Germanidad y cultura de guerra:

Representaciones de la revista Germania sobre el militarismo alemán en Argentina durante la Gran Guerra*



Marcelo Alejandro Ingrassia

Universidad Nacional de Luján, Argentina

marceloingrassia@gmail.com


Fecha recepción: 30/09/2023

Fecha aprobación: 15/11/2023

Resumen

El presente artículo forma parte de un proyecto más amplio orientado a investigar las representaciones de la comunidad germanohablante en el contexto de la Gran Guerra expresadas en la revista Germania. La revista se publicó desde junio de 1915 hasta mayo de 1916; coyuntura en la cual –si bien la guerra se había paralizado en el frente occidental– la propaganda aliadófila y germanófila comenzaba a recuperar protagonismo en la prensa local frente al estancamiento de la cobertura informativa sobre la guerra. Sus páginas expusieron un claro ejemplo de movilización de la comunidad y propusieron difundir, a través de notas bélicas, artículos científicos, literarios y recreativos, una versión alternativa de los acontecimientos y de la cultura alemana ante la presión de la propaganda aliada que controlaba la distribución de las noticias extranjeras en Argentina. En esta ocasión, se analizará cómo se expresaron las representaciones que pusieron en disputa valores alusivos a la nacionalidad y al amor a la patria asociados al militarismo alemán y de qué manera estos fueron representados para contrarrestar los argumentos de los enemigos.

Palabras clave: Comunidad germanohablante, Revista ilustrada, Germania, Gran Guerra, Argentina

Germanity and war culture: Germania magazine’s representations of German militarism in Argentina during the Great War

Abstract

This article is part of a larger project aimed at investigating the representations of the German-speaking community in the context of the Great War as expressed in the magazine Germania. The magazine was published from June 1915 to May 1916, a period in which, although the war had come to a standstill on the western front, Allied and Germanophile propaganda began to recover prominence in the local press in the face of the stagnation of news coverage of the war. Its pages exposed a clear example of community mobilization and proposed to spread through war notes, literary, scientific and recreational articles, an alternative version of the events and German culture, under the pressure of the Allied propaganda that controlled the distribution of foreign news in Argentina. On this occasion, we will analyze how the representations that disputed values allusive to nationality and love for the fatherland associated with German militarism were expressed and how this was represented to counteract the arguments of the enemies.


Keywords: German-speaking community, Illustrated magazine, Germania, Great War, Argentina



Introducción

La prensa fue un instrumento fundamental de propaganda durante la Primera Guerra Mundial, no solo porque logró transportar el conflicto hacia otras regiones alejadas de los campos de batalla, sino también por su capacidad de construir imaginarios que reforzaron la identificación nacional y demonizaron al enemigo. La movilización propagandística de las comunidades de inmigrantes jugó un rol esencial en el intento de construir y reforzar una determinada imagen de los países beligerantes en el ámbito local (Tato, 2017: 17-36 y 2011: 273-292). Los grupos minoritarios, cuyos idiomas no resultaban familiares para el público argentino, se encontraron con mayores dificultades para generar afinidad en la opinión pública. Un ejemplo de ello fue el de los germanohablantes. Por parte de los líderes de la comunidad existía la voluntad de forjar una imagen de sí mismos; en su condición de ciudadanos habían conseguido instalarse en el país, en ocasiones, familias de segunda generación, que lograron edificar un proyecto de vida próspero (Bryce, 2019: 32).Es importante destacar que, al hablar de los germanohablantes, no se hace referencia solo a los inmigrantes alemanes, sino también a quienes se percibieron y fueron considerados como parte de ese grupo de pertenencia más allá de su lugar de nacimiento. Como afirma Sandra Carreras (2019: 8), el término germanohablante hace referencia a un espacio de interacción político y cultural dentro del cual resulta dificultoso establecer límites de pertenencia. A lo largo de la conflagración, no solo demostraron su preocupación por aportar una mirada alternativa ante la guerra y defenderse de las acusaciones de la prensa aliada, dado que la mayoría de las noticias arribaban a través de agencias pertenecientes a estos países (Sánchez, 2014b: 68), sino también por mantener su posición y prestigio en la sociedad argentina. Hasta el momento, pocos autores han puesto atención en el estudio de la comunidad germanohablante, específicamente en la coyuntura de la Gran Guerra (Rinke, 2014), y aún menos se han enfocado en la movilización propagandística de su prensa (Hoffmann, 2009 y Tato, 2018). En esta oportunidad se analizará Germania, una revista que ha sido tangencialmente mencionada en varios trabajos, pero que aún no ha sido abordada en profundidad.

Germania fue un claro exponente de la cultura de guerra de la comunidad, que propuso disputar la hegemonía de la prensa aliada en la opinión pública.1 Fue una de las pocas publicaciones de los germanohablantes escritas en español y la única ilustrada que divulgó en todo el territorio argentino –y en otros países– la mirada de sus líderes sobre la guerra. Su fundación persiguió fines patrióticos y políticos: recaudar fondos para los soldados alemanes; difundir la propaganda del Imperio Alemán y de los países centrales, lo cual significaba ofrecer al público argentino una imagen alternativa de la cultura germana en contraposición a los argumentos de los aliados; mostrar el “verdadero rostro” de sus enemigos en la conflagración y postular a Alemania como ejemplo modélico de civilización para sus lectores. A través de sus páginas se evidencia la necesidad de construir un semblante de Alemania, y de lo que significaba “ser alemán”, que se ajustara a la realidad social y política argentina y a la coyuntura internacional interpelada por la guerra. Tal como se anuncia en la revista, se buscó “reflejar la vida germana en Argentina”.

El presente artículo analiza los discursos que exaltaron y reprodujeron las características culturales asociadas a la idea de germanidad y que remitieron directamente al militarismo alemán. Se persiguieron diferentes estrategias que intentaron contrarrestar los argumentos de los enemigos, quienes se refirieron al militarismo alemán como un ejemplo más de su barbarie. De este modo, convivieron en la revista representaciones que tendieron a glorificar la disciplina, el potencial militar del Imperio y sus virtudes guerreras, con otras que ilustraron soldados más humanizados, sensibilizados con los enemigos y civiles. Esto denotaba la presencia de un militarismo atenuado que buscaba responder a las acusaciones más crudas de los enemigos de Alemania. Más allá de su polisemia, el militarismo fue considerado como un aspecto central en la constitución de la germanidad del pueblo alemán. Según Bryce, la germanidad (Deutschum) hacía referencia a la supuesta existencia de un lazo comunitario conformado por la religión, la cultura, la herencia biológica y las costumbres por parte de los germanohablantes, algo que los adultos debían conservar y transferir a sus descendientes (2019: 42-43).

Para reflexionar sobre lo señalado, se abordarán aquí las notas e imágenes que describieron los acontecimientos en el campo de batalla; relataron anécdotas sobre la vida de los soldados en los campamentos y establecieron un diálogo con un pasado considerado fundacional de la identidad germana, como así también las transformaciones en las portadas de la revista. Asimismo, se entablará el diálogo con artículos de revistas ilustradas cuyos contenidos se alinearon, en términos generales, a favor de los aliados, como por ejemplo, Caras y Caretas, Fray Mocho, La Nota y PBT.

El texto se organiza en cuatro apartados, el primero se focaliza en la fundación, organización y diseño de Germania; el segundo, demuestra la influencia del modelo militar alemán en el ámbito castrense argentino, motivo por el cual había logrado un gran reconocimiento en la opinión pública argentina y explica el esfuerzo inicial de la revista en destacar su potencial militar. En el tercer apartado se analiza de qué manera fue representado el militarismo alemán a través de los textos y las imágenes y cómo fue transformándose en la medida en que debía responder a las acusaciones de los enemigos y legitimar el accionar del ejército imperial. Por último, se reflexionará sobre aspectos analizados a lo largo del trabajo.

Ilustrar la guerra en clave alemana: fundación y contenido de la revista

Los antecedentes de Germania pueden rastrearse en el centro homónimo, creado en1908 por germanófilos locales y descendientes de alemanes; su finalidad era promover la cultura alemana entre los asociados y realizar festivales a los cuales asistían referentes políticos del Imperio Alemán residentes en el país (Shirkin, 2013). Con el advenimiento de la conflagración, se concentraron las actividades en la organización de campañas para la recaudación de fondos. Algunos de sus miembros fueron quienes fundaron la revista. Entre estos figuraba Eduardo Retienne, propietario y fundador, de nacionalidad argentina; en su juventud se había retirado del país para profundizar sus conocimientos en Europa. Su interés se centró en la química aplicada a la actividad industrial y al regresar a la Argentina se convirtió en el director de la droguería Retienne. El proyecto de la revista evidenció su compromiso con la causa germana y, a pesar de que aquel no se extendiera por mucho tiempo, continuó manteniendo vínculos con el Estado Alemán.2 Otros miembros fundadores fueron Pablo Fabatz, director artístico; Claudio Troncoso, redactor en jefe, y Luipoldo Pauly, administrador.

La revista surgió como un exponente más del proceso de modernización de la prensa gráfica que había comenzado a desarrollarse a finales del siglo XIX y se aceleró con el surgimiento de la guerra (Sánchez, 2014a: 28 y 29). Su particular diseño incluyó una considerable cantidad de imágenes y fotografías, además de portadas a color. Constó de 24 números, de periodicidad quincenal; comenzó a editarse en junio de 1915, finalizó en mayo de 1916 y se vendía al precio de 50 centavos, con suscripción previa. La suscripción anual era de 10 pesos y la semestral de 5,50, similar al valor de otras revistas del mismo género. Salía a la venta el primero y 16 de cada mes, por lo tanto los días fueron variando a lo largo de los números. Entre estos se incluyeron tres especiales: uno extraordinario de 100 páginas, correspondiente a la navidad de 1915, otro en enero de 1916, dedicado al cumpleaños del Kaiser Guillermo II, y un tercero, en su anteúltima publicación, en homenaje a España. Los primeros seis números estuvieron compuestos por 32 páginas, que a partir de su séptima edición se extendieron a 44, lo que podría sugerir el hipotético éxito de la revista en su distribución. Las páginas no se encontraban numeradas y solo los números especiales fueron publicados con su respectiva numeración. Su distribución alcanzó todo el territorio argentino, llegando incluso a otros países.3

En su interior presentaba gran cantidad de auspiciantes y colaboradores; en los primeros números se publicaron un total de 39 anuncios distribuidos entre sus primeras y últimas páginas. Con el correr de las tiras, el número se mantuvo estable en la cantidad de 30.4 Además de los mencionados aportes, la revista contó con el financiamiento directo del gobierno imperial, que se hizo manifiesto a partir del especial de navidad. De allí en adelante comenzaron a publicarse las revistas con la siguiente aclaración: “Bajo el protectorado del excelentísimo señor ministro de Alemania Sr Conde R. de Luxburg” (Germania, diciembre de 1915).

Meses antes de que se conociera el primer ejemplar de Germania, se había anunciado su suscripción en español y alemán a través de los diarios La Unión y Deutsche La Plata Zeitung, destacándose que estaba escrita en castellano. La revista fue promocionada como una publicación moderna, única en su tipo, “a la altura de cualquier publicación europea” (Imagen 1). El aviso vaticinaba la oferta de una gran variedad de temas “ajustados a la más rígida moral” y prometía para sus “cultos lectores” mostrar un “reflejo de la vida germana” en Argentina. Marcaba ciertos límites con su público al afirmar que sería valorada mayormente por quienes simpatizasen con las ideas germanas y “apreciasen las bellas artes”. Además, se evidenciaba cierta incertidumbre por parte de los editores sobre su probable alcance y éxito, ya que, si bien aspiraban a atraer lectores “cultos” y “educados”, se revelaba una falta de certeza acerca de quiénes serían los futuros destinatarios: al escribir “iremos viendo el interés de nuestros lectores”.

Anuncio de la revista en los diarios de la comunidad. La Unión, 11 de mayo de 1915

El editorial del primer número reprodujo el mismo mensaje que los anuncios promocionales y demostró cierto desconcierto en cuanto al grado de aceptación por parte del público. Se alertó sobre “la imagen distorsionada” que el mundo recibía de Alemania como consecuencia del control ejercido por los aliados en la divulgación de las noticias de la guerra; es por eso que su propuesta apuntaba a “exponer con sincera fidelidad gráfica y literariamente, los episodios de la actual lucha en sus diferentes manifestaciones”, lo que señalaba la importancia que se le otorgaba a la imagen como un recurso probatorio de los acontecimientos (Germania, 1 de junio de 1915). La divulgación de textos de intelectuales locales y extranjeros y la exposición de fotografías e ilustraciones alusivas a los escenarios de batalla resultaron las principales estrategias utilizadas para posicionar a la revista como una observadora imparcial de los acontecimientos.5 Los artículos fueron titulados de manera descriptiva; por ejemplo: “La guerra”, “La industria del acero”, “La vida en los campamentos”, entre otros. Aquellos en los que se tomaba posición sobre la conflagración, y no eran escritos por personalidades conocidas, fueron firmados con seudónimos, lo cual daba cuenta del temor de quedar expuestos ante la opinión pública.

El último número salió a la venta el 16 de mayo de 1916; según Ronald Newton (1977: 36), el motivo por el cual se interrumpió su publicación tuvo que ver con el alejamiento de Retienne de los círculos alemanes, debido a la excesiva especulación de los líderes de la comunidad, aunque no se ha encontrado información que confirme esto último. Sin embargo, de acuerdo con una nota del Argentinisches Tageblatt (30 de mayo de 1916:3), Germania no pudo continuar imprimiéndose debido a una crisis de abastecimiento de papel que selló su final. La noticia destacaba el esfuerzo de su propietario y lamentaba que tanto la comunidad alemana como sus simpatizantes no pudiesen continuar disfrutando de semejante material. La escasez de papel fue mencionada también en el Deutsche La Plata Zeitung (23 de mayo de 1916: 3), donde se explicaba que las dificultades para su comercialización y transporte habían elevado sustancialmente el precio de este producto, pero no se hicieron referencias directas a la revista.

Respecto a su contenido, los directores del proyecto fueron conscientes de que debía resultar atractivo e interesante, más allá de su objetivo político. En efecto, se generaron modificaciones a lo largo de los números, tanto en el diseño de portada como en los temas desarrollados. Estos últimos, generalmente estuvieron relacionados con la cultura germana, aunque se intentó ofrecer mayor diversidad temática con el correr de los números. Como en otras revistas contemporáneas, se buscó despertar el interés de las mujeres a través de artículos sobre moda o “crónicas para damas”, incorporándolas como lectoras. A partir del séptimo número se agregó una sección sobre “vida social”, que también estaba dirigida a las mujeres. En estos artículos se aspiró a transmitir una imagen diferente de las mujeres germanas en comparación con el resto y visibilizar a las mujeres de la alta sociedad de la comunidad que habitaban en Argentina.

Lo expuesto hasta aquí revela que la revista obtuvo legitimidad y apoyo por parte de los líderes de la comunidad germanohablante en Argentina, al contar con la colaboración de los auspiciantes y la protección del gobierno imperial. Esto permite afirmar que se trató de un emprendimiento colectivo, en el que no solo participaron los actores sociales mencionados, sino también intelectuales y científicos argentinos y extranjeros. Se demostró un claro interés por despertar la empatía en los lectores locales a través de la difusión de la cultura germana y el esfuerzo por exhibirla como un modelo sobre el cual Argentina debía proyectarse; sin embargo, ambiguamente, daba cuenta de que se dirigía a un público restringido, cuya afinidad por “lo alemán” estaba dada de antemano.

Influencia alemana en el ámbito castrense argentino

El triunfo de Prusia sobre Francia en 1871 expuso de manera ejemplar el poderío militar del ejército prusiano como el apogeo de las reformas iniciadas por Gerhard von Scharnhorst y continuadas por Guillermo I durante el proceso de unificación nacional (Gliech, 2010: 77). La victoria sobre el prestigioso ejército francés impresionó y advirtió al resto de Europa –y del mundo– sobre una nueva manera de enfrentar al enemigo, utilizando la ciencia al servicio de la guerra (Camacho Arango, 2011: 45). La concepción de la guerra como una continuidad natural de la política justificaba la movilización de todos los recursos disponibles a su servicio y conducía a creer que esta era inevitable, por este motivo se debía preparar a “la Nación en armas”. Un poderoso ejército organizado era condición necesaria para conservar la paz. Para ello, en la guerra moderna los gobiernos debían apoyarse en “la suma de las fuerzas existentes en sus pueblos” (Von Der Goltz, 1833: 52). Los militares pasaron a adoptar una posición social sobresaliente en el Imperio y, como afirma Oliver Stein (2021: 2), desempeñaron funciones de integración social, de manera tal que patrones de pensamiento militar lograron expandirse en la sociedad civil, lo que se conoce como Gesinnungsmilitarismus (militarismo del sentimiento).

El modelo militar prusiano se transformó en un producto de exportación hacia otras regiones fuera del continente y acompañó a la expansión comercial más allá de las fronteras imperiales. El principal interés por parte de Alemania en la región se halló motivado por la venta de armamento y por las ambiciones geopolíticas orientadas a fortalecer su posición estratégica en relación con el resto de las potencias occidentales. Las transferencias militares en Sudamérica habían comenzado en Chile con la contratación del capitán del ejército alemán Emile Körner, en 1885, quien luego pasaría a ocupar el cargo de Jefe del Estado Mayor a partir de 1891. Se pueden identificar dos maneras a través de las cuales estas se llevaron a cabo: la organización de misiones y el desplazamiento de oficiales sudamericanos hacia Europa (Fischer, 2008: 136, 146 y 149). Cabe aclarar que no fue un plan exclusivo de Alemania, también Francia se había interesado en expandir su doctrina militar en la región (Otero, 2009: 37 y 38). Según los datos aportados por Camacho Arango (2011: 47), entre 1895 y 1914, las principales misiones alemanas se dirigieron a Chile, Perú, Bolivia, Ecuador, Colombia y Argentina.

La consolidación del Estado Nacional en Argentina, a finales del siglo XIX, expuso la necesidad de institucionalizar la formación de un ejército nacional moderno. En esta dirección, el presidente Roca dio inicio a una serie de reformas militares y se creó la Escuela Superior de Guerra para la instrucción superior. Luego del conflicto con Chile, Roca decidió fortalecer los vínculos con Alemania, como lo había hecho aquel país análogamente años anteriores. Para llevar adelante este plan, nombró al militar Lucio V. Mansilla como embajador, a través de quien procuraba captar mayor atención por parte del Kaiser, dado el prestigio con el cual los germanos percibían a los miembros del ejército. El peligro latente con el país limítrofe motivó la contratación del coronel Arent como director de la Escuela Superior de Guerra en 1899. Este instó a las autoridades argentinas a profundizar el proceso de modernización del ejército bajo una impronta prusiana. Dentro de aquella institución la doctrina militar alemana logró expandirse a través de la instrucción dictada por los militares germanos. La inspiración en el modelo germano se reflejó también a partir de la instauración del servicio militar obligatorio que, a pesar de que la ley llevaba el nombre del general Riccheri, contó con una activa participación de Arent en su formulación.

A partir de 1900 comenzaron a enviarse oficiales argentinos a Alemania para incorporarse al ejército imperial. Entre 1900 y 1914 aproximadamente 200 militares argentinos fueron enviados a Alemania (Dick, 2010: 180-181). Hasta 1910 las transferencias militares germanas lograron adquirir gran supremacía, a pesar de las tensiones generadas con quienes defendieron a los sectores tradicionalistas dentro del ejército y los adeptos al modelo militar francés. Para un sector de los militares, profesionalizar al ejército significaba germanizarlo. Entre quienes encabezaban este discurso, se encontraba José Félix Uriburu, quien había ingresado en la Escuela Superior de Guerra como capitán en 1900, dos años después se incorporó en el Regimiento N° 1 de Artillería de la Guardia Imperial del ejército prusiano y, entre 1907 y 1912, se hizo cargo de la dirección de la institución. Uriburu y el teniente coronel Kinkelin, quien además se transformaría en corresponsal durante la guerra, se convirtieron en los principales defensores de la germanización del ejército y en fervientes portavoces de las virtudes exaltadas por el modelo alemán. No obstante, el rumbo del paradigma germano en Argentina se encontró estrechamente ligado a las vicisitudes de la coyuntura política nacional sujeta a la renovación presidencial, los recambios del Ministro de Guerra y la postura de una parcialidad de la opinión pública, que por momentos permaneció hostil a la presencia alemana en el ejército (García Molina, 2010: 45, 49, 77 y 121). Con el estallido de la Gran Guerra cesó la presencia de oficiales alemanes en Argentina, ya que debieron partir para cumplir con sus obligaciones en la conflagración. No obstante, la influencia germana en el ejército no se vio interrumpida, prolongándose en militares germanófilos como Uriburu que insistieron en sostener el legado.

Germanidad y militarismo

Lo señalado convalida la alta influencia de la cultura germana en el ámbito castrense a través de las transferencias militares.6 Así como Alemania fue reconocida en Argentina por su ciencia e industria, del mismo modo se percibió su organización militar, más allá de las disputas con otros paradigmas y el repudio coyuntural por parte de la opinión pública. Incluso en aquellas revistas que frecuentemente se pronunciaron en contra de los países centrales, se escribieron artículos que reivindicaron el poderío del ejército alemán. A pocas semanas de la invasión de Bélgica –considerando el repudio que este hecho despertó en la opinión pública argentina–, Fray Mocho publicó una nota de características descriptivas, cuyo contenido destacaba la disciplina y organización del ejército alemán:

[…] se trata de la más formidable máquina de guerra montada por el genio del hombre. Una parcialidad excusable suele hacerle objeciones, pero cada una de estas objeciones concurre al acabo que universalmente estamos convencidos de la tremenda potencia de esta máquina (“El ejército alemán”, 11 de septiembre de 1914, Fray Mocho).

No obstante, la prensa que simpatizó con la causa aliada tendió a reproducir los conocidos estereotipos de los alemanes asociados a la idea de barbarie y advirtió sobre las intenciones expansionistas del Kaiser que amenazaban a la civilización occidental. Se planteaba así el contraste entre Kultur y civilización. La primera, de carácter singular, respondía a una particular caracterización lingüística y cultural de la tradición germana; la segunda, de alcance universal como consecuencia de los valores ilustrados consolidados a partir de 1789. Como afirma Rinke (2019: 111), el desafío consistió en construir un nuevo estereotipo de bárbaro que no se asociase a la imagen racista tradicional sobre los habitantes de las colonias europeas, sino a los alemanes. Debía explicar cómo un país “blanco y europeo” había llegado a semejantes niveles de barbarie. El uso de analogías que trazaron un –forzado– puente entre los acontecimientos de un pasado lejano y el presente de la guerra resultó una estrategia común. Un conocido ejemplo es el de Barroetaveña, quien comparó a Alemania y a Francia con Esparta y Atenas, respectivamente (Barroetaveña, 1916: 111-128); del mismo modo, Arturo Giménez Pastor publicó un artículo en Fray Mocho, en el cual describió la expansión de Atila sobre Europa Occidental, trazando un claro paralelismo entre la barbarie del rey de los Hunos y las atrocidades adjudicadas al ejército alemán (“El caballo de Atila”, 6 de noviembre de 1914, Fray Mocho).

La invasión a la neutral Bélgica resultó un ejemplo recurrente para confirmar esos argumentos, donde el asesinato de civiles, como el de la enfermera británica Edith Cavell en Bruselas o el del vicecónsul argentino en Dinant Rémmy Himmer, sumado a la destrucción de ciudades, favoreció la reproducción de la imagen de una “Bélgica mártir”, víctima de las “atrocidades alemanas” (Tato, 2017: 31 y Sánchez, 2014: 134). En 1915, continuaban vigentes las acusaciones contra Alemania al respecto. La revista La Nota publicó un artículo en el mes de noviembre que exponía la “barbarie alemana” y, a través de las palabras del profesor Kohler de la Facultad de Derecho de Berlín, justificaba el accionar de Alemania. Luego de su testimonio, la revista agregaba:

El alemán obcecado por la más grosera soberbia, incapaz en absoluto de comprender la virtud y el derecho ajenos, considera una bien castigada falta el patriotismo y la dignidad del ahora tan triste y nunca tan grande pueblo de los belgas (“El sentimiento alemán”, 27 de noviembre de 1915, La Nota: 317).

Los mencionados argumentos actuaban como muestra probatoria de la prusianización de Alemania, expresada principalmente en la estricta disciplina de su ejército, ilustrada como un rasgo propio de su autoritarismo:

Es necesario que el soldado sienta siempre que existe mayor peligro atrás que adelante. El soldado alemán es un resorte mecánicamente dirigido hacia el peligro del frente por temor al peligro de atrás (“El valor alemán”, 11 de diciembre de 1915, La Nota: 357).

En lo correspondiente a Germania, se observaron discursos que apuntaron primordialmente a revertir las acusaciones sobre las responsabilidades de Alemania en el inicio de la conflagración, pero, al mismo tiempo, reivindicaron la actitud beligerante del gobierno alemán, justificada por la “condena” de su situación geográfica y la supuesta superioridad económica, científica y militar de su Imperio. Los argumentos que intentaron contrarrestar las acusaciones de los aliados sobre la culpabilidad de Alemania frente al estallido de la conflagración apuntaron a destacar que, desde hacía varios años, el imperio había logrado alcanzar el predominio militar en Europa, por lo tanto, solo hubiera bastado con la voluntad del Kaiser para vencer con facilidad a cualquier adversario antes de 1914. Sin embargo, también se trató de matizar esa faceta bélica enfatizando los aportes materiales y culturales de Alemania al resto del mundo, como una estrategia para asimilar al país germano con los ideales del mundo civilizado. Desde esta postura, se sostuvo que el recelo de las otras potencias “empujó” al Imperio alemán a la guerra:

¡Ese es el crimen de que se le acusa! ¡Esos son sus siniestros designios! ¡Haber buscado, lícitamente, honestamente, el mejoramiento de la vida para sí y para los demás!

Esa es la causa real y positiva de la guerra, que no podía ser buscada por quienes bajo la égida de la paz avanzaba a pasos de gigante, sino por quienes veían con nerviosa inquietud apagarse el brillo de sus cetros (Germanicus, 16 de septiembre de 195, “¿A quién incumbe la responsabilidad en la guerra?”, Germania).

Esta mirada se refería a la envidia del resto de las potencias europeas frente al acelerado y “pacífico” crecimiento de Alemania. El artículo fue escrito como nota editorial firmada con el seudónimo Germanicus; en sus líneas se evidenciaba la intencionalidad de revertir la imagen del Imperio ante la opinión pública local. Otros textos no advirtieron en su contenido una preocupación por mitigar el militarismo germano a los ojos de los lectores; en general, se trató de escritos realizados por funcionarios o militares de alto rango. El Dr. Johannes Reinke, miembro de la Cámara Alta de Prusia, defendió abiertamente al militarismo como un aspecto fundamental para la política exterior de las naciones, más importante que los asuntos políticos internos. Describió a los diferentes tipos de militarismos, de acuerdo a las particularidades de cada país, y culminó enalteciendo al militarismo germano, descripto como una “fuerza en ascenso” producto de la unión del pueblo que había subordinado los deseos individuales a los intereses del Estado (Reinke, 1 de enero de 1916, “Pueblo y Estado”, Germania). La glorificación de la voluntad colectiva asociada a la guerra en tanto rasgo esencial de la comunidad fue el hilo conductor que caracterizó al militarismo alemán a lo largo de los números de la revista y por lo cual buscó distinguirse del resto de los ejércitos beligerantes. Remitía al concepto de Volkgeist (“espíritu popular”) y fue contrastado con el individualismo materialista adjudicado a los enemigos del imperio. Franz Klein, Ministro de Justicia austríaco, escribió en el tercer número de Germania sobre los beneficios de la guerra para estimular “el voluntarismo” del pueblo sobre el individualismo. El autor subrayaba una serie de aspectos racionales que fortalecían la subordinación del interés individual a las necesidades del Estado, pero esencialmente ponía foco en el “elemento místico” que había desvelado la guerra de las “ocultas entrañas”:

Viene de aquellas obscuras zonas del conocimiento donde está acumulada la herencia de miles de años de experiencia de la humanidad, y las fuentes de donde brotan los más simples impulsos animales, como brotan los más sublimes y divinos pensamientos y sentimientos, y de las cuales se forman las diversas fases de la civilización (Klein, 1 de Julio de 1915, “El mundo ante el espejo de la guerra”, Germania).

En las palabras del ministro se reflejaba la influencia del romanticismo; interpretaba a la germanidad, más allá de las fronteras políticas, como una comunidad cultural. El “espíritu germano” era el que propiciaba la unidad nacional, traspasando la dimensión territorial, política y económica de la realidad. De esta forma, se rescataron los aportes del militarismo germano hacia otras “virtudes” del Imperio, es decir, como el motor que había impulsado los logros en materia de economía, educación y ciencia, al consolidar el sentido de pertenencia nacional en la población, principalmente gracias al establecimiento del servicio militar obligatorio:

Los beneficios que Alemania ha recibido de su ley militar son de mayor trascendencia en cuanto se refiere a su existencia como entidad soberana; no sólo da hombres fuertes y vigorosos y preparados para el mejor aprovechamiento científico del trabajo, sino que ha contribuido a formar el alma nacional (Ramedlav, 1 de noviembre de 1915, “Militarismo”, Germania).

Se reconocía la capacidad de crear hombres útiles –fuertes y vigorosos– para el Estado, ya sea para defenderlo o contribuir a través de la producción. Lo mismo había planteado Von Der Goltz al escribir que de la única manera que una nación lograba asegurarse un lugar seguro en la historia era cuando el espíritu guerrero marchaba a la par de la cultura general (1883: 18). Los fragmentos que abordaron esta temática dejaron en claro que la guerra había logrado borrar las diferencias entre los individuos para elevar al Volk en su máxima expresión. Del mismo modo se pronunciaba sobre los “germanoargentinos” que partieron a defender a su país “cruzando los mares poblados de enemigos”, cambiando sus nombres ante la convocatoria del cumplimiento del deber en nombre de su patria. La germanidad no respondía a las circunstancias geográficas, sino que era inherente a la esencia de su pueblo. La guerra se percibía con optimismo y era una circunstancia necesaria para impulsar el progreso de Alemania y de la humanidad (“Las víctimas de la guerra”, 1 de octubre de 1915, Germania).

El militarismo también estuvo presente en las portadas, las primeras de las cuales pusieron énfasis en la capacidad militar del Imperio. Las primeras tres ediciones esbozaron en primer plano las fotografías de Hindenburg, August von Mackensen –figuras triunfantes en la batalla de Tannenberg contra Rusia– y del archiduque Federico de Austria, quien también actuó como Comandante en Jefe del ejército austro-húngaro. Cada uno apareció rodeado por el escudo de los imperios alemán, austro-húngaro y otomano, este último colocado debajo de los otros que se ubicaban simétricamente a los costados. Sobre la fotografía se erguían dos soldados con las banderas y los respectivos uniformes de los imperios alemán y austro-húngaro y, en el centro, la cruz de hierro sobre la cual reposaba el águila imperial (Imagen 2).

Portada del primer número de la revista con la fotografía de Hindenburg. Germania, 1 de junio de 1915

A partir del número 4 se modificó el diseño de tapa, reduciendo el tamaño de la fotografía y colocándola más cerca del margen derecho, lo mismo sucedió con el símbolo de la cruz de hierro que apareció en el margen inferior izquierdo. Sobre la imagen del general se ilustró a un soldado medieval con su armadura, empuñando su espada y escudo, arriba del cual reposaba el águila. Por debajo, se ubicaron los emblemas de los Imperios, siempre el de Alemania más elevado que el resto y el Otomano por debajo de los otros y en menor tamaño. En el fondo se podía observar un castillo, que podría asimilarse al de los Hohenzollern, cuna de la familia de los reyes de Prusia y emperadores de Alemania (Imagen 3).

Cambio en el diseño de portada a partir del cuarto número. Germania, 16 de julio de 1915

El tópico militar continuó presente en las portadas; sin embargo, las fotografías de los generales germanos comenzaron a situarse en el interior de la revista. En las últimas publicaciones, los símbolos que aludieron directamente a la guerra estuvieron ausentes, se continuó invocando un pasado medieval, pero se hizo hincapié en la nobleza al ilustrar una pareja de jóvenes en un ambiente natural, lo que rememoraba la vocación de un pueblo rural (Imagen 4).

Esta modificación en los diseños de las portadas evidencia un cambio en la estrategia de publicación, posiblemente ligado al estancamiento de ambos bandos en el campo de batalla y al hecho de que la guerra de trincheras generó cierta mesura en los ánimos triunfalistas del comienzo de la guerra.

Portada del número 22. Germania, 16 de abril de 1916

La disciplina del ejército alemán fue uno de los aspectos más explotados por parte de la revista. Apelar al pasado resultó una estrategia frecuente para legitimar al militarismo alemán como constitutivo de la germanidad; procurando trazar la continuidad de una herencia cultural militar desde tiempos remotos hasta el presente de la guerra, no solo a través de las palabras escritas, sino también por medio de las imágenes. Así, una ilustración rememoraba el triunfo de Arminio sobre el ejército romano de Varo en el bosque teutónico (Imagen 5). Arminio fue el nombre romano otorgado a un jefe de la tribu germana de los queruscos, quien puso un límite al expansionismo del Imperio Romano a través de un épico triunfo en la batalla de Teutoburgo (Esteban Ribas, 2014). El triunfo de Hermann (Arminio) se transformó en un ejemplo de liberación nacional en el siglo XIX, materializado en el Hermannsdenkmal construido por Ernst von Bandel entre 1841 y 1875 en el bosque de Teutoburgo. La inauguración de este monumento requirió los aportes monetarios de los jóvenes alumnos de los institutos secundarios, lo que representaba un esfuerzo de la acción nacional (Mosse, 2019: 81-82). La batalla de Teutoburgo y otras más recientes como las de Leipzig y Sedán fueron celebradas con festividades anuales y homenajeadas con sus respectivos monumentos que habían sido construidos en el siglo XIX. En Germania se ilustraron imágenes que recuperaban esos hechos históricos e hicieron eco de la superioridad militar germana como uno de los rasgos esenciales de su “raza”, en especial aquellos que reflejaron triunfos alemanes sobre Francia.7

Ilustración sobre el triunfo de Arminio (Hermann) en la batalla de Teutoburgo. Germania, 16 de junio de 1915

Por otro lado, se intentó construir una imagen alternativa del militarismo alemán para matizar su faceta rígida y disciplinada. Uno de los temas seleccionados fue el –cordial– trato hacia los prisioneros de guerra. El relato de la vida de los soldados enemigos en los campamentos de detención detallaba minuciosamente los beneficios de los que podían gozar en cautiverio: la libertad para socializar con sus connacionales y practicar los diferentes cultos religiosos; el reconocimiento de las jerarquías militares por parte de las autoridades alemanas; la posibilidad de velar a sus compatriotas fallecidos –homenajeados también por los militares alemanes– y el privilegio de realizar prácticas deportivas y cantos corales.8 Todo ello fue documentado con imágenes que ratificaron el contenido del texto. Se observaba otra cara de los militares germanos, atentos y serviciales con sus enemigos. Esas representaciones de los soldados alemanes como personas alegres y bondadosas se complementaron con otras que los mostraron valientes, disciplinados y voluntariosos. El discurso belicista debía articularse con un estereotipo del soldado alemán que neutralizara al difundido por la propaganda aliada, pero que no dejara de señalar sus aptitudes vinculadas a los valores castrenses. En efecto, en las descripciones de los soldados se permitió la licencia de representarlos como combatientes temerarios, sensibles y alegres frente a sus enemigos. Un artículo titulado “El buen humor del soldado alemán” desarrollaba esta idea. Allí se describía a un militar alegre –hasta para combatir–, predispuesto a conmoverse por una buena comida y el amor de una mujer, aunque sin olvidar el regimiento de servicio. Las risas y las canciones acompañaban al soldado en el campo de batalla:

[…] siempre desborda su sana alegría, su buen humor invariable y nunca desmentido.

Es la risa, la alegría fuerte y sana del soldado alemán.

[…] En las batallas, en los ataques, en las veladas y las guardias de la trinchera, en la pólvora, el soldado halla ocasión para decir una chuscada o una agudeza (“El buen humor del soldado alemán”, 16 de junio de 1915, Germania).

Esta caracterización se complementaba, en el número siguiente, con otra que explicaba el temperamento del soldado alemán. El artículo comenzaba preguntándose de manera retórica si su retrato se correspondía con la imagen construida por la propaganda aliada y ofrecía, a modo de refutación, nuevos calificativos:

El soldado alemán es el tranquilo ciudadano de un pacífico país, un hombre campechano, perfectamente disciplinado.

[…] A menudo han compartido la comida con niños y mujeres en Bélgica y en el norte de Francia, haciéndoles tomar parte en sus fiestas de Navidad (“Son Así”, 1 de agosto de 1915, Germania).

La impronta bonachona se combinaba con la del germano ordenado y respetuoso de los civiles del bando enemigo. Una anécdota semejante en el mismo artículo relataba la experiencia de un grupo de soldados que habían ingresado a un pueblo abandonado y, al no aguantar el caos encontrado, comenzaron a ordenarlo, lo que reflejaba “el espíritu ordenancista” de los militares germanos. De manera frecuente se tomaba a Bélgica como escenario para estas caracterizaciones, sitio donde los alemanes habían sido acusados de las mayores crueldades contra los civiles. La revista evitó participar en la discusión directa sobre este tema, aunque, tangencialmente, hizo mención a través de cuentos o crónicas sobre los amistosos soldados alemanes o mediante ilustraciones en las que podían observarse a civiles belgas situados en las azoteas de las casas disparando a militares alemanes (Imagen 6) y atacándolos mientras descansaban (Imagen 7), lo que justificaba el accionar del ejército alemán que había actuado en represalias (1 de septiembre de 1915, Germania).

Civiles belgas atacando a soldados alemanes. Germania, 1 de septiembre de 1915

Soldados sorprendidos en su descanso. Germania, 1 de septiembre de 1915

Resulta de sumo interés la manera en la que se retrató la vida de los soldados alemanes en los campamentos y en el frente de batalla, así como las autoridades militares y su relación con sus subordinados. El esfuerzo por demostrar el reverso del discurso del autoritarismo alemán propugnado por los aliados condujo a reconstruir al campamento como un espacio idealizado, en el que se ponía en práctica el progreso del hombre en materia armamentística y médica, confortable para los soldados, cuyo amor a la patria opacaba las diferencias de clase:

Individuos de todas la carreras, profesiones y oficios, confúndanse lo mismo en la pelea que los momentos de tregua […]. Ricos y pobres son compañeros, juntos luchan, juntos sufren, compartiendo penalidades y éxitos, sellando muchas veces en la sangre su amistad (“La vida en los campamentos”, 1 de junio de 1915, Germania).

Desde esta mirada, uno de los beneficios de la guerra fue fomentar en los campamentos militares los valores democráticos entre camaradas al disolver los privilegios de clase. Se subrayó nuevamente la voluntad del pueblo para tomar partido en la gesta heroica de la conflagración. Este concepto se extendió hasta la figura del emperador Guillermo II, cuya persona encarnaba la función de padre de los soldados y sintetizaba todos los atributos del Imperio. Ante la celebración de su natalicio, la revista editó un número especial en el cual el emperador, idolatrado por sus tropas, demostraba sus destrezas como gran capitán del ejército y se lo reconocía como un líder cercano a cada uno de sus soldados en el frente de batalla, siendo visto hasta en “las primeras trincheras” (“El emperador y el ejército”, 27 de enero de 1916, Germania). Las afirmaciones sobre la presencia del Kaiser en el campo de batalla fueron reforzadas con fotografías (Imagen 8).

El emperador junto con sus oficiales en Polonia. Germania, 27 de enero de 1916

En los primeros años de la contienda, las trincheras fueron mostradas con mucho entusiasmo y como una novedad en los diferentes medios gráficos, no obstante, algunos cronistas advirtieron también las dificultades y penurias que debieron atravesar los soldados.9 Germania no escondió su optimismo sobre las trincheras, con la salvedad de que puso mayor acento en la “buena” relación entre los soldados y sus superiores. El interés por describir al frente de batalla como un lugar confortable para los soldados alemanes llevó a publicar escritos que detallaron las comodidades de las trincheras, mencionadas en las narraciones de las experiencias bélicas o referenciadas directamente a través de notas informativas. La vida era equiparada con la experiencia cotidiana de los hogares. En el primer número de Germania se publicó un cuento sobre la mujer de un soldado, quien leía una carta enviada por su marido desde el frente de batalla alemán donde se afirmaba:

[…] Poseemos recios trajes y capotes de lana para resguardarnos del frío y hasta encendemos hogueras y braseros. Nos acostamos en camas, como en nuestras casas, y también, como en ellas, tenemos cocinas (“Sí, vivirá Friederich”, 1 de junio de 1915, Germania).

De forma más grotesca se ilustraba a la zona de trincheras como una “colonia de chalets”, que incluso combinaba con el paisaje:

Así vemos en las líneas avanzadas alemanas, donde desde hace más de un año truena el cañón, han surgido del suelo, en medio de las selvas, verdaderas colonias de chalets.

[…] Verdadero gusto artístico revelan las casitas del Argone con su pequeño jardín y terrazas. Todo lo cual armoniosa tan bien con la selva que los rodea (“Arquitectura de guerra”, 16 de abril de 1916, Germania).

Los supuestos cuidados que recibían los soldados germanos en el frente de batalla por parte de sus jefes eran asimilados al amor de un padre a su hijo, cuestión que atenuó los discursos de la rígida disciplina alemana. Los vínculos entre los combatientes se mostraron conformados por lazos afectivos más que jerárquicos. Las fotografías de los “chalets” exhibieron únicamente las moradas de oficiales y las trincheras de los soldados se presentaron a través de ilustraciones (Imágenes 9 y 10), punto que podría sugerir ciertas sospechas.

Fotografía de una morada de oficiales. Germania, 16 de abril de 1916

Ilustración de las trincheras. Germania, 16 de abril de 1916

En la imagen 10 se pueden observar soldados realizando diferentes tareas que poco tenían que ver con la extrema situación en la que se hallaron; por ejemplo, aparecían leyendo, lavando la ropa, confeccionando un canasto; todo en un clima muy armonioso. No obstante, se lograron vislumbrar ciertas tensiones sobre la presunta horizontalidad y camaradería que se mostraba entre los soldados y sus superiores en los campamentos. Las noticias propias, en ocasiones, también justificaron las diferencias existentes entre los soldados y los altos mandos militares:

Nuestros generales ya no pueden buscar la muerte a la cabeza de sus jinetes; tiene que permanecer en su puesto, como alma de todo el organismo que debe responder hasta en sus últimos detalles a sus intenciones y disposiciones. El general de hoy, guerrero y sabio en una persona, guía y gobierna detrás del frente al todo. Necesita conservar la clara visión de la actuación de cada regimiento de cada escuadrón (“Con el Estado Mayor de un ejército”, 1 de abril de 1916, Germania).

Para justificar el resguardo de los generales se apeló al argumento de las nuevas estrategias de combate en la guerra moderna, en la cual, debido a los adelantos tecnológicos, ya no se requería de su presencia en el campo de batalla, sino de su inteligencia para organizar cronométricamente las acciones bélicas.

Consideraciones finales

El reconocido poderío militar alemán, su marcada influencia en la modernización del ejército en Argentina y el estallido de la guerra fueron elementos que propiciaron el predominante militarismo presente en los temas abordados por Germania. Se han analizado las representaciones que funcionaron como argumentos para exhibir ante los lectores una Alemania militarmente disciplinada y fuerte, pero, al mismo tiempo, víctima de las “falsas” acusaciones de los aliados con respecto a su responsabilidad en el inicio de la guerra y a las atrocidades adjudicadas a los soldados alemanes.

A ello responde que las interpretaciones sobre el militarismo variaran de acuerdo a las necesidades de la coyuntura; a la mirada de los autores que aportaron a la revista y al contenido de los argumentos enemigos que se propusieron refutar, por lo cual, desde una primera observación, no se evidenció un discurso unificado al respecto. Sin embargo, se pudo considerar un aspecto en común que estuvo presente de un modo más o menos explícito en la mayor parte de las publicaciones analizadas. Más allá de la diversidad de significados, el militarismo fue esbozado como una expresión colectiva del Volk, por lo cual en el ejército se cristalizaban todos los logros materiales del Imperio alcanzados en otros ámbitos, exponiendo la esencia de la germanidad; a ello remitieron estrategias discursivas que rememoraron hechos y símbolos de un pasado lejano para, por ejemplo, trazar una continuidad entre el triunfo de los guerreros germanos sobre los romanos y la supuesta futura victoria del ejército imperial contra los aliados.

No obstante, el discurso militarista fue atenuándose con el correr de los números. La esencia belicista conferida al pueblo alemán y el autoritarismo adjudicado a su ejército fueron resignificados con representaciones que mostraron una mirada más sensible de Alemania; soldados más humanizados y una tropa cuya disciplina se sostuvo por lazos afectivos más jerárquicos.





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Sobre el autor

Marcelo Alejandro Ingrassia es Especialista en Ciencias Sociales con mención en Historia Social (Universidad Nacional de Luján), Profesor en Historia (Instituto Superior del Profesorado Dr Joaquín V. González) y Profesor Nacional de Educación Física (Instituto Superior de Educación Física N°1 Dr. Romero Brest). 

Maestrando en la Universidad Nacional de Luján, el tema de investigación de su tesis se centra en el estudio de las representaciones de la revista Germania durante la Gran Guerra en Argentina.

Se desempeña como docente de enseñanza Media y Superior en instituciones de gestión estatal y privada.


https://orcid.org/0009-0007-6046-5749

About the author

Marcelo Alejandro Ingrassia is a Specialist in Social Sciences with a mention in Social History (National University of Luján), Professor of History (Higher Institute of Teaching Dr Joaquín V. González) and National Professor of Physical Education (Higher Institute of Teaching of Physical Education N°1 Dr Romero Brest).

Master’s student at the National University of Luján, his dissertation research topic is focused on the study of the representations of the Germania magazine during the Great War in Argentina.

He works as a teacher of secondary and higher education in state and private institutions.

1 En base a un relevamiento historiográfico de los estudios culturales de la guerra, González Calleja afirma de manera sintética que la cultura de guerra refiere al “conjunto de prácticas e imaginarios generados en tiempos de conflicto armado, que difieren de las de tiempo de paz […]. En tanto que mezcla de prácticas, experiencias y representaciones forjadas durante un conflicto, la cultura de guerra engloba una amalgama de elementos de muy diverso tipo (organizativos, materiales, psicológicos o discursivos), sobre los medios a través de los cuales los grupos sociales y los individuos dan sentido a la guerra y adaptan sus vidas y su lenguaje a la situación que ésta crea” (2008: 61-71).

2 Se han encontrado telegramas que evidencian el envío de dinero por parte del Sr. Eduardo Retienne al Vice-cónsul argentino, Sr. Ernesto Sommer, en Wiesbaden. Ver: Retienne Eduardo. (1919). Legajo VII 58, Caja 47, Ministerio de Relaciones Exteriores y Cultos.

3 Los países en los que se distribuyó fueron: Chile, Paraguay, Perú y Uruguay (Germania, 16 de junio de 1915).

4 Entre los auspiciantes figuraban productos, comercios y empresas, incluso profesionales particulares como médicos y abogados. En su mayoría se mantuvieron estables a lo largo de los 24 números. A continuación los mencionaremos: Link & Cía.; Koerting Hermanos; Alberto Winter Oficina Técnica; Hugo Kern & Cía.; Vilmar, Rimpler& Cía.; Bruno Daniel & Cía.; Siemens; Robert, Pusterla& Cía.; H. Stenberg& Cía.; Henkell Trochen; Hasenclever& Cía.; Jenghans Hermanos Ltda.; Illing& Cía.; Lloyd Norte Alemán; Banco Alemán Transatlántico; Banco Germánico de la América del Sud; Weygand& zum Felde; Aceros Boecker; Cristian Sielburger; Standt& Cía.; Wierung& Cía.; Julio Peter & Cía.; Heinlein& Cía.; Gravenhorst Hnos.; Continental; Droguería Nacional; Prof. Gromsch oficina de traducciones; Biolitin; Kirschbaum& Cía.; Gesell & Cía.; G. Schmidt; Philips; Lindwedel; Schreyer y Cía.; Curt. Berger y Cía.; Ceresita; Farmacia de Suiza Franz Xavier Rothilin; Soc. Argentino-Germana de Abonos Ltda.; A. H. Müller, LeonElpern; F. Meiner; J. Weiss &Preusche; DriedrichsundDencker; GrünebergerWerke; Cigarros H. Upmann; Steffens&NölleAktiengesselschaft; El Edén Hotel; Hotel Kaiserhoff; Buddensieg; Heine & Cía.; Seguros la Germano-Argentina; Motores Otto Diesel; Hossmann& Cía.; Gustav Wüst joyería.; “Zum Fürsten Bismarck” restaurante alemán; Tigre Hotel; Otto Beine e hijo; Dentífricos DAF y Dentífrico Blandol.

5 Los intelectuales locales, cuyos escritos se publicaron en Germania, fueron: Julio Barrera Oro; Carlos O. Bunge; Ernesto Drangosch; Carl C. Hosseus (era alemán pero residía en Argentina); Calixto Oyuela y Juan P. Ramos. Respecto a los extranjeros, se encontraron: Dr. Máximo Asenjo; Jacinto Benavente; Houston S. Chamberlain; el premio Nobel de Literatura, Profesor Rudolf V. Euken; Dr. Otto Lubarsch; Juan Pérez Zuñiga; Otto Wagner y G. W. Zimmerli.

6 Sobre el concepto de transferencia cultural, Olivier Compagnon se refiere a “la forma en que el producto cultural circula y se transforma por el hecho mismo de la circulación”, en este sentido, “las transferencias culturales permiten enfoques más complejos de la circulación de ideas” (2009: 7).

7 Las imágenes mostraban sucesos que podían resultar humillantes para los franceses. Así, en el número 20 se ilustró el encuentro entre Bismarck y Napoleón III en la carretera de Donchery y en el siguiente, al canciller alemán escoltándolo frente a Guillermo I (Germania, 16 de marzo de 1916 y 1 de abril de 1916).

8 Especialmente se señaló la diversidad étnica presente en el campamento de prisioneros como una manera de exponer el reclutamiento de soldados provenientes de las colonias de los países aliados (“En los campamentos de prisioneros”, 1 de agosto de 1915, Germania).

9 Para mayor información en referencia a las notas optimistas sobre las trincheras, ver: Javier Bueno. (6 de marzo de 1915). “Caras y Caretas en la guerra. En las líneas francesas - En plena batalla - Cantos y tiros - Una noche en las trincheras”. Caras y Caretas; Vicente Blasco Ibáñez. (6 de agosto de 1915). “En las trincheras”. Fray Mocho (21 de agosto de 1915), “Una joyería en las trincheras, PBT.

Por el contrario, el cronista Juan José de Soiza Reilly se refiere a las trincheras como “cuevas de topos” al describir la experiencia de soldados alemanes, cuyo patriotismo se había atenuado en el frente de batalla (Sánchez, 2017).

* Una versión preliminar de este artículo fue presentada en la II Jornada de Investigadores en Historia de la Guerra y las FFAA (siglos XX-XXI), realizada de forma virtual los días 29, 30 y 31 de agosto de 2023 y organizada por el Grupo de Estudios Históricos sobre la Guerra (GEHiGue) del Instituto de Historia Argentina y Americana “Dr. Emilio Ravignani” (UBA/CONICET).