Unidades contrainsurgencia portuguesas

Angola 1961-1974



Julio Alberto Alfonso González

Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED), España

azpilgoeta@hotmail.com


Fecha de recepción: 15/07/2024

Fecha de aceptación: 30/09/2024



Resumen

Entre 1961 y 1974, Portugal se vio inmerso en una cruenta guerra colonial en tres teatros distintos de África, en un intento desesperado de preservar su imperio. La nación lusa era una de las más pobres de Europa y además contaba con una población numéricamente muy inferior a la de otras potencias coloniales como Francia o el Reino Unido. A pesar de ello, el régimen dictatorial que encabezaba Antonio de Oliveira Salazar se negaba en redondo a cualquier concesión que encaminase a sus territorios ultramarinos a la independencia, empeñándose por ello en un largo conflicto de casi catorce años que costó la vida a miles de jóvenes portugueses y dejó al país arruinado. Finalmente, esto fue en vano, ya que un golpe militar derribó la dictadura en 1974 y concedió la independencia a las colonias de la nación ibérica. Para afrontar el desafío de derrotar a los movimientos insurgentes en Guinea, Angola y Mozambique, Portugal tuvo que adaptarse a un modo de enfrentamiento para el que no estaba preparada, la guerra subversiva. Esto implicó que debieron desarrollar toda una doctrina de combate, útil para este tipo de enfrentamiento, y sobre todo crear y desarrollar las fuerzas capaces de llevarlo a cabo. Vamos a analizar estas unidades contrainsurgencia en el teatro bélico de Angola.

Palabras clave: Angola, Guerrilla, Portugal, Contrainsurgencia, Colonialismo



Portuguese counterinsurgency units

Angola 1961-1974



Abstract

Between 1961 and 1974, in a desperate attempt to preserve its empire, Portugal became embroiled in a brutal colonial war on three different African fronts. The Portuguese nation was one of the poorest in Europe and had a population far smaller than that of other colonial powers such as France or the United Kingdom. Despite this, the dictatorial regime led by António de Oliveira Salazar steadfastly refused to make any concessions that would lead its overseas territories toward independence. This resulted in a long, nearly fourteen-year conflict that claimed the lives of thousands of young Portuguese men and left the country in ruins. Ultimately, it was all in vain, as a military coup overthrew the dictatorship in 1974 and granted independence to the colonies of the Iberian nation. To face the challenge of defeating the insurgent movements in Guinea, Angola, and Mozambique, Portugal had to adapt to a mode of conflict for which it was unprepared: subversive warfare. This required the development of a whole new combat doctrine suited for this type of warfare and, above all, the creation and expansion of forces capable of carrying it out. We will analyze these counterinsurgency units in the war theater of Angola.

Keywords: Angola, Guerrilla, Portugal, Counterinsurgency, Colonialism



Introducción

En 1961 África se encontraba inmersa en pleno proceso de descolonización, todos los viejos imperios coloniales estaban concediendo la independencia a los territorios que controlaban en el continente. Aunque había uno que no había dado un solo paso en esa dirección, el portugués. En ese momento de la historia, Portugal estaba regido por el régimen que encabezaba Antonio Oliveira de Salazar desde 1932, el Estado Novo. Se trataba de una dictadura conservadora, de gran raíz católica y que ejercía una fuerte exaltación del nacionalismo portugués. Es por ello por lo que, desde su óptica, existían razones políticas de tipo interno y externo para no abandonar su imperio. La posesión de enormes territorios coloniales satisfacía el orgullo y estima nacionales y le confería un papel en la política internacional que de otro modo un país tan pequeño y escaso de recursos no podría obtener (Abbott y Ribeiro, 1988: 4). Un famoso mapa adornaba todas las escuelas portuguesas, en él sobre la representación de Europa se superponían todos los territorios portugueses bajo el lema, “Portugal no es un país pequeño”.

Salazar explotó el sentimiento y la ideología colonial hasta las últimas consecuencias, en las escuelas portuguesas se imbuía a los escolares de la grandeza de la obra civilizadora de Portugal en África. Dios poco menos que había creado a la raza portuguesa para evangelizar y llevar el progreso y la civilización a los pobres africanos. Por paradójico que parezca, esa postura estaba motivada más por su propia debilidad nacional que por su fortaleza como potencia. Al ser de las naciones europeas más pobres y atrasadas, no podía confiar en controlar a sus colonias de otra manera que no fuera el dominio directo puro y duro (Estado-Maior do Exército, 1988: 150). Francia y en menor medida Gran Bretaña, se podían permitir el seguir controlando a sus excolonias por medio del control económico o financiero o la intervención militar ocasional en caso de peligrar sus intereses. A Portugal no le quedaba más alternativa que jugar al todo o nada, su puesto de nación privilegiada como antigua metrópoli seria ocupado por otras naciones más poderosas sin duda alguna.

Con el planteamiento salazarista no quedaba otra opción que prepararse para mantener, por los medios que fuesen necesarios, la soberanía lusa sobre sus colonias, oficialmente provincias, y claramente la opción de los choques armados estaba sobre la mesa. En aquel momento Francia libraba una larga y sangrienta guerra contra los independentistas argelinos y no hacía mucho que el Reino Unido había tenido que enfrentar una sangrienta rebelión, llamada de los Mau Mau, en la actual Kenia. A su vez se extendían por el continente los discursos hablando de libertad y de la emancipación de los pueblos indígenas, fomentados además por las nuevas naciones independientes africanas. Además, en muchos casos estos implicaban ideas afines con los países del bloque soviético. Inevitablemente todo esto iba a ir calando entre la población del África portuguesa (Policarpo, 2006).

La población colonial estaba claramente estratificada a nivel legal, por un lado, estaba la población blanca, la mestiza y la indígena considerada suficientemente civilizada, los llamados asimilados, personas alfabetizadas que demostraban lealtad a Portugal y seguían las costumbres europeas en lugar de las africanas. Por otro lado, la gran masa de población nativa. Esta población carecía de muchos derechos y además estaba sometida a un régimen de trabajo obligatorio para los amos portugueses, con características que rozaban la esclavitud (Abbott y Ribeiro, 1988: 5). Esto permitía la existencia de un gran caldo de cultivo para que creciesen las ideas nacionalistas, ideas que curiosamente iban a ser encabezadas por mestizos y asimilados, al ser los más preparados a nivel cultural y quienes mejor conocían a los portugueses.

Centrándonos en Angola, 1960 es el primer año en el que alcanzan la independencia países que hacen frontera con ella. Se trata de los dos Congos, el francés, con un gobierno de corte socialista y el belga, que pronto se verá sumido en una larga y compleja guerra con múltiples actores. Esto hace que las fronteras de la colonia portuguesa dejen de ser seguras, al permitir que los movimientos nacionalistas puedan tener en caso necesario, santuarios para sus grupos armados. Al año siguiente, 1961, se va a producir un primer chispazo violento en Angola, al producirse una rebelión en la región de Baixa Do Cassange, donde la UPA (Unión de los Pueblos de Angola), aprovechando el descontento de la población con el trabajo forzado para los portugueses en la producción de algodón, a través de la Cotonang (Companhia Geral dos Algodoes de Angola) (Alexandre, 2021: 55). La explotación a la que son sometidos los nativos, mezclada con las noticias que les llegan de las nuevas naciones africanas, en especial el cercano Congo y el uso de cierta efervescencia religiosa, son utilizados por la organización nacionalista para lanzar este primer intento, alzándose en armas y atacando objetivos portugueses (Alexandre, 2021: 83-84). Este primer choque es rápidamente controlado por las autoridades, sin necesidad de grandes esfuerzos. A finales de enero, mientras quedaba suprimido el levantamiento anterior, un opositor portugués, Henrique Galvao, secuestra un trasatlántico en el océano Atlántico, junto a un grupo de exiliados lusos y españoles y anuncia que se dirige a Luanda, capital de Angola (Estado-Maior do Exército, 1998: 137-138). Esto era falso, pero hizo que mucha prensa internacional se concentrara en la ciudad, lo que fue aprovechado a primeros de febrero por el MPLA (Movimiento Popular de Liberación de Angola) para lanzar ataques coordinados contra la cárcel y varios cuarteles de la capital, sin éxito militar, pero logrando una gran repercusión (Estado-Maior do Exército, 1988: 55-56), aunque en un principio la PIDE, la policía secreta de Salazar intentó ocultar la autoría de la acción, pronto se demostraría que efectivamente la autoría era del MPLA (Alexandre, 2021: 107-110).

Finalmente, en marzo de 1961 se va a producir el hecho que se considera el inicio oficial de las guerras de ultramar portuguesas. Al norte de Angola, atacando desde las bases que habían establecido en el antiguo Congo belga, la organización nacionalista UPA (Unión de los Pueblos de Angola) lanza un brutal ataque contra los colonos blancos de la zona (Castro, 2012: 67). Aunque los servicios de inteligencia lusos habían avisado a las autoridades de que se planeaba algún tipo de acción violenta desde el otro lado de la frontera, esta no tomo medidas para evitarla. En los primeros días el desastre fue absoluto, las escasas fuerzas presentes en la zona son completamente desbordadas por los rebeldes y cerca de 1.000 colonos blancos mueren asesinados, junto a varios miles de nativos considerados colaboracionistas por los insurgentes. La fuerza atacante, aunque numerosa, está muy mal armada y pésimamente organizada, pero, aun así, la reconquista del territorio llevará meses, y necesitará de la llegada de numerosos refuerzos desde la metrópoli (De Matos Gomes y Afonso, 2007: 574). La represión portuguesa a consecuencia fue brutal (Estado-Maior do Exército, 1988: 105-109).

En Lisboa saltan todas las alarmas, y comienzan a acelerarse los planes de reforma militar que ya estaban esbozados desde pocos años antes. 1961 además traerá más disgustos a la dictadura. Por un lado, en el actual Benín, entonces Dahomey, se encontraba la pequeña fortaleza de Sao Joao de Ajuda, posesión lusa desde la época esclavista. Lisboa se había negado a las reclamaciones dahomeyanas para su restitución, así que estos decidieron tomarla por la fuerza, los defensores eran cinco hombres. Antes de que el edificio fuese tomado, el gobernador, cumpliendo órdenes, le prendió fuego (Estado-Maior do Exército, 1998: 139-140). Más lejos aún, en diciembre de ese año en la costa occidental de la India, se encontraban las posesiones portuguesas de Goa, Damao y Diu, enclaves totalmente rodeados por la India independiente. El gobierno de Nehru llevaba años reclamando la restitución de estos territorios al nuevo país, pero la posición de Salazar era la misma, negativa rotunda (Estado-Maior do Exército, 1998: 337-338). Finalmente, en este último mes del año, India lanzó la enorme Operación Vijay, en la que participaron más de 45.000 hombres, que derrotaron con facilidad a los menos de 4000 militares portugueses presentes en la India (Estado-Maior do Exército, 1988: 104).

En Portugal comenzaron a tener claro que, si querían conservar su imperio, iban a tener que mejorar enormemente sus capacidades militares y prepararse para combatir en escenarios muy lejos de la metrópoli y contra fuerzas que iban a realizar una lucha de guerrillas, que como se había visto en Indochina, Argelia, Malasia o Cuba, podía ser realmente eficaz y difícil de combatir para naciones en muchos casos más poderosas que el pequeño y pobre país ibérico. Urgía aumentar los efectivos y disponer de unidades de combate con el entrenamiento adecuado para enfrentarse a la insurgencia (Estado-Maior do Exército, 1988: 148).

En este artículo vamos a analizar si hubo una transformación orgánica entre las fuerzas militares desplegadas en ultramar en 1961, y que unidades crearon o desarrollaron para hacer frente específicamente a las distintas fuerzas guerrilleras que operaron en el territorio de Angola, que es en el que nos vamos a centrar. Analizaremos también si el uso y utilización de estas unidades supuso una transformación en el modo de hacer la guerra de los portugueses. Para ello vamos a comparar las unidades presentes en Angola y que doctrina tenían en 1961 y las que operaban en 1974, momento en el que con el golpe denominado Revolución de los Claveles, terminó este largo y sangriento conflicto.



Situación inicial en Angola

Tenemos que considerar que Angola era un territorio de 1.250.000 kilómetros cuadrados, con una escasa densidad poblacional (Estado-Maior do Exército, 1989: 17), ya que no llegaba a los cinco millones de habitantes, de los cuales cerca de doscientos mil eran blancos (Estado-Maior do Exército, 1989: 26). Las infraestructuras eran pobres y las vías de comunicación escasas y de mala calidad. Las capacidades económicas eran importantes gracias a la minería y las plantaciones, eso la hacía una colonia, o provincia en el lenguaje oficial, muy rentable, la mayor de todas. Tenía además de una larga costa, más de 4.800 kilómetros de fronteras. Buena parte de ellas en manos de naciones independientes y hostiles al gobierno lisboeta. Es obvio que el territorio necesitaba unas capacidades militares importantes, si quería poder mantener la seguridad en el territorio y que la autoridad portuguesa siguiese siendo obedecida.

La organización militar portuguesa en 1961 se dividía entre el ejército metropolitano, que era el radicado en la Península Ibérica y las islas de Azores y Madeira y las fuerzas de ultramar. Estas fuerzas de ultramar no eran una entidad aparte de las Fuerzas Armadas Portuguesas, ya que el denominado Ejército de Ultramar, que sí era específico para las colonias, había desaparecido en 1952. Las fuerzas de ultramar eran las unidades destinadas fuera del territorio de la metrópoli, no tenían una entidad orgánica independiente. Estas últimas guarnecían Cabo Verde, Guinea, Sao Tomé, Angola, Mozambique, Timor, Macao y la India portuguesa. La organización en Europa estaba enfocada a un conflicto convencional con el bloque soviético, dentro del marco de la pertenencia de Portugal a la OTAN y la Guerra Fría. Era un ejército de reclutas que realizaban sus dos años de servicio militar, plazo que durante la guerra subiría a cuatro años, equipado principalmente con material estadounidense usual en el bloque occidental y enfocado a una guerra mecanizada. Como grandes unidades contaba con tres divisiones (Estado-Maior do Exército, 1988: 150), mientras su desglose era de dieciséis regimientos de infantería a tres batallones (Venter, 2018: 111), diez batallones de cazadores o infantería ligera, tres de infantería de guarnición en las islas, tres batallones de ametralladoras, uno de tanques, ocho de caballería y once regimientos de artillería, de los cuales siete eran de campaña o montaña. Además, perteneciente a las fuerzas aéreas estaba un batallón de paracaidistas y la marina contaba con unidades de fusileros navales (Estado-Maior do Exército, 1988: 143).

Por el contrario, en las provincias ultramarinas las guarniciones eran escasas, con armamento muy anticuado y compuestas principalmente por indígenas con mandos europeos. En concreto en Angola se contaba con tres regimientos de infantería a tres batallones de cazadores, dos batallones independientes de estos, tres grupos de artillería y un grupo de caballería de reconocimiento (Estado-Maior do Exército, 1988: 146). Supuestamente esto suponía, sobre el papel, que había disponibles cuarenta y cuatro compañías de cazadores indígenas, doce baterías de artillería y cuatro escuadrones de caballería motorizada. La realidad estaba muy lejos de ello y realmente solo existían operativas catorce compañías y algunos destacamentos sueltos de cazadores, cinco baterías de artillería y dos escuadrones de caballería, apenas 9.000 (Estado-Maior do Exército, 1989: 77). A todas luces esto era insuficiente para controlar un territorio tan extenso y complejo, y no digamos ya si además deben llevar a cabo acciones ofensivas contra la insurgencia, algo para lo que carecían de entrenamiento. Hay que tener en cuenta que la contrainsurgencia o contrasubversión, es un tipo específico de guerra, que difiere en numerosos elementos de la convencional. Un aspecto fundamental es que no hay unos frentes definidos ni un ejército claramente identificado en contra. La insurgencia tiende a operar mezclándose con la población civil, a la que pertenecen sus miembros, permitiéndoles así apoyarse en ella y al mismo tiempo, dificultar a las tropas que luchan en su contra su identificación. Además, estas fuerzas subversivas cuando operan en abiertamente lo suelen hacer mediante emboscadas, guerra de minas, atentados y demás acciones propias de la guerra irregular. Por ello para enfrentarse a este desafío operacional, las fuerzas contrainsurgentes deben combinar una gran flexibilidad táctica, que les permita realizar acciones combinadas contra grupos dispersos, y al mismo tiempo tener una rama con carácter más político que busque el congraciarse con la población nativa, mediante la mejora de sus condiciones de vida y la propaganda a favor de las fuerzas regulares. Se trata por tanto de un tipo de guerra no convencional que supone la asimetría de fuerzas entre los oponentes, enfrentando a un ejército regular contra fuerzas que no lo son (Cann, 2005).

Estas fuerzas tenían misiones más propias de una policía o gendarmería, ya que debían guarnecer multitud de poblaciones y puntos estratégicos, como nudos de comunicaciones y minas (Estado-Maior do Exército, 1989: 72). Tenían una doctrina clara a nivel de ultramar que consistía en la defensa del territorio frente a posibles agresiones exteriores y la contención y represión de las amenazas subversivas internas encuadradas en los movimientos antioccidentales y que formaban parte de las maniobras de aproximación indirecta emprendidas por los soviéticos (Estado-Maior do Exército, 1988: 147). Esto les obligaba a dispersar a sus ya exiguos efectivos en pequeñas guarniciones, que como se demostró en el alzamiento de la UPA en 1961, no tenían la capacidad de enfrentarse a un levantamiento general. Esta debilidad además implicaba que no había una masa de maniobra disponible para llevar a cabo acciones ofensivas contra los grupos subversivos, que de esta manera siempre podrían contar con la iniciativa. Por ello los cuerpos del ejército metropolitano se vieron obligados a enviar constantemente y mantener unidades expedicionarias, que servían en Angola como refuerzo y que se iban incrementado año a año. Lamentablemente para los portugueses la guerra se extendió en 1963 a Guinea y 1964 a Mozambique, haciendo mucho más difícil el disponer de hombres para enviar a Angola, al tener que atender tres frentes simultáneamente.

Otra gran dificultad añadida al operativo militar portugués en ultramar fue la prohibición del uso del material norteamericano, el más moderno que tenían, en los frentes africanos (Estado-Maior do Exército, 1988: 292). Los EE. UU. consideraban que Portugal debía tratar de llegar a un acuerdo y acabar la guerra, la idea era descolonizar a la francesa, es decir continuando con el control económico, antes de que tarde o temprano los movimientos independentistas de corte radical o marxista se hicieran con el poder. Consideraban que Portugal tendría que ceder algún día. Para ello tenían su propio programa de como acabar la guerra y dar el poder a algún movimiento prooccidental, ayudarían a Portugal, pero no sería gratis, querían una parte importante del pastel (Estado-Maior do Exército, 1988: 56). Los lusos no querían ni oír hablar del tema, tenía que ser todo o nada. Los portugueses tuvieron que superar esta enorme dificultad utilizando los materiales más antiguos de sus arsenales y comprando armas a otras naciones que si estaban dispuestas a venderles, principalmente Francia y Alemania.



El enemigo

Al contrario que en Guinea o Mozambique, en Angola los lusos van a tener que hacer frente a los brazos armados de tres movimientos políticos distintos, que además van a comportarse como enemigos entre ellos mismos. Esta situación tan excepcional, tuvo además un largo eco, que no fue otro que el hecho de que una vez se hubieron marchado los portugueses y conseguida la independencia, estalló una guerra civil que duró hasta el año 2002. La falta de colaboración entre los insurgentes facilitó mucho las operaciones antisubversivas portuguesas, ya que, al no existir estrategias coordinadas entre estos, pudieron enfrentar por separado a los tres ejércitos guerrilleros (Estado-Maior do Exército, 1988: 112). Incluso llegó a existir colaboración entre las fuerzas colonialistas y alguno de los movimientos rebeldes en determinados momentos.

En 1954 y basándose principalmente en la etnia bakongo, se creaba en el norte de Angola, la UPNA (Unión de los Pueblos del Norte de Angola). Su líder desde el principio fue Holden Roberto. En 1958, cambiaron su nombre a UPA (Unión de los Pueblos de Angola). Bajo este nombre llevaron a cabo el sangriento levantamiento de marzo de 1961, que dio inicio a la guerra en Angola. La UPA se había convertido en 1962 en el FNLA (Frente Nacional para la Liberación de Angola) (Estado-Maior do Exército, 1988: 110) e instalado un gobierno en el exilio, en 1964 en lo que entonces era Leopoldville, hoy Kinshasa, capital del Congo ex-belga. Allí se encontraba lo que parecía el mayor movimiento de liberación nacional angoleño, el Gobierno Revolucionario de Angola en el Exilio, GRAE. Lo encabezaba un personaje con una pinta siniestra que ocultaba su mirada tras unas omnipresentes gafas oscuras, el presidente Holden Roberto. Su principal fuerza no parecía estar en sus peligrosos e indolentes guardaespaldas, sino en su conexión familiar con Joseph Mobutu, en ese momento comandante en jefe del ejército congoleño, y muy pronto presidente y dictador autocrático del país, que era su cuñado. El FNLA declaraba en 1972 tener 10.000 hombres en armas, la mitad o un poco más, nunca más de 6.200, podría ser una cifra creíble. De hecho, después del levantamiento inicial en el norte de Angola en el 61, el FNLA solo operó desde sus bases del Zaire y de forma esporádica y en la zona de los bosques Dambos. El FNLA intento crear una especie de ruta Ho Chi Minh hacia la zona de los montes, pero no obtuvieron ningún éxito destacable (Estado-Maior do Exército, 2006: 40). Poco a poco, el movimiento de Roberto fue perdiendo el apoyo de la OUA (Organización para la Unidad Africana) y este se volvió cada vez más en busca de apoyo hacia el Zaire y China. Parece que también recibió algún tipo de ayuda por parte de los EE. UU., esto no tuvo ninguna importancia hasta que se declaró la independencia en 1975, pero es ya otra historia y otra guerra. Los hombres de Roberto bajo la influencia china intentaron llevar a cabo la estrategia maoísta de guerra popular, pero no tuvieron éxito con ella.

El MPLA había sido fundado en Luanda en 1956 por Viriato da Cruz. Los mestizos y negros asimilados con estudios predominaban en su dirección, como el médico y poeta en lengua portuguesa Agostinho Neto. El MPLA aspiraba a contar con el apoyo de todas las razas y tribus de Angola, en la práctica su apoyo provenía básicamente de los mbundu, asentados en la zona cercana a Luanda (Estado-Maior do Exército, 1988: 109). Su fuerza residía en la capital, ciudad de 500.000 habitantes, ya que era mucho más un movimiento urbano que los otros dos y estaba muy influido por el marxismo. En 1963 Neto expulso a todo rival que le pudiera hacer sombra y se convirtió en el líder indiscutible del MPLA. Por su parte el MPLA se jactaba de controlar el 50% de la colonia, lo que es más que dudoso. Nunca conto con más de 5.000 guerrilleros activos, siendo lo normal unos 4.000 (Estado-Maior do Exército, 2006: 353). Al principio intento operar desde el enclave de Cabinda partiendo desde bases situadas en el ex-Congo Frances, al no encontrar apoyo en la población local trasladaron sus bases a Zambia, independiente desde 1964. Sobre 1967, el MPLA abrió un nuevo frente en las regiones de Moxico y Bie. Para 1974 sus fuerzas se habían visto muy afectadas por los ataques portugueses. Su núcleo duro lo formaban unos 400 guerrilleros que habían sido entrenados en Argelia, los nuevos reclutas habían recibido entrenamiento en la Republica Popular del Congo y algunos en Bulgaria, Checoslovaquia y la URSS. Su armamento era principalmente de origen soviético y su instrucción de combate estaba muy influida por los métodos soviéticos, similares a los aplicados en la Guerra de Indochina.

En 1964, el UPA de Holden Roberto se escindió, y Jonas Savimbi creo la UNITA (Unión Nacional para la Independencia Total de Angola). Este movimiento contaba con el apoyo de las tribus ovimbundu y chokwe del sur de Angola. Savimbi había sido el máximo colaborador de Roberto como su ministro de Asuntos Exteriores. Hombre lleno de encanto personal, le resultaba duro ser el número dos del severo Roberto. Solo la UNITA operaba desde bases en la propia Angola. El movimiento había sido expulsado de Zambia a causa de sus ataques al Ferrocarril de Benguela, vital para la economía de este país y condición inexcusable para que el gobierno de Zambia los acogiera. La UNITA no parece haber contado con más de 1.300 guerrilleros (Estado-Maior do Exército, 2006: 353), era un movimiento más dedicado a la acción política que a la militar (Estado-Maior do Exército, 1988: 110-111). La UNITA varió mucho en sus apoyos, pasando de uno inicial del bloque soviético, a acabar teniendo una estrecha colaboración con Sudáfrica, rebajando mucho su hostilidad contra los portugueses, con los que llegan a colaborar. Savimbi pensaba más ya en el escenario posterior a la independencia y en cómo ganarlo (Estado-Maior do Exército, 2006: 105).



Las nuevas unidades portuguesas

A pesar de su conservadurismo, el mando portugués no era ajeno a las nuevas formas de guerra que se habían extendido por el mundo tras la Segunda Guerra Mundial. La proliferación de movimientos guerrilleros anticoloniales, casi siempre de tendencia izquierdista era enorme y había tenido una parte importante en la ola descolonizadora que se consolidaba en el mundo en 1961. Desde la lucha de los neerlandeses en las Indias Orientales, hoy Indonesia entre 1945 y 1948, hasta la Emergencia Malaya librada por el Imperio Británico contra la insurgencia comunista en esa península de 1948 a 1960, y que también había tenido que afrontar la Rebelión del Mau Mau en la actual Kenia desde 1952 a 1960. También hay ejemplos muy importantes vividos por los franceses con su derrota en la Guerra de Indochina entre 1946 y 1954 y su campaña aún activa de la Guerra de Argelia iniciada en 1954 y que vivía sus últimos y turbulentos momentos (Cann, 2016: 4). Hay muchos más ejemplos a escalas menores en estos años. De todos estos casos las diferentes fuerzas armadas habían aprendido mucho sobre cómo combatir la insurgencia y los portugueses van a fijarse especialmente en las enseñanzas aprendidas por los franceses (Estado-Maior do Exército, 2009: 19).

Una de estas enseñanzas aprendidas de los franceses es la de la necesidad de tener unidades específicas entrenadas en la lucha contra guerrillera, fuerzas que tengan una función ofensiva, y no se dediquen a misiones de guarnición o escolta. Deben estar compuestas por soldados voluntarios, con un entrenamiento superior al de la tropa habitual de reclutamiento forzoso y con un elevado espíritu de cuerpo. Estas fuerzas van a ser la punta de lanza de todas las acciones ofensivas lusas que las denominan Unidades de Intervençao, Unidades de Intervención. Todas van a ser creadas inmediatamente antes del inicio de la guerra, o ya con esta iniciada y van a expandirse notablemente. En el caso de Angola tendremos, por una parte, a las inicialmente europeas, aunque con los años integraran a muchos reclutas africanos, que son los paracaidistas, comandos, fusileros navales y dragones de caballería. Por la otra a las unidades casi íntegramente africanas que serán las Tropas Especiales, los Flechas, los Fieis, los Leais y los Grupos Especiales (Estado-Maior do Exército, 2006: 454). Hay que tener en cuenta, que la extensión de la guerra en tres colonias distintas, con un creciente número de guerrilleros, obligaba a Portugal a un gran esfuerzo humano para mantener y aumentar las fuerzas militares en los territorios (Venter, 2013: 602). Por ello a partir de 1966, pusieron en marcha un proceso de africanización, que consistía en la creación de unidades íntegramente nativas con mandos africanos y la inclusión de reclutas negros en la mayoría de los cuerpos portugueses. Hay que recordar que en un principio los reclutas africanos, solo participaban dentro de unidades de tropa de color, pero siempre con mandos portugueses (Abbott & Ribeiro, 1988: 34).

Las fuerzas Paraquedistas, paracaidistas en castellano, fueron creadas gracias al ministro de defensa Santos Costa, a mediados de los años 50, y a la influencia y la fuerte personalidad del por entonces coronel Kaulza de Arriaga, subsecretario de aviación, con los años General y comandante en jefe en Mozambique. Santos Costa decidió que los paracaidistas se integraran en la fuerza aérea, con la rotunda oposición de los mandos del ejército de tierra. El estado mayor del ejército era contrario por esos años a la existencia de cuerpos especiales y menos si se integraban en la aviación, al fin y al cabo, los paracaidistas no dejaban de ser fuerzas ligeras que luchaban como infantería, la fuerza aérea solo los transportaba y los lanzaba (Cann, 2015). La primera unidad de Paracaidistas fue presentada en público el día de la infantería, 14 de agosto de 1955. La integración en la FAP marcó mucho el espíritu y organización de las tropas paracaidistas. Gozaron de mayor autonomía, mejor logística, mejor armamento, equipo y recursos financieros, que otros cuerpos de elite integrados en el ejército, y durante la guerra se beneficiaron del apoyo privilegiado en operaciones de los aparatos de la fuerza aérea (Hurley y Matos, 2022: 29). Junto con una selección del personal rigurosa, una instrucción esmerada, bien armados y mandados por oficiales jóvenes y resueltos, los paras portugueses fueron las tropas más preparadas de entre todas las que se vieron envueltas en las Guerras de África. Fueron las primeras unidades de las Fuerzas Armadas Portuguesas que usaron la boina, de color verde, como prenda de cabeza. Al estar integrados en la FAP, las unidades siempre estuvieron asociadas a las bases aéreas de esta. Era a partir de estas bases desde las que se desplegaban para sus misiones, la mayoría de las veces como fuerzas de intervención a las órdenes directas de la comandancia en jefe de los teatros de operaciones. En Angola estuvo siempre destinado un batallón de cazadores paracaidistas, el 21 (Cann, 2017b: 17).

Los paracaidistas cumplían 4 años de servicio militar, de ellos 24 meses en campaña en Angola o Mozambique, y 18 si se trataba de Guinea. La instrucción antes de partir para ultramar era muy rigurosa y algo larga, con una instrucción de reclutas de 12 semanas, seguida de un curso de paracaidismo de 4 y una de instrucción básica de combate de 11. Tras este periodo se obtenía la boina verde de paraquedista y se pasaban otras 24 semanas de perfeccionamiento y entrenamiento individual, como tiradores, conductores, sirvientes de piezas de apoyo, radios, o sanitarios. Además de la instrucción de combate contraguerilla y de comandos, antes de ser destinado a alguna de las unidades operativas de África. Durante los 13 años largos que duraron las campañas de ultramar, los paracaidistas sufrieron 160 muertos en los distintos teatros de operaciones, 47 de ellos en Angola (Cann, 2017a: 65). La primera baja el 24 de abril de 1961 y la última el 22 de agosto de 1974.

Al igual que con los paracaidistas en la fuerza aérea, la marina contó con sus propias unidades de élite de infantería contrainsurgencia, los Fuzileiros, fusileros en nuestro idioma. En 1959, la armada portuguesa empezó a considerar la posibilidad de crear unidades de infantería de marina para realizar operaciones anfibias o intervenir en África si fuera necesario, tomando como modelo a los Royal Marines británicos. En octubre de 1960, la marina portuguesa envió a un reducido grupo, a efectuar un curso de operaciones anfibias con esta prestigiosa unidad. Una vez regresados a Portugal se transformarían en instructores del curso de fusileros especiales, creándose una escuela en la localidad de Vale de Zebro. La primera unidad operativa, el DFE n. 1, partió hacia Angola en noviembre del 61, seguida por el DFE n.2 en junio del 62 con destino Guinea. Serían las primeras de toda una larga serie de compañías y destacamentos que operaron en los 3 escenarios en África, Angola, Guinea y Mozambique, hasta el final de la Guerra. Los DFE, (Destacamentos de Fusileros Especiales), eran las unidades de elite de la armada portuguesa para el combate en tierra, las operaciones anfibias y la lucha contraguerilla. Muchas de las clases de tropa, cabos y especialistas, eran voluntarios del cuadro permanente de la marina, el resto personal de reemplazo. Las unidades de Fusileros se formaban en la metrópoli y eran enviadas a África en campañas de 2 años. La presencia de estos soldados de élite de la marina en Angola osciló entre los 2 y cuatro DFE. Las bajas mortales de los fusileros durante las campañas fueron de 154 muertos, 43 de ellos en Angola (Cann, 2016: 63).

Al igual que la marina contó con los fusileros navales y la fuerza aérea con los paracaidistas, el ejército de tierra portugués por su parte lo hizo con sus propias unidades especiales de elite en las campañas africanas, los Comandos. Su creación obedeció a la necesidad de disponer de unidades especialmente adaptadas al tipo de guerra, que primero en Angola y luego en Guinea y Mozambique, tuvo que afrontar el ejército portugués. Lo que se pretendía esencialmente era contar con tropas preparadas para operaciones irregulares, de asalto y contraguerilla. La historia de los comandos portugueses se inicia en el norte de Angola a comienzos de 1962 (Estado-Maior do Exército, 1988: 124). En la localidad de Zemba, sede del Batallón de Cazadores 280, se crea el Centro de Instrucción Especial Contraguerilla, impartiéndose el primer curso y formándose las seis primeras secciones, denominadas grupos, de lo que luego serían los Comandos. Estos seis primeros grupos dieron un resultado excelente, creándose un nuevo centro de instrucción en la localidad de Quibala. En los primeros tiempos, los comandos se organizaban en grupos independientes a partir de voluntarios captados en los batallones de cazadores, formando pequeñas unidades de intervención a disposición de los comandantes militares de sector para realizar operaciones especiales. Las necesidades de conflicto hicieron necesario ampliar los efectivos a nivel compañía. La primera se formó en Angola en septiembre de 1964. En total durante la guerra actuaron 23 compañías de Comandos en Angola, aunque no todas simultáneamente (Cann, 2017c: 31). La evolución de la guerra hizo que se formaran batallones y centros de instrucción de comandos en cada uno de los teatros de operaciones. En la metrópoli, en 1966, se creó un centro de operaciones especiales, en Lamego, que instruía en una primera fase al personal movilizado con destino África. Las unidades de Comandos integraron a un número alto de tropa originaria de los propios territorios. Se aprovechaba así su conocimiento del terreno, la población y la lengua y costumbres y su mejor adaptación al medio que las provenientes de Europa. En algunas compañías de Angola y Mozambique los efectivos eran mayoritariamente africanos. Durante las campañas, las unidades de Comandos tuvieron 385 muertos. Su lema era “la suerte protege a los audaces” y su grito de guerra “aquí estamos”, mostrando así los principios que los animaban. La prenda de uniformidad característica fue la boina roja y el pañuelo al cuello (Matos, 2021: 32).

El ejército de tierra luso desarrollaría otra unidad de intervención, una que evocaba tiempos lejanos de gloria militar. En 1967 se creó de forma experimental una sección a caballo dentro del grupo de caballería nº.1, Dragoes, Dragones en español, unidad de guarnición, es decir no expedicionaria, con sede en Silva Porto (Cann, 2019: 36). El ganado se adquirió en Sudáfrica, y visto el buen resultado obtenido se transformó al año siguiente todo el grupo en unidad a caballo, creándose un centro de instrucción para tropas a caballo con ganado comprado en Argentina. La zona de operaciones de la unidad tenía como eje el trazado del ferrocarril de Benguela, zona caliente desde que el MPLA y la UNITA, cada uno por su lado, claro, la convirtieron en objetivo para infiltrarse en el este de Angola, sobre todo el MPLA, mucho más activo que la UNITA, creando la ruta de infiltración y suministros “Agostinho Neto”, remedo en pequeño de la Ho-Chi-Minh vietnamita (Estado-Maior do Exército, 2006: 207). El grupo de caballería paso a constituirse en fuerza de intervención a las órdenes del mando de la zona militar del este de angola, con cuartel general en Luso. Con la misión principal de batir las infiltraciones de las fuerzas guerrilleras, y como secundarias tareas de reconocimiento y búsqueda de información en beneficio de otras unidades de intervención, en especial comandos y paracaidistas. La operación típica era la batida, patrulla itinerante por el territorio. Cuando se detectaba cualquier signo de actividad insurgente y se actuaba, la aparición de repente de jinetes solía constituir una sorpresa total para los pequeños grupos de la guerrilla, siendo difícil el poder escapar a pie de la persecución (Cann, 2019: 48). También tenían las misiones de reconocimiento, flanqueo, persecución y explotación del éxito (Estado-Maior do Exército, 2006: 322).

Año a año la guerra se iba haciendo más dura y cada vez hacían falta más efectivos para hacer frente a las fuerzas insurgentes, que no dejaban de reclutar voluntarios y mejorar su entrenamiento y su material. Portugal que era una nación con una población pequeña, no alcanzaba los nueve millones de habitantes al inicio de la guerra, tenía serias dificultades para reunir los efectivos suficientes para afrontar todos los frentes abiertos y además mantener operativo el ejército metropolitano. Además, según avanzaba la guerra y más y más jóvenes eran enviados a África, siendo cada vez mayor la cantidad acumulada de ellos que iban dejando sus vidas allí, se disparaba la emigración al extranjero. Esta era principalmente por causas socioeconómicas, al ser Portugal uno de los países más pobres de Europa occidental, pero la elusión del servicio militar y especialmente de un posible destino en África también fue una razón de peso entre hombres jóvenes para huir del reclutamiento. El número de jóvenes aun no llamados al servicio militar, que emigraron al extranjero en Portugal, fue de 55.000 en 1963, alcanzando los 150.000 en 1973. Además, muchos a punto o próximos a ser quintados a los que no se les concedió permiso lo hicieron de forma ilegal, siendo 15.000 entre los que se marcharon en 1963 y llegando a los 100.000 en 1971. Como vemos cifras absolutamente insoportables para una nación de la demografía de la lusa. Hay que añadir el porcentaje de mozos que una vez quintados no se presentaban a incorporarse servicio militar que en 1973 llegó al 20%. Por último, el 10% de los soldados que habían realizado la instrucción desertaban cuando sabían que iban a ser enviados a África (Estado-Maior do Exército, 1988: 258). El esfuerzo y coste humano para un país tan pequeño y poco poblado como Portugal fue terrible, aun así, tenía más de 150.000 hombres en armas en ultramar, 100.000 de ellos procedentes de la metrópoli (Lima Bacelar, 2000: 137). Por establecer una comparación, los EE. UU. no llegaron a los 600.000 en Vietnam, con una población más de 20 veces superior. Una solución para esta problemática que estaba lastrando tanto el esfuerzo militar fue el reclutamiento creciente de soldados africanos negros, tanto para completar las unidades regulares del ejército, como para engrosar las tropas auxiliares de segunda línea. Además, en lo que respecta a Angola, se iban a crear varios cuerpos formados casi exclusivamente por tropa indígena, que también pasarían a formar parte de las Unidades de Intervención.

El primero de ellos serían las TE (Tropas Especiales), formadas por exguerrilleros al norte del territorio. Fueron creadas en 1966 y en 1974 alcanzaban la cifra de quince grupos con 800 hombres. Sus unidades se dividían por etnias (Estado-Maior do Exército, 1989: 154-155). En 1968 este modelo se extendió a todo el territorio angolano, creándose los GE (Grupos Especiales), aunque en el caso de estos su reclutamiento fue entre voluntarios locales partidarios de la unión con Portugal. En 1974 había cien grupos que encuadraban a 3.250 hombres (Estado-Maior do Exército, 1989: 155). Estas unidades y las que vamos a ver a continuación se encuadraban en el proceso de africanización de las fuerzas lusas en Angola que pasaron de estar repartidas en 1961 en 1.889 blancos y 7.670 negros a unas cifras que en 1974 alcanzaron los 24.200 y 37.000 respectivamente (Estado-Maior do Exército, 2006: 459).

Hubo también dos unidades de intervención de origen foráneo, los Fieis, Fieles, también llamados tigres, con origen en el Zaire. En concreto se trataba de los supervivientes de la gendarmería katangueña, el ejército que dirigido por Moise Tshombe, había luchado para intentar separar de ese país, el anterior Congo belga, la rica región minera de Katanga. Fracasado este intento, volvieron al Congo en un curioso giro del destino por el que Tshombe, el líder separatista acabó siendo primer ministro de todo el país. Finalmente, con la derrota de este, miles de ellos junto a sus familias se refugiaron en Angola. Pronto los portugueses vieron su potencial y aprovechando su odio hacia el régimen de Mobutu, dictador de Zaire y máximo apoyo del FNLA, los encuadraron en unidades de combate (Estado-Maior do Exército, 2006: 465-466). Los katangueños comenzaron a operar en 1969 y para 1974 formaban dieciséis compañías con 2.400 hombres bajo las armas (Estado-Maior do Exército, 2006: 310). La otra unidad formada con foráneos fue la de los Leais, Leales, reclutada entre exiliados zambianos, que se habían refugiado en Angola tras fracasar en un intento de derribar al gobierno prosoviético de Zambia. Estuvieron listos en 1968 y para el final de la guerra formaban tres grupos con 127 soldados (Estado-Maior do Exército, 2006: 467).

Entre todas las unidades de élite de extracción indígena, iban a destacar los Flechas, una temible unidad contrainsurgencia formada con rastreadores de etnia bosquimana (Cann, 2013: 80) y desertores de las guerrillas junto a cuadros de mando blancos. Además, esta fuerza no dependía orgánicamente del mando militar en un principio ya que fue creada por la policía secreta del régimen salazarista, la PIDE (Policía Internacional de Defensa del Estado) (Estado-Maior do Exército, 2006: 468). Esta adscripción hizo que las informaciones sobre esta unidad fueran confidenciales, sumado a que operaban con armamento soviético y atuendos guerrilleros para realizar muchas de sus operaciones. La eficacia en la lucha antisubversiva de esta unidad alcanzó tanto prestigio que otras naciones africanas que se especializaron en luchar contra guerrillas negras, como Rhodesia o Sudáfrica, la iban a imitar. Formados en 1967, contaban con 2.270 hombres en 1974.



Misiones contrainsurgencia

Dentro de las resistencias, que como casi siempre se producen dentro de los ejércitos cuando se proponen innovaciones, en Portugal se habían dado pequeños pasos encaminados a un posible escenario de lucha contrainsurgente en las colonias. En julio de 1959 se programaron las maniobras aerotransportadas “Himba”, en ultramar. Fuerzas paras transportadas en 14 aviones de la fuerza aérea fueron desplegadas en Guinea, Santo Tome y Angola, efectuando despliegues y varios saltos operativos. El objetivo era probar la capacidad de refuerzo por vía aérea desde la metrópoli a ultramar en caso de crisis y entrenar a las tripulaciones y fuerzas paras en el ambiente africano, eso sí, con los magros medios de que disponía por entonces la fuerza de transporte aéreo militar. Este es un ejemplo de que el mando luso buscaba soluciones para un problema que para casi todo el mundo se iba a producir más temprano que tarde (Estado-Maior do Exército, 2006: 495).

Las tareas de las tropas de Lisboa se iban a dividir claramente entre las que correspondían a su parte más pequeña, pero más eficaz, las Unidades de Intervención y las fuerzas mayoritarias con menor capacidad militar. El plan de actividad operacional del ejército portugués en ultramar indicaba varias tareas importantes para las formaciones de élite portuguesas (Estado-Maior do Exército, 1988: 128). Comparando ambos tipos de misiones, podemos ver más claramente la diferencia entre la peligrosidad de unas misiones y otras, pudiendo ver mejor la importancia de las tropas de élite. Una fundamental era la batida y cerco que tenía por finalidad expulsar o aniquilar a la guerrilla y destruir sus medios de vida y combate, limpiar una zona de guerrilleros, en una palabra (Estado-Maior do Exército, 1988: 160). En la batida, parte de la fuerza recorre un itinerario mientras otra está a la espera para completar el cerco a los insurgentes. Siempre que hubo ocasión, los portugueses utilizaron a sus unidades de elite para la acción de batida y a la infantería, los cazadores, para el cerco. La batida se podía conjugar con asaltos helitransportados a objetivos definidos y ya más raramente con lanzamientos de paracaidistas. El cerco podía ser apoyado por la artillería, los blindados o la fuerza aérea. La limpieza de un área constituía ya una acción táctica de envergadura, empleando unidades variadas (Cann, 2013: 78).

Otras misiones específicas eran la limpieza de poblaciones. Se efectuaba cuando existía información que indicaba la presencia de elementos guerrilleros en la localidad. Tenía por finalidad el capturarlos o aniquilarlos, tomar su material e intimidar a la población para evitar que los siguiera apoyando. La operación consistía en un cerco en el exterior de la población y el avance de fuerzas, tomando los puntos neurálgicos y registrando las casas o almacenes (Cann, 2016:57). Se trataba de una operación delicada y difícil en cualquier conflicto, ya que los guerrilleros suelen estar mezclados con los habitantes. Muchas veces no es fácil distinguir a los no combatientes, una vez desencadenada la acción, es difícil para los mandos mantener el control de la situación. El combate en población también tiene sus riesgos ante la posibilidad de ser emboscados o atacados desde casi cada esquina.

Misión de las Unidades de Intervención eran los golpes de mano, una operación ofensiva basada en la sorpresa contra una fuerza o una instalación enemiga. El ataque debía ser fulminante y muy rápido, para destruir a la fuerza enemiga, sus armas, vehículos y depósitos e instalaciones o recoger información capturando prisioneros o tomando documentos o equipos (Cann, 2016: 27). Los golpes de mano eran decididos por el mando portugués en base a información obtenida por medio de prisioneros o de la fotografía aérea. La mayoría de las veces se transportaba en helicóptero a las fuerzas hasta las proximidades del objetivo. Otra operación de carácter ofensivo era la emboscada (Cann, 2016: 51). Consistía en una acción ofensiva por sorpresa sobre fuerzas enemigas en movimiento. Su objetivo era aniquilarlas o impedir que lleguen a ciertos puntos, recoger información, prisioneros, armamentos o documentos (Estado-Maior do Exército, 2006: 529). La fuerza instalaba un dispositivo disimulado donde esperaba al enemigo en silencio, inmóvil y con la atención en permanente alerta a veces durante horas y horas, en muchos casos para nada. En los teatros africanos, por sus condiciones climáticas, esta larga espera inmóvil, camuflado, en total silencio, con muchísimo calor o lluvia y miles de insectos, requería mucha disciplina y sacrificio de la tropa (Campos, 2017). Se solían montar en los lugares de previsible paso obligado de fuerzas guerrilleras, como vados de ríos, puentes o fuentes de agua (Estado-Maior do Exército, 2006: 158-160).

Por su parte las fuerzas regulares, principalmente de recluta obligatoria tenían obligaciones en muchos casos mucho más tediosas y repetitivas, aunque por supuesto ni mucho menos exentas de peligro. Fundamental en su caso era la defensa de puntos sensibles. La primera misión de las unidades era asegurar su acuartelamiento y determinados puntos estratégicos, como instalaciones de comunicaciones, o de importancia económica o administrativa. La fuerza que recibía la orden de defender un punto sensible debía establecer las medidas de seguridad necesarias para no ser sorprendida en caso de ataque (Estado-Maior do Exército, 1989: 63). Las medidas más corrientes consistían en puestos de escucha y centinela, iluminación nocturna, alambradas, sacos terrenos, o campos de minas. Otra tarea muy importante era la protección de itinerarios y rutas. La acción del ejército requería que estuviera constantemente en movimiento, generando un intenso tráfico rodado, aparte del civil necesario para la actividad económica. La utilización de las vías de comunicación era vital, la guerrilla era del todo consciente de ello y procuraba atacarlas en cuanto le era posible. La dificultad para las fuerzas portuguesas de garantizar el tráfico rodado exigía establecer puntos fijos de defensa, puentes, cruces, desfiladeros, aparte de escoltas armadas para proteger las columnas. Para las escoltas de convoyes era más que conveniente el usar los blindados, que no siempre se tenían debido a su escasez, y vehículos especialmente adaptados para reventar minas. Para la escolta de trenes, sobre todo en Angola, los portugueses usaron vagones blindados.

Hay que tener presente que existía un sistema de organización para las tropas portuguesas que no formaban parte de las Unidades de Intervención. Usaban el término quadrícula, procedente de la cartografía, y que los militares usaban para designar a las unidades que estaban sobre el terreno, representando la quadrícula, el dispositivo militar implantado en el territorio. Con el avance de la guerra, la densidad de tropas por cada zona fue haciéndose más espesa o menguando, en función de la actividad guerrillera en esa demarcación (Marques de Sousa, 2021: 54).

Las fuerzas regulares, generalmente expedicionarias desde Portugal, también tenían misiones más activas, aunque sin llegar al tipo de operaciones ofensivas de las unidades de intervención. Debían llevar a cabo las patrullas, la operación más realizada con diferencia por las fuerzas portuguesas. Con la patrulla se intentaba obtener información sobre el enemigo, el terreno o la población, y crear inestabilidad en la guerrilla obligándola a dislocar su despliegue o abandonar la zona. La patrulla siempre era una operación en que el objetivo nunca estaba bien definido, ya que se salía de patrulla sin saber con qué se iba a encontrar uno, pudiendo llegar a convertirse en rutinaria e incómoda (Van der Waals, 2011). El cansancio de llevar varios días a pie por territorio hostil y difícil, cargando pesos considerables como munición o víveres, provocaban un desgaste físico y psíquico importante y hacían muy difícil el mantener el grado de alerta necesario, lo que provocaba bajas (Estado-Maior do Exército, 1989: 64-65). Otra misión muy repetida fue la de impermeabilización de fronteras (Matos y Matos e Lemos, 2020: 32). Ya hemos visto que los movimientos guerrilleros contaban con el apoyo de los países limítrofes, fundamentalmente ambos Congos y Zambia, aunque el antiguo Congo belga cambió su nombre por Zaire, donde solían tener sus bases, depósitos y centros de instrucción (Estado-Maior do Exército, 1989: 68). Las fuerzas portuguesas procuraban por todos los medios el impedir que los guerrilleros llegasen al interior de los territorios (Estado-Maior do Exército, 1988: 124).



Conclusiones

En el momento en el que en Portugal se produce el alzamiento militar conocido como Revolución de los Claveles, ya hemos visto que el total del dispositivo armado de los lusos en Angola ascendía a 61.200 hombres, de los cuales 37.000 eran indígenas. Ese despliegue incluía 172 compañías de cazadores, la infantería ligera que se encargaba de todas las misiones de protección, escolta o patrulla que vimos anteriormente. Para ese momento las unidades de intervención que como vimos en la guarnición de 1961 eran inexistentes, contaban con el equivalente aproximado de 90 compañías, sumando todos los efectivos (Estado-Maior do Exército, 1989: 167-173). Como vemos equivalen numéricamente a un tercio de las fuerzas de combate disponibles. Los números nos dejan clara la enorme importancia que según se iba endureciendo la guerra, iban adquiriendo las unidades de elite portuguesas, como principal herramienta contra la insurgencia.

Queda claro que el mando portugués entendió perfectamente que necesitaba adaptarse a un tipo de guerra a la que no estaban acostumbrados y aprendió tanto de los ejemplos ya vividos por otros países, como de la propia experiencia de lo que les iba sucediendo a ellos en los distintos teatros de operaciones. En 1974 al conjunto de doctrinas que habían desarrollado los lusos para luchar contra la subversión y las unidades que crearon para ello, se le conoció “como el modo portugués de hacer la guerra” y sería copiado por muchos ejércitos que tuvieron que enfrentarse a escenarios de guerrillas insurgentes. Que una nación con tan escasos medios materiales y humanos fuese capaz de mantener sus colonias, en condiciones tan adversas y además demostrando una enorme capacidad de adaptación a las dificultades, es una muestra de que el desarrollo de las Unidades de Intervención, las especializadas en contrainsurgencia, fue un éxito notable de la nación ibérica.

Aunque el tamaño del artículo no nos permite describir en detalle el desarrollo de la guerra en Angola y las acciones concretas de las unidades de élite portuguesas, sí que durante la investigación hemos podido comprobar la extraordinaria eficacia de estas unidades especiales, y el tremendo daño que le infligieron a los movimientos armados independentistas angoleños. Queda demostrado que estas unidades fueron la punta de lanza de cualquier operación ofensiva lanzada en el territorio, encargándose siempre de las misiones más arriesgadas y peligrosas, de manera incansable. También hemos podido comprobar cómo tanto las unidades directamente pertenecientes al organigrama de las fuerzas armadas portuguesas, como las levantadas entre los indígenas, se especializan en las tácticas de lucha antisubversiva, repartiéndose las diferentes operaciones en función del medio donde hubiese que combatir, la distancia o la necesidad de infiltrarse entre la población local. Demostrando una enorme flexibilidad táctica y un espíritu agresivo.

Por otro lado, durante la investigación hemos llegado a otra conclusión que no habíamos contemplado al plantear este trabajo, pero que nos parece de justicia citar porque tiene relación con la participación y el éxito de las unidades contrainsurgentes. Ya hemos hecho referencia a que el fin de la guerra no se produjo por una derrota militar de ninguna de las partes, ni tampoco por algún tipo de acuerdo político. El Imperio Portugués terminó a causa del golpe militar que se produjo el 25 de abril de 1974 en la metrópoli, la Revolución de los Claveles y que puso fin a la dictadura que regía el país desde 1926. Este levantamiento militar tuvo como principales protagonistas a una parte de los capitanes del ejército portugués, molestos por una política de ascensos que les perjudicaba gravemente y que de esta reclamación inicial acabaron politizándose contra el régimen. Precisamente este agravio profesional fue provocado porque el endurecimiento de la guerra en África había provocado no solo problemas de reclutamiento para la tropa, sino también para conseguir aspirantes a oficiales suficientes. A esto se le sumaba el enorme cansancio de la población portuguesa por el desgaste provocado por la guerra y el sufrimiento humano que les estaba causando, especialmente entre los hombres jóvenes.

Con lo que hemos visto, hemos podido comprobar que las unidades contrainsurgencia tuvieron un papel creciente en evitar que las tropas de reclutamiento forzoso tuvieran que exponerse tanto, evitándoles las misiones más peligrosas y duras. Por otro lado, la política de africanización del despliegue humano portugués, con notable incidencia entre las unidades de élite, permitió que no fueran necesarios tantos reemplazos europeos. Con esto podemos llegar a la conclusión de que el éxito en la creación y despliegue de las unidades de intervención, evitando que los reclutas lusos tuvieran misiones más peligrosas y utilizando a un buen número de nativos para rellenar sus filas, dio margen al régimen para que el descontento popular tardase más en desbordarse. Desde luego es una consecuencia que parece inesperada, pero que consideramos que realmente tiene una importancia a considerar en la historia portuguesa.

En definitiva, hemos podido comprobar que las unidades contrainsurgencia portuguesas y sus doctrinas tácticas van a aportar innovaciones importantes a la ciencia militar a nivel mundial, algo meritorio para esta pequeña nación. También que a pesar de las dificultades que entraña crear unidades desde cero en medio de un conflicto armado, los militares lusos fueron capaces de realizar esta misión con éxito, creando excelentes unidades de combate. Podemos ver como estas unidades tuvieron una importancia decisiva en evitar el éxito militar de los movimientos guerrilleros, que, gracias a ellas, tuvieron en muchos casos que abandonar sus acciones ofensivas y pasar a la defensiva, no consiguiendo así la suficiente implantación en el territorio que pretendían liberar. Otro éxito de estas unidades fue el de la integración de las tropas negras, lo que permitió a los portugueses conservar mayor apoyo entre la población local del que podría esperar en un principio. Por último, es evidente que Portugal fue capaz de transformar su mentalidad militar, pensada para la guerra convencional y a nivel de ultramar para las misiones de policía, convirtiéndose en una fuerza capaz de desarrollar tres campañas contrainsurgentes simultáneas gracias en buena parte al desarrollo de sus Unidades de Intervención.



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Sobre el autor

Julio Alberto Alfonso González es estudiante de grado de Geografía e Historia por la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) y Especialista en Historia Militar. Actualmente trabaja en líneas de investigación relacionadas con los conflictos sucedidos en África durante la época en torno al proceso de descolonización.


https://orcid.org/0009-0004-2106-7068



About the author

Julio Alberto Alfonso González is an undergraduate student of Geography and History at the Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) and a Specialist in Military History. He is currently working on research lines related to conflicts that occurred in Africa during the decolonization process.