La Prusia Americana.
Chile y sus Relaciones Internacionales durante la Guerra y Posguerra del
Pacífico (1879-1891)
Mauricio Rubilar Luengo (2022)
Valladolid: Ediciones Universidad de Valladolid, 390
pp.
Pablo
Escobar Burgos
Universidad
Católica de la Santísima Concepción, Chile
pescobarb@magister.ucsc.cl
Para
comprender el desarrollo de la historia republicana chilena desde la segunda
mitad del siglo XIX, la Guerra del Pacífico representa un episodio coyuntural,
pues tanto sus antecedentes como su desarrollo y consecuencias desencadenaron
una serie de movimientos a nivel de política exterior, tanto para los países
protagonistas, los estados latinoamericanos, así como también para los Estados
Unidos, que comenzaban a desarrollar una política de potencia regional dentro
del continente.
Para
profundizar en dichas temáticas, el historiador Mauricio Rubilar, a través de
su investigación, centrada en el estudio de la Historia de las Relaciones
Internacionales, desarrolla un extenso recorrido por el tránsito de la Política
Exterior chilena desde el inicio de la Guerra del Pacífico (1879) hasta el
inicio de la Guerra Civil chilena (1891). A lo largo de dicha temporalidad,
analiza los esfuerzos chilenos centrados en la mantención del equilibrio de
poder en la región y la defensa de los intereses nacionales, ya fuera por
medios diplomáticos o por el uso de las armas.
El
libro se organiza en seis capítulos, agrupados en dos partes, la primera se
enfoca en entregar un contexto de la situación chilena en materia de política
exterior, así como en los antecedentes de la contienda del Pacífico del año
1879. La segunda parte de la investigación está orientada al análisis de las
gestiones diplomáticas chilenas durante el conflicto, su relación con los
países de la región, el papel jugado por Estados Unidos, así como también la
posición asumida por Chile en la Posguerra del Pacífico y su influencia en la
región durante los años posteriores.
En
el primer capítulo del libro se abordan las visiones historiográficas en torno
a la Política Exterior chilena desde la década de 1830 hasta 1879, revisando
sus principales exponentes y lineamientos en torno a esta temática.
Posteriormente, se aborda la situación en torno al equilibrio de poder, desde
la posición chilena durante la mencionada temporalidad, identificando hitos que
amenazaron este equilibrio y cómo el Estado chileno abordó dichas situaciones,
siendo estos episodios la Guerra contra la Confederación Perú-Boliviana (1836) y la Guerra Naval contra España (1865).
El
segundo capítulo comienza con un recorrido historiográfico sobre las
investigaciones en torno a la Guerra del Pacífico, tanto aquellas efectuadas
por autores de los países protagonistas (Chile, Perú y Bolivia) como también
trabajos de investigadores latinoamericanos, norteamericanos y anglosajones
sobre sus causas, desarrollo y actores involucrados. Posteriormente, el autor
aborda y analiza la situación relativa a los orígenes del conflicto sobre el
Pacífico, mencionando antecedentes y visiones sobre la soberanía de los
territorios en disputa. Dicho apartado finaliza con la comparación de los
proyectos antagónicos entre Chile y Perú en torno al control de la costa del
Pacífico sur.
El
tercer y último capítulo de la primera parte analiza la dimensión internacional
de la Guerra del Pacífico en el concierto latinoamericano, tomando los casos de
Argentina, Colombia, Venezuela, Ecuador y el Imperio del Brasil frente a la
posición chilena en la contienda. Cada uno de estos estados poseía distintas
visiones del conflicto e impresiones sobre el actuar chileno. El libro desglosa
las tensiones chileno-argentinas durante dicho periodo, las tratativas
colombo-venezolanas para perjudicar la posición chilena, la actitud neutral de
Ecuador durante el conflicto, que, sin embargo, no estuvo exenta de roces en
materia internacional y, finalmente, el caso del posible apoyo del Imperio del
Brasil en favor chileno y cómo la política exterior chilena se valió de esto
como elemento disuasivo frente a sus rivales en la región.
La
segunda parte del libro comienza con el análisis de la participación
norteamericana durante la contienda. Si bien los Estados Unidos no tomaron
parte activa en el conflicto, su accionar buscaba condicionar unas posibles
negociaciones de paz que contribuyesen a afianzar su estatus de potencia en el
continente, comportamiento enmarcado en la doctrina del “Destino Manifiesto de
los Estados Unidos”.
Posteriormente,
Rubilar explora las diversas tratativas de Washington durante el desarrollo de
la Guerra, analizando eventos como las conferencias de Arica (1879-1880),
sumado al particular accionar del canciller James G. Blaine y sus propósitos
con Perú frente a la mediación estadounidense. El autor continúa su análisis
sobre las misiones “Trescot” y “Logan”, además del
intento de una “Conferencia americana de Washington”, situaciones donde la
cancillería chilena supo hacer prevalecer los intereses nacionales e imponer
condiciones de paz a través del Tratado de Ancón (1883), conservando los
territorios ocupados a Perú y Bolivia.
El
capítulo quinto aborda en profundidad las relaciones chileno-colombianas
durante los años de la Guerra (1879-1883). Comienza realizando un análisis de
la posición del Estado colombiano frente a la posición chilena, tomando el caso
de la misión Valdés Vergara en Bogotá durante la primera parte del conflicto
(1879-1880). Asimismo, el autor aborda con particular énfasis el accionar del
poeta y ministro plenipotenciario en Colombia, José Antonio Soffia,
pues, según su análisis, su llegada a la capital granadina representó un vuelco
en la opinión colombiana frente a la posición chilena. Las principales razones
de este éxito diplomático estuvieron en la afinidad del poeta con los sectores
intelectuales del país, quienes precisamente eran seguidores de la actividad
lírica del ministro chileno. Dentro de sus acciones en la capital colombiana
estuvo el desarrollo de la “diplomacia cultural” –denominada por el autor como
el acercamiento del poeta a la sociedad bogotana–, que comenzó a desvanecer las
opiniones de rechazo dentro del ejecutivo frente al actuar chileno, tanto en el
frente como en las negociaciones de paz, logrando un tránsito de la
desconfianza a la generación y el fortalecimiento de los lazos de amistad entre
ambos países.
Otro
de los logros de la misión Soffia en su actividad
consular fue la neutralización de la llamada “Misión Cané” emanada desde Buenos
Aires, que buscaba, a través de una mediación de varios países latinoamericanos
encabezados por Argentina, la contención de las demandas chilenas, a fin de evitar
el desmembramiento de los países aliados (Perú y Bolivia), manteniendo el
equilibrio en la región. Finalmente, tras la ratificación de los intereses
chilenos bajo la misión Trescot, la Misión Cané fue
dada por terminada y el canciller reubicado como representante argentino frente
a los imperios alemán y austrohúngaro.
Finalmente,
el sexto capítulo aborda la Posguerra del Pacífico (1884-1891) en materia de
política exterior, momento en el cual un Chile victorioso se convierte en un
actor relevante en el plano regional por su demostrada superioridad naval en el
Pacífico y, con ello, se transforma en un agente a considerar en las dinámicas
y conflictos en Latinoamérica. Justamente, dicho papel se materializó en la
llamada “Cuestión de Panamá” entre Chile y Estados Unidos (1885).
El
autor explora en este capítulo el interés de Washington por el istmo y la
construcción de un canal interoceánico. Si bien este fue comenzado por un
conglomerado francés, los Estados Unidos siempre consideraron la construcción
de dicho canal como un asunto de vital importancia para el desarrollo
comercial, así como para el desarrollo de la Doctrina Monroe y la
neutralización de los intereses foráneos en América. El capítulo también
analiza la posición chilena frente a la disputa de intereses en torno al canal,
espacio donde el ya mencionado ministro José Antonio Soffia
se dio a la tarea de neutralizar las pretensiones estadounidenses de una
“garantía única” sobre el canal, en virtud de la garantía general de Europa y
América, amparado en las proyecciones del canal para el desarrollo comercial
del mundo y en especial del Pacífico.
El
último episodio analizado por el autor en el sexto capítulo es la misión naval
chilena a Panamá en 1885, donde el crucero chileno “Esmeralda” (el más moderno
y poderoso del mundo para aquel entonces) actuó como agente disuasor de los
intereses del gobierno norteamericano, en detrimento de la soberanía colombiana
en el istmo de Panamá. Este incidente impulsó la Doctrina Mahan por los Estados
Unidos, llevándolos al desarrollo naval en función de sus pretensiones en el
continente como potencia hemisférica en ciernes.
En
sus reflexiones finales, el autor efectúa un balance en torno a la orientación
de la política exterior chilena durante gran parte del siglo XIX, centrada en
la mantención del equilibrio regional en Sudamérica, así como en la defensa de
los intereses y las ganancias chilenas post Guerra del Pacífico, proyecto que
se vió enfrentado por la expansión de la influencia
norteamericana, que, luego del impasse de 1885, se logró imponer a los
intereses chilenos tras el incidente del “Baltimore” (1890), neutralizando la
influencia que llegó a poseer Chile en la región, la cual se volcó a solucionar
problema internos de fricción política, finalmente decantados en la Guerra
Civil chilena (1891), concluyendo un ciclo en la historia diplomática del país.