Ciudades de Andalucía: paisajes e imágenes. Siglos XIII-XVII

A, Navarro (2017).
Comité Español de Ciencias Históricas, 402 pp.

Fernando Luis Martínez Nespral

Instituto de Arte Americano e Investigaciones Estéticas “Mario J. Buschiazzo”, Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo, Universidad de Buenos Aires.

El texto de Andrea Mariana Navarro se inscribe en el campo de los estudios de la Historia Urbana orientados a la construcción de la imagen de la ciudad desde un enfoque basado en la Historia Cultural.

Su objeto es la interpretación de las miradas, experiencias, vivencias e imaginarios de un amplio repertorio de actores que incluye a sus propios habitantes, pero también a cronistas, viajeros y artistas, entre muchos otros, tanto españoles como extranjeros.

La investigación se focaliza en las ciudades andaluzas de realengo, incluyendo los reinos de Sevilla, Jaén y Córdoba, y el período de estudio abarca desde el siglo XIII al XVII, lo que en última instancia representa la transformación de la ciudad medieval a la moderna.

La autora explicita desde un comienzo, basada en Chartier, que el texto se apoya en la noción antropológica de estas imágenes urbanas, como representaciones mentales, haciendo referencia a los imaginarios sociales que dan cuenta de procesos históricos dinámicos y polifacéticos a partir de la diversidad de perspectivas e intereses sobre los que dichas imágenes se construyen.

También establece relaciones con la Historia del Arte en tanto presenta una historia de las imágenes que incluye un vasto repertorio desde los escudos de armas y sellos hasta vistas urbanas, pinturas y estampas.

Propone así, a través de estas imágenes, explorar el “programa moral, político, social, religioso, arquitectónico y urbanístico” (Navarro, 2017, p 13) de las ciudades estudiadas presentando de forma conjunta el hecho social y el hecho físico, la urbs y la civitas de forma simultánea y elaborando un complejo abanico de autorrepresentaciones y héterorrepresenaciones de las ciudades andaluzas en el tránsito de la Edad Media a la Modernidad.

El libro se organiza en tres partes, que van desde el exterior al interior de las ciudades que, como una serie de cajas chinas, permiten al lector ir accediendo gradualmente al conocimiento de los casos de estudio.

En la primera de ellas, titulada: “El espacio exterior de las ciudades”, Navarro presenta desde la conformación de las jurisdicciones territoriales, su dominio sobre le territorio, las relaciones con señoríos, villas y aldeas, las percepciones sobre lo entornos urbanos, los paisajes agrarios y las representaciones paisajísticas de las ciudades, sus murallas, fortalezas y puertas. En suma, una extensa recorrida por las miradas de la ciudad “desde afuera”.

La segunda parte se dedica a “El espacio urbano intramuros” y abarca desde el proceso de urbanización hasta la construcción de edificios públicos y privados, en un extenso desarrollo que parte de las revalorizaciones del pasado, la conformación del espacio público, los trazados viales urbanos, las plazas, la provisión de agua y los sistemas de ordenamiento de las actividades comerciales urbanas como puertos y mercados, para concluir en el estudio del espacio privado tanto de las viviendas comunes como de las casas-palacio.

Por último, la tercera sección se centra en la cultura religiosa y sus impactos en el espacio urbano, desde la “geografía diocesana” hasta el papel de la religión en la definición del espacio urbano, incluyendo el papel de la Catedral como referente, las redes de parroquias y conventos así como distintos epifenómenos como los hospitales y enterratorios, concluyendo con el papel central de los santos y advocaciones marianas, así como sus reliquias, milagros y devociones en la constitución de las identidades urbanas.

Luego vienen las conclusiones generales, una detallada enumeración de fuentes y bibliografía y un muy atractivo y sugerente apéndice de ilustraciones a color que cierra el volumen y complementan las que en blanco y negro acompañan el desarrollo del texto.

Algunas de las conclusiones a las que arriba la autora, plantean nuevas explicaciones a hechos ya conocidos, como la frecuente exaltación del pasado romano de las ciudades, que sirvió como arma en la disputa jurisdiccional con la nobleza, así como la constitución de una imagen de Andalucía como espacio idílico que fue (y aún es) el motor de numerosos viajeros por visitar estas tierras y cantar alabanzas sobre la fertilidad, riqueza y hermosura de la región.

Incluso, Navarro señala de manera muy interesante, como esta visión idílica de Andalucía amortiguo y retrasó otras percepciones de problemas reales como la limitada educación popular, la pobreza y la estructura de propiedad de la tierra.

También desarrolla la transición de la muralla como límite urbano en una primera época signada por asedios y guerras que va gradualmente dejando su lugar protagónico en tiempos de paz, donde cobran valor las puertas, como puntos de paso obligado y por lo tanto de control fiscal que, reedificados monumentalmente, se constituyeron en los nuevos íconos urbanos.

Otro aporte del texto es su detallado estudio sobre las graduales transformaciones del legado hispano musulmán que van definiendo el paso de la ciudad medieval a la moderna. En este sentido se destacan las relaciones internacionales de Andalucía, fundamentalmente a través del comercio, y su papel en el arribo de nuevas influencias foráneas provenientes de Italia y Flandes que aportaron una nueva apariencia estilística que fue primero superponiéndose y finalmente reemplazando al sustrato estético mudéjar.

En este último aspecto, también se destaca el rol de la mayor parte de las ciudades, con Sevilla a la cabeza, que realizaron en el período una deliberada acción simultánea que degradaba los numerosos vivos y cercanos testimonios del período hispano musulmán mientras que a la vez exaltaba otros muy lejanos y ya ruinosos que las conectaban con la antigüedad romana.

Pero las observaciones de Navarro permiten muy acertadamente detectar el contraste con lo anterior que se da en el caso de Córdoba, ciudad siguió sintiéndose honrada por haber sido capital del Califato Omeya y por ello mantuvo muy ponderadas impresiones sobre sus monumentos islámicos.

Todas estas reflexiones aportan nuevas y valiosas perspectivas sobre distintas facetas de lo urbano, desde su dimensión territorial y el hecho físico de las masas construidas y los vacíos urbanos hasta la componente social reflejada en las tensiones, intereses e intercambios entre los distintos actores involucrados.

Los paisajes e imágenes urbanas que Andrea Mariana Navarro nos presenta hablan de hechos históricos e imaginarios, de percepciones, ideas y anhelos de sus habitantes y los forasteros que las visitaron que, en su conjunto, constituyen un riquísimo caleidoscopio para mirar, reconocer y reinterpretar las ciudades andaluzas en su tránsito de la Edad Media a la Modernidad.