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EDITORIAL

 

Abrir la Bibliotecología/Ciencia de la Información a las Humanidades y las Ciencias Sociales. Punto de encuentro en los 120 años de Filo [Filo:120]

Opening the Library and Information Science to Humanities and Social Sciences. Meeting point at the 120 years of FILO [Filo: 120]

 

Alejandro E. Parada

Secretario de redacción
Información, cultura y sociedad

 


Resumen

En este Editorial, con motivo de cumplirse los 120 años de creación de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires [Filo: 120], se analizan los aportes de la Bibliotecología/Ciencia de la Información (B/CI) al campo disciplinar de las Ciencias Humanas. La B/CI, precisamente por su rica dualidad entre las Humanidades y las Ciencias Sociales, se configura como un área en “estado de apertura” a dichos campos. Entre los diversos puntos de confluencia o articulaciones culturales que puede brindar esta disciplina, se mencionan los siguientes: la amplitud de su concepto de “territorialidad compartida”, su capacidad para fomentar “la marginalidad creadora”, su intencionalidad manifiesta por lo multidisciplinar, su práctica profesional de índole bibliográfica y normativa, su coherencia discursiva para evitar la fragmentación y la parcelación de los objetos de estudio, su estrecho vínculo con los saberes académicos y populares, entre otros muchos. El Editorial finaliza con una reflexión sobre la capacidad de la B/CI para enlazar, tanto transversal como diagonalmente, al conjunto de las Humanidades y Ciencias Sociales.

Palabras Clave: Bibliotecología y Ciencia de la Información; Humanidades; Ciencias Sociales; Aspectos teóricos

Abstract

In this Editorial, on the occasion of the 120th anniversary of creation of the Facultad de Filosofía y Letras at the Universidad de Buenos Aires [Filo: 120], the contributions of Library and Information Science (LIS) are analyzed to disciplinary field of Human Sciences. The LIS, precisely because of its rich duality between the Humanities and Social Sciences, is set as an area in a “state of openness” to these fields. Among the various points of confluence or cultural articulations that this discipline can provide, the following are mentioned: the breadth of its concept of “shared territoriality”; its ability to foster “creative marginality”;  its intentionality manifested by the multidisciplinary practice; its professional practice of bibliographic and regulatory nature; its discursive coherence to avoid fragmentation and fragmentation of the objects of study; its close link with the academic and popular knowledge; among many others. The Editorial ends with a reflection on the ability of the LIS to link both transversely and diagonally, the whole of the Humanities and Social Sciences.

Keywords: Library and Information Science; Humanities; Social Sciences; Theoretical aspects


 

El año 2016 se encuentra imbuido por distintas y fértiles conmemoraciones. Hechos históricos y culturales, además, cargados de realidades y de simbologías polivalentes. Un hito mayor es, indudablemente, el festejo del Bicentenario de la Declaración de la Independencia, donde el debate de su interpretación historiográfica, en procesos de larga duración, y su proyección en la actual coyuntura política y social, poseen una extraordinaria vigencia con interpretaciones diversas y en constante controversia desde el siglo XIX. El otro eje de interés, para nosotros, egresados, docentes, investigadores y trabajadores de esta casa de estudios, lo constituye la celebración de los 120 años de la creación de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires [Filo: 120].
En efecto, en los primeros meses de 1896 se creaba dicha Facultad que daría cabida, en su centenaria historia, a las principales disciplinas de las Humanidades y las Ciencias Sociales. No es nuestra intención, en este caso, detenernos en las diferentes idas y venidas, dentro o fuera de esta Facultad, de muchas de las carreras que formaron y forman parte de las denominadas también Ciencias Humanas, ya sea por razones de índole curricular1 o por razones políticas (como el caso de la fragmentación disciplinar producida por el Golpe de Estado cívico-militar de 1976). Aquello que hoy nos interesa especialmente, en el presente texto, es analizar, aunque sea en forma sumaria, los puntos de confluencia y los temas transversales que unen, en una trama de sutil complejidad a la Bibliotecología/Ciencia de la Información [B/CI] con las Humanidades y las Ciencias Sociales.
Demás está decir que, inequívocamente, el título y el espíritu del Editorial resulta también un reconocimiento –punto de encuentro y de partida– al significativo e indispensable texto coordinado por Immanuel Wallerstein sobre el papel moderno de las Ciencias Sociales2. ¿Cuáles son, pues, las articulaciones de estas ciencias que se encuentran ensambladas con la Bibliotecología/Ciencia de la Información? Pues la B/CI participa, desde sus inicios profesionales, de esa rica e inefable encrucijada convergente entre las carreras humanísticas y las sociales.
En primer término, el concepto de “territorialidad” dentro del posmodernismo sociológico de la globalización. Esta conceptuación planteada por Saskia Sassen es una de las dimensiones que, con mayor vigor, está reconfigurando a la totalidad de las Ciencias Humanas3. El territorio actual de la B/CI ya no es una geografía cuyo perímetro posea límites precisos e inconfundibles. Durante buena parte de su historia, la estructura lingüística que le daba identidad solo se expresaba por medio del lenguaje controlado; un lugar donde las modalidades filológicas vernáculas, por necesidad normativa, debían ser expulsadas o reducidas al máximo. Hoy día, la mayoría de los programas y buscadores virtuales bibliotecarios se apoyan en el lenguaje natural, en una especie de mixtura abierta entre las expresiones artificiales y las de la lengua hablada. Esta especificidad se presenta en la mayoría de las Ciencias Sociales, donde “las formas de la expresión” conllevan, en manera explícita, las características de las culturas híbridas4.
El universo académico, en cierto sentido lato, solo puede comprender y atenerse al mundo real, si establece una dialéctica entre sus formas universitarias y sus vínculos con los saberes populares. En este contexto, los territorios disciplinares se amplifican hacia formas menos endogámicas y de mayor construcción democrática en las instrumentaciones de definición terminológica. Se presentan, entonces, en todas las áreas de las Ciencias Humanas, “zonas y lugares” antes insospechados o impensados, en los cuales los horizontes del academismo deben ahora representarse en el epicentro de “novedosas territorialidades compartidas” y fomentar, de este modo, otras texturas que se trasladen más allá del margen condicional de sus límites.
La territorialidad del pensamiento abierto y crítico, como discurso común a todas las Humanidades y las Ciencias Sociales, crea el hábito indispensable de lo inter, trans y multidisciplinar. La B/CI es una disciplina que, en forma preponderante, se realiza socialmente colaborando con otros campos de estudios. Pero no hablamos de una inocente e inicua condición pluridisciplinar. Nos referimos a moldear “otros y plurales sitios” de encuentro entre las áreas de esta Facultad. Donde existan aquellos puntos de intercambio vincular signados por lo inesperado y lo misterioso que caracterizan a los fundamentos de todo campo; es decir, pautados por un conocimiento cuyo episteme sea a la vez un idioma común pero disímil en el abordaje a los objetos de estudio. Esta estratigrafía de múltiples estamentos entrecruzados, cuyos espacios están en un itinerario de expansión colectiva hacia todos los estudios humanísticos, son los ámbitos en los cuales operan las nuevas Ciencias Sociales y sus facetas denominadas como “marginalidades creadoras”5.

¿Cuáles son, entonces, “los márgenes creadores” de la B/CI en su feraz cruce con las otras carreras de nuestra Facultad? Existen numerosas respuestas a esta cuestión fundamental. Respuestas ligadas a la tradición de nuestra profesión y a su impetuosa innovación en el marco de las tecnologías de la información. Una materia tradicional y siempre actual es la Bibliografía y el control bibliográfico. En un universo modelado por una virtualidad de datos incontrolados y ya desmadrados, donde esa abundancia conspira contra el pensamiento reflexivo, la selección, ponderación y pertinencia de los documentos (tanto materiales como inmateriales), lo que denominaríamos como “la impronta del saber bibliográfico”, constituye, inequívocamente, una política de instrumentación decisiva para la totalidad de las Ciencias Humanas. La Bibliografía, que se encuentra en la fundación misma de la B/CI, es un instrumento indispensable para ayudar en la normativa de producción textual y discursiva de las Humanidades y las Ciencias Sociales. Sobre todo, en su relevancia de control en el momento de establecer un diálogo interdisciplinar para determinar el corpus bibliográfico de cada área.
Todo orden bibliográfico posee su fundamento en la normalización terminológica. La B/CI puede extender, en un marco de solidaridad y respeto, “su sentido diagonal y transversal” como mediadora, por ejemplo, en la elaboración de las modernas taxonomías y en la identificación relacional de los mapas léxicos de cada disciplina social; en este caso puntual, su fortaleza en las Humanidades y las Ciencias Sociales se desarrollará en los motivos semánticos de la Web 3.0, principalmente en los futuros análisis de dominio.
No obstante, hay que dar cabida a otros procesos de articulación más modernos. En este sentido, otro foco nuclear en la apertura de la B/CI son los estudios de usuarios y la interpretación de las prácticas y representaciones de lectura de los distintas “poblaciones” de cada uno de estos campos. En un momento como el actual, donde los estudios de los dispositivos y artefactos culturales son reconfigurados por las Ciencias Humanas, la B/CI puede transferir “su fuerza social profesional” para ayudar a identificar tanto las necesidades como los usos de la información por parte de cada uno de los participantes de dichas disciplinas, ya sea mediante aproximaciones cuantitativas, cualitativas o a través de abordajes mixtos armónicamente combinados.
Por otra parte, la migración de la Historia del Libro hacia una Historia de la Edición y de la Lectura6, impulsada por la consolidación de la Nueva Historia Cultural7, ha producido un acontecimiento académico de gran interés: la implantación como objeto de estudio, en la totalidad de las áreas humanas y sociales, de la historia de las prácticas y representaciones de la lectura y la escritura. En este campo, sin duda, la Historia del Libro y de las Bibliotecas se ha transformado en una materia, en cierto sentido, de “vocación gregaria y poliédrica”, donde la mayoría de las Humanidades y de las Ciencias Sociales encuentran una configuración común desde la que pueden articular sus distintas representaciones de la Cultura Escrita.
Otro aspecto fundamental y, en particular, para nada mínimo ni vacío de una peculiaridad sustancial, es la presencia en la B/CI de dos corrientes esenciales en la gestación del conocimiento: la interrelación de las Humanidades con las Ciencias y los procesos tecnológicos. Nuestra disciplina no es un saber que trabaja para fomentar la antigua antinomia de las “dos culturas”, tal como planteó su necesidad de superación, hace unas décadas, P. S. Snow. La Bibliotecología comenzó con una profunda formación humanística y concilió, en sus procedimientos profesionales, todos los recursos científicos y técnicos con el objeto de organizar la información especializada (característica de las Ciencias) y brindar, sobre todo, “su sentido humano y social” en el desenvolvimiento de las bibliotecas, cualesquiera sean sus tipos. En consecuencia, los bibliotecarios tienen un importante bagaje de sincretismo entre los orígenes de su formación humanística y las tecnologías de hoy. Esta herencia, en la actualidad, tiende a estar oculta o solapada debido al notable impulso de los procesos electrónicos; sin embargo, el reencuentro de intercambio mutuo entre las Humanidades y las Ciencias Sociales con la B/CI, puede ser la fructífera antesala de una novedosa revelación para generar, precisamente, una nueva aura de humanismo en los saberes sociales.
Ciertamente, uno de los temas que aborda el equipo de colaboradores de Abrir las Ciencias Sociales, presidido por Immanuel Wallerstein, es la insoslayable necesidad de cómo reestructurar el “nivel organizacional” de dichas disciplinas a lo largo del capítulo titulado “¿Qué tipo de ciencia social debemos construir ahora”8? Nuestro caso particular, la B/CI, debido a su activa conjunción entre la tradición y el cambio, es decir, gracias a su coordinación entre los procederes humanos y las tecnologías, resulta una especie de interlocutor válido para aunar, respetando las características propias y diferenciadoras en otros sectores, el universo de las Ciencias Naturales, las Humanidades y las Ciencias Sociales.
El quehacer bibliotecario y, en especial, su actual construcción epistemológica y hermenéutica, coadyuva a generar un conocimiento plural y universal. Nos referimos a un conocimiento pluralista que vincule “de otra manera” las relaciones de los seres humanos con la Naturaleza, que supere la concepción del Estado-nación en sus exclusivos y excluyentes límites fronterizos, que aliente las relaciones académicas multiculturales e interculturales, que supere los enfrentamientos intelectuales de lo global y lo local, y que plantee a fondo, sin ningún tipo de cortapisas, la discusión sobre “la objetividad” en las Ciencias Humanas. Ir en pos, entonces, de ideales “no-concebidos” hasta la fecha, donde las pulsiones utópicas fomenten la concreción de “heterogéneos y versátiles diálogos” que, sin dilación, permitan crear espacios reales para el advenimiento de un pensamiento que exceda a la mera racionalidad9. En dicho contexto, para superar las tres tríadas heredadas del siglo XIX –los niveles económico, político y sociocultural– como lo señala Wallerstein en otra obra, también resulta menester “impensar las Ciencias Sociales” desde una perspectiva distinta10.

Por otra parte, las facultades de Humanidades y Ciencias Sociales públicas, para incluir a los segmentos más postergados ante las demandas del capital empresarial orientado hacia exclusión y la plusvalía, tienen que instrumentar modalidades de extensión colectiva y comunitaria que manifiesten la evidencia, ahora en forma más rotunda y plena, sobre “el propósito social” que albergan sus campos de estudio. En estos momentos, por ejemplo, en nuestra casa de estudios, se está dictando una Cátedra Libre de Bibliotecología Social11, donde la construcción de ciudadanía deja de ser una declamación y se convierte en una realidad como muestra de apertura hacia la Sociedad. Esto implica, más allá de lo curricular académico, que las Humanidades y las Ciencias Sociales al llegar a otros ciudadanos no precisamente relacionados con los planes de grado de sus facultades, pueden diseñar una urdimbre social ajena a todo aprendizaje elitista. Por lo tanto, otro punto en común, al trabajar conjuntamente, es que no solo pensaremos la racionalidad como una modalidad de la imaginación sino, además, tendremos la posibilidad de conjugar (ya con una intencionalidad propia del lenguaje en su faz de “lo revelado”) y de reflexionar con la alteridad de otros ciudadanos en sus propias concepciones imaginadas. Así, pues, existiría la ocasión maravillosa de ampliar las Humanidades y las Ciencias Sociales hacia zonas inexploradas y que claman por nuestra presencia en la esfera pública.
En una coyuntura histórica tan excepcional como la presente, en la cual los procesos de alfabetización informacional y de educación a distancia, a través de la mediación electrónica, pueden reconfigurar la educación e incluso a la esencia misma de la enseñanza universitaria (nos referimos a la Universidad como lugar), tal como se ha dictado hasta ahora, es necesario que las Ciencias Humanas establezcan “nuevos programas” sociales que respondan a las realidades cambiantes de la virtualidad. Esta imbricación entre el universo de las Humanidades y la Informática, en la contemporánea vinculación pedagógica, ha dado lugar a la expresión “Humanidades digitales”. Realidades que, en algunas oportunidades, llevan a la parcelación del corpus de identidad de esas disciplinas y que, por lo tanto, las dispersan en numerosos campos cada vez más atomizados.
Es por eso que se torna ineludible una planificación de discusión ontológica que trabaje por la unidad de las Humanidades y las Ciencias Sociales, pues su propia ontología se encuentra en un dilema de difícil resolución. Cada área está subsumida en la problemática de la identificación y en la imagen de “su nombre”. Porque, en definitiva, ¿cómo nombramos hoy a las Humanidades y las Ciencias Sociales? La B/CI no es una excepción en este acontecer. Como lo hemos referido en otras instancias12, nuestros procederes carecen de una nominación específica y, además, las prácticas que antes nos caracterizaban sufren un proceso de fragmentación que tiende a lo marcadamente subdisciplinar. Esta última experiencia profesional nos posiciona, en tanto bibliotecarios inmersos en la sociedad, para formular un llamado vocacional: la implementación de un foro abierto y permanente sobre el papel de las Humanidades y las Ciencias Sociales al cumplir 120 años la Facultad de Filosofía y Letras.
¿Qué características tendría este foro? Sería un ágora no oclusiva, una asamblea donde circularan las ideas de todos aquellos que forman parte de la Facultad; sostendría una agenda de temas argentinos y latinoamericanos que hacen al plan provisional de “reestructuración de las Ciencias Sociales” esbozado por Wallerstein y sus colaboradores, en su amplia extensión, además, a las Humanidades; buscaría que la polémica y la controversia de las conceptuaciones hagan posible que lo inenarrable de las Ciencias Humanas, logre engendrar un nexo fértil con lo narrable de nuestras prácticas, en tanto agentes de un discurso social que aspiramos a llegar a los más diversos colectivos.
La B/CI al celebrar estos 120 años se plantea una escenificación de sí misma, pero ahora entrecruzada por la otredad de un conjunto de estudios afines a sus anhelos; se manifiesta plenamente, entonces, como hemos citado, en sus “horizontes utópicos en estado de constante apertura”. Toda comunidad tiende a la autoconstrucción en un rediseño perpetuo de sus universos imaginarios13.

Es factible, al amparo de este marco, consignar los temas que hemos esbozado en la aspiración de querer abrir nuestra disciplina al diálogo con otras de esta Facultad: la vocación por enlazar transversal y diagonalmente a la multiplicidad de las Ciencias Humanas en sus temáticas afines y, por supuesto, sin dejar de lado sus tensiones disímiles; incorporar a la discusión el concepto de “territorialidad compartida” que se presenta en estos saberes; señalar los indispensables procesos de hibridación intertextual que se ensamblan entre los procedimientos académicos y los populares; puntualizar que todos “los paisajes del encuentro” llevan la impronta dialéctica de lo inter y multidisciplinar; alentar la congregación de aquellos lugares cuyos límites entre las áreas sociales implican el hallazgo de una “zona de marginalidad creativa”; concienciar académicamente a las Humanidades y las Ciencias Sociales acerca de la importancia de la normalización, selección y relevancia de la información; fomentar, dentro de cada disciplina, los estudios de usuarios y determinar, por aproximaciones sucesivas, sus prácticas y representaciones de lectura; auspiciar la convergencia, necesaria y ya impostergable, entre las Ciencias Naturales y las Ciencias Humanas; cooperar en la concreción de las nuevas identidades disciplinarias en los actuales contextos de posmodernidad y globalización; impedir, con la coherencia discursiva de las producciones escritas, la dispersión y fragmentación de nuestros campos; trascender el puro racionalismo cartesiano para vislumbrar la magia y la mística del conocimiento humano cuando incursiona en dimensiones desconocidas, entre los diferentes aspectos que exceden a esta exposición y que deben ser propuestos por otras disciplinas.
Vivimos una época en la cual la estetización vacua del mundo propuesta por el capitalismo puede reducir a una especie de esclavitud de las Humanidades y las Ciencias Sociales. En este foro o ágora de la cuestionabilidad proponemos dejar de ser meros merodeadores de otras disciplinas y abandonar, aunque implique un gran esfuerzo, “lo autorreferencial”, para aplazar lo furtivo y merodeador por una participación activa con todas las carreras que forman esta casa de estudios.
Quizás, al finalizar este Editorial cuyo objetivo es memorar Filo: 120, como universitarios hijos del presente, debamos apelar a una frase de Walter Benjamin, cuando afirma –pues no solo somos seres epocales sino, además, individuos con formas y turgencias de lo vívidamente expresable– que “sólo el hombre tiene lenguaje perfecto en universalidad e intensidad”14. Es decir, aquello que nos hermana, en tanto mujeres y hombres de las Humanidades y de las Ciencias Sociales, es la intensidad universal de una lengua en común, algo muy similar al árbol de la vida bíblico y su generosa inmortalidad.

Notas

1 Buchbinder, Pablo. 1997. Historia de la Facultad de Filosofía y Letras. Universidad de Buenos Aires. Buenos Aires: Eudeba; Halperín Donghi, Tulio. 1962. Historia de la Universidad de Buenos Aires. Buenos Aires: Eudeba.

2 Wallerstein, I., coord. 2011 [1996]. Abrir las ciencias sociales. Informe de la Comisión Gulbenkian para la reestructuración de las ciencias sociales. México: Siglo XXI editores.

3 Sassen, Saskia. 2010. Territorio, autoridad y derechos. De los ensamblajes medievales a los ensamblajes globales. Buenos Aires: Katz Editores; Sassen, Saskia. (2012 [2007]). Una sociología de la globalización. Buenos Aires: Katz Editores.

4 García Canclini, Néstor. 2012 [2001]. Culturas híbridas. Estrategias para entrar y salir de la modernidad. Nueva ed. Buenos Aires: Paidós.

5 Dogan, M. & Pahre, R. 1993. Las nuevas Ciencias Sociales: la marginalidad creadora. México: Grijalbo.

6 Chartier, Roger. 1993. De la Historia del Libro a la Historia de la Lectura. En su Libros, lecturas y lectores en la Edad Moderna. Madrid: Alianza. p. 13-40.

7 Burke, Peter. 2000. Formas de Historia Cultural. Madrid: Alianza; Chartier, Roger. 2005. La nueva historia cultural. En su El presente del pasado. Escritura de la historia, historia de lo escrito. México: Universidad Iberoamericana, Departamento de Historia. p. 13-38.

8 Wallerstein, I., coord. 2011 [1996]. Abrir las ciencias sociales. p. 76-101.

9 Wallerstein, I., coord. 2011 [1996]. Ibídem.

10 Wallerstein, I. 1998. Impensar las Ciencias Sociales: límites de los paradigmas decimonónicos. México: Fondo de Cultura Económica.

11 Véase: http://seube.filo.uba.ar/c%C3%A1tedra-libre-de-bibliotecolog%C3%ADa-social [Consulta: 18 abril de 2016].

12 Parada, Alejandro E. 2015. Hacia un inventario provisional de las tendencias en Bibliotecología y Ciencia de la Información. En Información, cultura y sociedad. No. 33, 75-88; Parada, Alejandro E. 2014. Articulaciones y paradigmas móviles en Ciencia de la Información. En Información, cultura y sociedad. No. 31, 1-6.

13 Castoriadis, Cornelius. 2013. La institución imaginaria de la sociedad. Buenos Aires: Tusquets.

14 Benjamin, Walter. 2011. Sobre el lenguaje en general y sobre el lenguaje de los hombres. En su Conceptos de filosofía de la historia. Buenos Aires: Agebe. p. 38.

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