación por equipos, tanto bajo el sistema de postas como en carrera en equipo, habitualmente en parejas. Facebook e Instagram son elocuentes acerca de la importancia que desde el RT se les da a los resultados. Esos posteos suelen iniciar hilos de felicitaciones en los que se plasma la admiración grupal hacia aquellos que logran esas marcas destacables, o al menos se resalta “el tremendo esfuerzo” realizado. Para los corredores del grupo, es todo un motivo de orgullo que sus resultados en alguna competencia sean destacados en las redes, y mucho más cuando es publicada en la biografía oficial del RT una foto de ellos en situación de carrera junto con la descripción de su rendimiento. Si bien en ocasiones todos los atletas son promocionados en alguna oportunidad sin poner énfasis en el resultado, aquellos que consiguen algún logro puntual (un podio), bajan alguna marca simbólica (como las tres horas en los maratones) o sencillamente obtienen un logro personal (terminar un medio maratón en un primer intento para un recién llegado) suelen ocupar una consideración especial. Pero por supuesto, el reconocimiento explícito y público del líder es toda una señal relevante para los miembros del RT.

Correr y disfrutar

El grupo dionisíaco está compuesto por alrededor de 40 corredores que se juntan dos veces por semana para entrenar. Identificados con el nombre de una revista local de running, son un grupo de reciente conformación pero muy visibles en las cadenas de interacción ritual del colectivo runner en Mar del Plata, básicamente las carreras. En efecto, se trata de aficionados que suelen inscribirse en gran parte de las competencias atléticas de Mar del Plata y la zona, y que las experimentan como una participacion colectiva que coloca un escaso énfasis en los resultados y tiempos obtenidos. Ese marcado espíritu de comunidad grupal se traslada a otros ámbitos de sociabilidad ya que, además, muchos de ellos se reúnen para entrenar por fuera de los entrenamientos fijos y también mantienen encuentros frecuentes en diversos eventos sociales, como cumpleaños o celebraciones especiales. Se registran además relaciones de mayor informalidad, jocosidad y, sobre todo, fuertes vínculos de amistad entre la mayoría de los miembros. Ese panorama contrasta con el club apolíneo, en el que se advierten relaciones mucho más impersonales, de pequeños grupos y círculos en los que en ocasiones hasta se desconocen los nombres de los demás corredores.

Este club dionisíaco es liderado por una extriatleta que además es la editora de la revista de running, que en la actualidad se publica en versión digital. Este grupo surgió a partir de que su directora se decidiera a crear un espacio con una atmósfera particular, que también se posiciona en una pasión desenfrenada por correr (y, por consiguiente, entrenar), pero sobre todo en crear un clima de amistad generalizada, que desde afuera podría entenderse como “terapéutico” y nada competitivo. El entrenador principal es Marcelo, quien además de profesor de educación física es un destacado atleta de alta competencia, tanto de pista (fondo y medio fondo) como de carreras urbanas y de cross (campo traviesa). Ha obtenido títulos provinciales en medio fondo y figura habitualmente en los primeros lugares de los campeonatos argentinos de mayores, además de obtener con frecuencia victorias y posiciones destacadas en carreras urbanas de 10, 15 y 21 kilómetros en Mar del Plata y su zona de influencia. El running es una fuente de ingreso sustancial para poder seguir compitiendo en el alto nivel, tanto por la mencionada condición de entrenador, como por los premios en efectivo que obtiene en las carreras urbanas.

El mito de fundación de este RT está anclado en la historia personal de Cachito, su “acto fortuito de iniciación” (Benzecry 2012, p. 78) y la acción de una iniciadora (Patricia) que catalizó las búsquedas existenciales de un sujeto que afrontaba una mudanza familiar y añoraba una actividad integradora y ejemplar que fuera compatible con su proyecto de vida. A poco de afincarse en Mar del Plata, contactó a la directora de la revista para consultarla por un grupo de entrenamiento. La recomendación no fue exitosa, porque Cachito no encontró en ese grupo lo que buscaba, ya que todo le resultó muy impersonal. De algún modo, encontró en ese RT un resumen de algunas de aquellas actitudes que desde el sentido común suelen adjudicárseles a los runners: imposturas, superficialidad y competitividad. Esa experiencia frustrante generó el estímulo preciso para que Patricia se decidiera, en 2015, a organizar su propio grupo de entrenamiento. Aunque nunca lo formuló en esos términos, se enfrentó a un vacío, a un nicho aparentemente inexplorado en el colectivo running. Y su decisión consistitó en hacer algo “diferente”, que priorizara “lo humano”, las necesidades de cada persona en la experiencia virtuosa de correr. Bajo esas consignas generales, tras un viaje a San Martín de los Andes organizado desde la revista, la idea del RT cobró forma durante el mes siguiente, y dos años después se pudo registrar en el terreno que el grupo se encontraba estabilizado y en pleno crecimiento.

Ese rechazo generalizado hacia las dimensiones que podrían considerarse frívolas y competitivas del running forma parte de una autopercepción grupal en el RT que se encuentra bastante extendida en muchos de sus aficionados. Tal vez atrapados en el estereotipo del runner de clase media alta de otros grupos (como el caso del RT apolíneo) caracterizados por (o imaginados a partir de) las grandes y ostentosas camionetas estacionadas en las zonas de entrenamiento, la variable de clase adquiere una posición preponderante en la autoadscripción grupal. Algo similar ocurre con la importancia otorgada al rendimiento y las estrategias de presentación personal (demasiado cuidadas y lookeadas) que muchos de estos aficionados les asignan a esos mismos corredores. Hasta se podría decir que existe una sobreactuación en contra de la competencia, rasgo negativo que advierten en otros RT, a los que cuestionan estar demasiado pendientes del rendimiento de los demás y de los tiempos en que corren. Además, destacarse por encima del resto no implica ningún estatus particular en el grupo, más allá de las felicitaciones generales por algún rendimiento en particular. Los relatos, los comentarios, los sueños y aspiraciones no giran en torno a resultados, sino a experiencias vitales, muestras de compañerismo y desafíos personales de terminar las carreras. Patricia está muy pendiente de esas historias singulares, de los significados de terminar una competencia (aunque sea modesta) para cada corredor. Existe una identificación emocional bastante extendida que lleva a que esos logros (sin marcas de por medio) sean verdaderos objetivos colectivos y no predominantemente éxitos personales. La bandera grupal en la llegada de los corredores en todas las competencias, acompañada por sus compañeros y sus amigos y familiares, configuran una postal que, si bien tampoco es novedosa, tal vez sea mucho más evidente y, sobre todo, más ruidosa que en otros grupos.

Los hábitos dominantes de estos aficionados son cercanos con los del propio etnógrafo, un nativo marginal que no entrena en ningún RT. Con Cachito y Guille se han compartido carreras casi completas que, junto con otros episodios de campo sumamente fructíferos, siguen siendo recuerdos presentes para todos, revividos cada vez que se presentan situaciones similares. Como expresó Guille en su biografía de Facebook, luego de subir una foto en la que aparecíamos él, Cachito y yo corriendo juntos y flexionando los bíceps en actitud sumamente relajada durante una carrera de 15 kilómetros en la zona de Laguna de los Padres: “Nunca nos olvidemos, que lo hacemos por placer y pensar que algunos no nos entienden jaja!!” (Comunicación personal, 7 de agosto de 2018). Difícil será encontrar entre los integrantes de este RT menciones específicas a los tiempos, posiciones y eventuales podios de sus integrantes. Apenas puede haber referencias a la cantidad de kilómetros recorridos durante un fondo de fin de semana, pero no se podrá advertir el rendimiento de sus integrantes por sus referencias en las redes sociales. Por el contrario, son moneda corriente en la sociabilidad grupal los festejos, las reuniones y demás celebraciones. Esos eventos sociales siempre son descriptos y experimentados en tono festivo, como ceremonias de consumo, en los que el alcohol y la carne roja (que muchos otros runners dejan de consumir para mejorar su salud y el rendimiento) se viven con normalidad. Durante el viaje de regreso de Yaboty (provincia de Misiones) en un colectivo especialmente contratado, veníamos saboreando por adelantado las milanesas napolitanas con papas fritas y cerveza bien helada que disfrutaríamos al mediodía siguiente de la carrera en la parada programada en las termas de Federación, en la provincia de Entre Ríos. La noche anterior, para celebrar el cierre de la expedición a la selva misionera e imponente reserva natural, ya habíamos compartido un generoso asado, que experimentamos como todo un ritual de comensalidad (Archetti, 1999; Gil, 2004). Precisamente, el consumo en abundancia de carne (especialmente la vacuna), en un asado, en milanesa, o en cualquier otra variante, es uno de los rasgos característicos de la dieta argentina, que “remite a un ritual, a una ceremonia y a una celebración del exceso” (Archetti, 1999, p. 230). Esta autocelebración del consumo opulento es por demás habitual entre los corredores de larga distancia en el contexto británico, donde comer y beber con amigos y familiares (por supuesto, no en los momentos previos a la carrera), ocasionalmente en exceso, se vive como una “recompensa” (Shipway y Holloway, 2016, p. 88) por los esfuerzos realizados. En efecto, se ha marcado el contraste paradojal entre la ideología de la salud y el papel relevante que juega el consumo de alcohol después de las carreras entre esos corredores en su tiempo libre (Shipway y Jones, 2007).

Resulta habitual que miembros del grupo que no participan en las carreras acompañen al resto (en algunos casos, a sus parejas) y hasta se encarguen de los aspectos logísticos. En ese viaje a Yaboty, Marcelo, suboficial del Ejército, fue un eslabón fundamental para todo el resto del grupo, ya que se encargó de la comida, de los desayunos en el día de la carrera (algunos debieron partir ya desde las 4 a.m.) y sobre todo, de ese asado de cierre de la expedición a la selva misionera. En efecto, este “viaje de egresados”, como suelen definirlo muchos de los corredores, fue programado por Patricia como un viaje de amigos, en el que se condensaba un conjunto de historias personales mucho más relevantes que las metas deportivas. La energía emocional que sostiene estos proyectos y la durabilidad del RT están alimentadas por las relaciones de amistad, el modo particular y “diferente” de experimentar la pasión por correr, los desafíos personales e incluso la instauración de una tradición viajera, que en aquella oportunidad se canalizó en la excursión por tercer año consecutivo a Yaboty. Cachito llegó en una oportunidad, en las redes sociales, a resumir la opción virtuosa por correr, consistente en: “compartir con amigos y disfrutar está carrera es una fiesta que no tiene precio” (Comunicación personal, 20 de noviembre de 2017). Esa frase ilustraba una foto de la organización de la competencia en la que aparecía subiendo una loma característica de Mar del Plata con Guille, su compañero más cercano de entrenamiento y carreras, en actitud risueña y relajada, cerca de completar los 21 kilómetros de un medio maratón. El mismo corredor, luego de otra competencia, se animó incluso a teorizar en Facebook sobre las “Propiedades del running”. Así, Cachito elaboró la siguiente lista, en la que combina beneficios concretos, actos virtuosos, emociones y firmes proclamas morales: “Principalmente conocer muchos amigos”, “Ir a un grupo de entrenamiento”, “Calidad de vida”, “Anotarme en muchas carreras”, “Conocer lugares y muchos”, “Proponerte distancias más largas que jamás imaginaste”, “Participación de la familia en tus llegadas”, “Dar un ejemplo para tus hijos”, “No hace falta hacer dieta”, “Reunión con tus amigos del grupo a comer asado , pizza, cerveza, etc.”, terminando con “correr en 44 minutos una carrera de 10k”. Finalmente enunciaba con complicidad: “Que más querés para empezar” (Comunicación personal, 20 de noviembre de 2017) .

Conclusión

La elección de correr con regularidad y sistematicidad abarca aspectos mucho más relevantes que volcarse a una práctica deportiva. El running, como fenómeno que interpela a esta clase de deportistas amateurs de las más diversas edades, puede definirse como un estilo de vida que envuelve un amplio y denso conjunto de aristas éticas y estéticas (Gil, 2018). De algún modo, en homología con los “fanáticos de la ópera”, puede afirmarse que se produce una “idealización del objeto de apego” (Benzecry, 2012, p. 29), que trae aparejado un conjunto amplio de obligaciones, prescripciones y concesiones, en el marco de “una búsqueda activa de validación de la propia identidad y un horizonte anticipado pero maleable para el futuro” (Benzecry, 2012, p. 29). Los runners suelen acompañar sus experiencias atléticas con marcadas estilizaciones pero, sobre todo, de una sobrecarga emocional que conforma un universo moral y discursivo de complejidad. Así, encarnan una ética del esfuerzo sustentada en preceptos éticos (voluntad, autosuperación, constancia) y estéticos (liviandad, belleza, armonía) que garantizarían una amplia variedad de beneficios para una vida mejor y más bella. En efecto, es usual que cualquier grupo se diferencie de otros invocando diferencias de orden moral, adjudicándose virtudes de las que carecen los demás (Sayer, 2005). Socializados en gran medida en los RT, los corredores van corporizando allí esa ética del esfuerzo que admite distintos grados de involucramiento. La cantidad y la intensidad de los entrenamientos, la incorporación de nuevos hábitos (“más sanos”) alimenticios, la participación en pocas, muchas o ninguna carrera, son todas dimensiones variables y sujetas a apropiaciones personales o grupales, en este último caso cuando un RT adopta un estilo particular.

El running, tal cual es practicado en la Argentina, puede ser considerado no solo como un estilo de vida sino como un caso de ocio serio, definido como la elección de un conjunto de actividades que son “de naturaleza suficientemente sustancial e interesante para que el participante encuentre allí una carrera, adquiriendo y expresando una combinación de sus habilidades especiales, conocimiento y experiencia” (Stebbins, 1992, p. 3). Tanto en sus variantes apolínea como dionisíaca, el running conlleva un firme compromiso con la planificación de las carreras con el objetivo de conseguir progresos significativos y, eventualmente, logros concretos. Ello configura, en este estilo de vida, itinerarios runner que testimonian una transformación personal “positiva” y de autorrealización y un fuerte sentido de pertenencia con la actividad y con los compañeros de afición, entre las más destacables dimensiones que se corresponden con el ocio serio (Stebbins, 1992). Esta opción virtuosa por correr, junto con la decisión de ser parte de un grupo de entrenamiento, apuntala una identidad como corredor que, como han mostrado Jacquelyn Allen-Collinson y John Hockey (2007), se mantiene incluso en períodos de lesiones. Se trata de momentos críticos en un itinerario runner que tienden a consumir la energía emocional acumulada, en los que la ansiedad por restaurar ese yo del momento previo de la lesión hace cambiar la noción de “correr bien” por simplemente “volver a correr” (Allen-Collinson y Hockey, 2007). Y para quienes sobrellevan estas lesiones, los grupos de entrenamiento son instancias fundamentales de contención y de mantenimiento de esa identidad en riesgo de ser reevaluada y, en el peor de los casos, descartada ante eventuales imposibilidades físicas.

Pero, como se ha intentado mostrar a partir de estos dos casos de relativo contraste, el running permite un amplio potencial de inserción para los corredores. En efecto, este estilo de vida admite ambiciosos y sacrificados proyectos deportivos, pero también otros mucho más modestos con capacidad de generar un volumen considerable de energía emocional entre sus adherentes. Y como potencial tecnología de autogobierno (Crossley, 2005), el running se configura entonces como estilo de vida que ofrece a los aficionados un amplio menú de opciones. En otras palabras, todos los runners están en condiciones de desarrollar proyectos factibles de inclusión en este estilo de vida, de competir exitosamente (incluso contra sí mismos) y sentir que progresan y mejoran sus vidas. Todas esas posibilidades no se encuentran abiertas en cualquier RT, pero el corredor novato siempre hallará un grupo de entrenamiento que sea compatible con su proyecto personal, no solo verosímil sino también realizable. Ello porque se puede vivir el compromiso runner con la disciplina de un atleta profesional, pero también como autosuperación física y personal, o como un modo de conocer gente y construir lazos grupales. Así es que también la experiencia de ser un corredor se puede experimentar como una estrategia terapéutica (desde perder peso o en reemplazo de sesiones con el psicólogo), como una excusa para viajar a bellos lugares para participar en carreras en paisajes soñados, o hasta como una “adicción positiva”. Incluso cabe la posibilidad de sumarse a esta práctica sin dejar de consumir alcohol y tener una vida “desordenada”, aunque ese perfil sea poco frecuente. En efecto, algunos corredores pueden sostener su propia apología del running en la ampliación de un margen para comer asados y beber cerveza mientras que otros, como ocurre con los más comprometidos, abandonan el consumo de carne roja y productos con gluten. Por supuesto, se puede ser un runner y no participar en carreras, correrlas todas o seleccionar algunas pocas para buscar marcas personales que den cuenta de los progresos atléticos. En definitiva, el running constituye un colectivo cada vez más numeroso, cuyos aficionados se entregan a un estilo de vida que promete un bienestar durable, y que además constituye un eje fundamental para la conformación de identidades personales y grupales.

Sobre el autor

Doctor en Antropología Social por la Universidad Nacional de Misiones, Argentina. Investigador Independiente del CONICET. Profesor titular regular de Antropología, Facultad de Ciencias de la Salud, Universidad Nacional de Mar del Plata. Director del grupo de investigación Estudios Antropológicos, en la misma unidad académica.

Notas

  1. Aunque el foco de indagación está ubicado en el colectivo runner en la ciudad de Mar del Plata, se expande a otros espacios geográficos, a partir de las carreras que se celebran en distintos lugares del país y de las relaciones establecidas en esas oportunidades con corredores de diferentes procedencias, con quienes luego se mantienen contactos virtuales constantes hasta que se producen los reencuentros en otras competencias.

  2. Mar del Plata, además de ser el principal destino turístico de verano en la Argentina, mantiene una población estable de más de 600 mil habitantes, según datos del censo de 2010.

  3. Alejandro Rodríguez (2016) ha utilizado estas categorías, apoyado en las investigaciones de César Sabino (2000), para abordar la problemática del consumo de drogas. Mientras que los consumos "dionisíacos" referirían a sustancias como el éxtasis y la cocaína, los consumos "apolíneos" representarían los anabólicos que emplean los fierreros en sus planes (de entrenamiento).

  4. Categoría nativa aplicada en la Argentina a aquellas imposturas orientadas a fingir comportamientos y adhesión a valores legitimados socialmente. Es empleada en la actualidad por amplios sectores sociales para señalar cómo se expresa la hipocresía (por ejemplo, en asuntos de moralidad), pero en su acepción más extrema remite a la defensa de una ética del exceso y la rebeldía frente a una ética de la represión.

  5. Estos grupos han sido descriptos por Hijós (2016).

  6. Como describe Hijós (2017), existen diversas taxonomías nativas referidas a la alimentación vegetariana, tales como “vegetarianismo estricto”, “lactovegetarianismo”, “semivegetarianismo”, entre otras. En la difusión de estas prácticas y representaciones cumplen un papel fundamental los “fitfluencers”, quienes se encargan de marcar, en este caso a través de los medios digitales, el camino hacia una “vida sana”, sostenida en el ejercicio y la alimentación, en tanto “fenómeno global en expansión que atrae a miles de seguidores, y transforma a sus protagonistas en celebridades y objetos de culto” (Hijós, 2017, p. 7).

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Otras fuentes consultadas

Diario La Nación, “Leonardo Malgor, perfil del entrenador que supo unir el atletismo con el running”, 11 de agosto de 2016. Nota firmada por Sebastián Dippolito.