Teatro de papel. Una reflexión (anti)sistema

Frank Padrón

Universidad de la Habana / Uneac (Unión de Escritores y Artistas de Cuba), cuba
fpadron@enet.cu

Fecha de recepción: 03/08/2020. Fecha de aceptación:13/09/2020

Cuando el cubano Abel González Melo (1980) ganaba el más reciente premio Casa de las Américas (2020) en la categoría de teatro con su pieza Bayamesa. Réquien por María Luisa Milanés, ya había picado cerca. Si tenemos en cuenta que, unos años antes, había obtenido Mención de honor en el mismo certamen con su libro Sistema. Una trama inconveniente, publicado en 2014 por la editorial de la prestigiosa institución, texto que obtuvo ese mismo año el Premio de la Crítica Literaria y, desde entonces, puede ser adquirido en su tienda.

Para aquellos que gustan también de leer el teatro, propongo que nos centremos en la consideración del texto dramático mediante una decodificación inmanentista y no en la puesta en escena de Yeandro Tamayo, realizada por el grupo Arcos Teatro que dirige Carlos Celdrán.

Escenificar el peculiar mundo de Miami resulta una tarea harto compleja, sobre todo desde la perspectiva de un cubano que —con todo y su experiencia primermundista, como quiera que el autor radica gran parte del tiempo en España—no respira cotidianamente la humedad (“todo es la humedad”, dice un personaje [González Melo, 2014:31]) de una ciudad que “han inventado (los cubanos) … a su antojo” (p. 18)

El dramaturgo, además crítico, poeta y narrador y a quien, como es sabido, debemos más de un título estimable en nuestra escena contemporánea -entre ellos, Chamaco (llevada al cine, representada y editada en varios países), Nevada, Talco, Por gusto…), ha logrado radiografiar los intríngulis de tipos, situaciones, relaciones que si bien salpican más de una gota de universalidad al caso que presenta, ofrece sin dudas un polisémico retrato de una ciudad, una sociedad, un modo de encarar la vida, con tintes sui generis.

Sistema… partió de una noticia en la prensa floridana sobre un pintor cubano involucrado en un caso de pedofilia, pero, lejos del morbo sensacionalista o la reconstrucción policíaca que aquel pudo generar, el dramaturgo edifica una complicada e inextricable red de posibilidades que aportan uno de los principales códigos de la obra: la ambigüedad. El artista de la plástica y su esposa, otro matrimonio recién instalado en Miami, cuyo pequeño hijo deviene centro del conflicto, la galerista española que promueve la obra del pintor en Estados Unidos, una psicóloga y un policía, son los personajes que interactúan en el relato, madurando con sus vínculos una trama de dobleces, hipocresías, ocultas intenciones, mentiras o verdades a medias, que aportan al drama buena parte de su riqueza y polisemia.

Como lectores sentimos que en lo que dicen o insinúan –pero, sobre todo, en lo que callan–todos ocultan algo; por ello, González Melo evita juicios o palabras finales; le interesa menos descubrir la verdad, o incitarnos a hacerlo, que sugerir todo ese mundo interior de cada ser que desfila por su peligroso escenario, de modo que la pieza no comulga con los recursos del thriller o el policíaco, sino que se inserta con propiedad en los notables dramas psico-sociales que nos ha legado desde antiguo el teatro.

Esa complejidad en los sentimientos y deseos, anhelos y secretas intenciones –crisis de la pareja protagónica, patetismo de los anfitriones intentando miamizarse a toda costa (algo que ilustra perfectamente la mixtura lingüística con inserciones del inglés ad usum en el español de la pareja anfitriona), insinuado lance lésbico entre la marchante y la esposa del pintor, rarezas en la conducta del niño –¿realmente víctima?– muestran un mapa de sutilezas y matices que figura entre lo mejor de Sistema.

Por cierto, la visión de Miami, sin embargo, no es única; evidentemente hay diferencias raigales entre ambas parejas, incluyendo su concepción de la ciudad alternativa; al falso nuevo riquismo impostado, aparencial y ridículo de Maikel y Sara, se opone la condición de plaza artística (en el caso de Arturo) o de negocio (en la carga de pacotilla para vender en la isla llevada a cabo por su mujer). En cualquier caso, el rechazo de estos últimos a los primeros puede resumirse en una frase del pintor: “!No resisto a esta gente! No es el Miami que me gusta!” (p. 54)

Ello encuentra una correspondencia morfológica en el trabajo con el tiempo dramático, lo cual confiere a la estructura del texto una condición caleidoscópica, de puzzle; desde la escena inicial (pre-conflicto) en el breve diálogo-encuentro entre Arturo, el pintor y Kevin, el niño, que a la vez culmina la obra (aunque un tanto más desarrollada, pero sin que se ofrezcan más que sugerencias, en lo absoluto certezas o conclusiones de lo que realmente fue o pudo haber sido), asistimos a un tiempo fragmentado, entrecortado, que mezcla las escenas acronológicamente, aunque ello sin gratuidad o ánimos de alarde experimentalista. Tal discontinuidad permite al narratario observar los acontecimientos y las esquinas de cada personaje desde diversos ángulos, completando entonces lo insinuado y sugerido en momentos anteriores.

Todo Sistema… es una radiografía inteligente de la manipulación; esos hombres y mujeres se mueven y actúan buscando algo que no es exactamente lo que dicen o aparentan; el doble y triple sentido, las imágenes que tropológicamente comentan o aluden a diversas realidades abundan en la pieza; el intercambio lúdico entre uno de los cuadros que exhibe la exitosa exposición de Arturo en Miami (“El niño en la jaula”) y la apreciación de Sara, que apunta no solo al meollo de la situación donde, como sabemos, Kevin es la pieza fundamental, sino a la pobreza en la recepción estética de su madre.

Un aspecto muy logrado se relaciona también con la manipulación, pero no exactamente personal, sino política; de modo que el caso de un artista que se mantiene a caballo entre ambos mundos, específicamente, la pose “de comunista y disidente a la vez”(p. 29), cuya pintura gusta a los miamenses, porque según Joanna, “esas cosas entre el realismo socialista y la abstracción neurótica se prestan a un millón de lecturas” (ibídem) define una actitud que trasciende, sobre todo en los últimos tiempos, el caso individual e incluso sus presuntos contactos con la realidad.

Asimismo, fabulando un poco más, en la isla fictiva se ofrece un enfoque mediático del suceso, siguiendo la habitual retórica oficialista acerca de las relaciones conflictivas entre las dos naciones enfrentadas y los lugares comunes para referirse al enemigo del Norte que convierten la actitud ante el pintor en un nuevo problema político o una variante del eterno.

En tal sentido, si en algo considero que debió profundizar el autor es en la huella que este tipo de acontecimiento suele tener en la prensa y los medios locales; se alude muy tangencialmente a ello (cfr: p. 87, donde Joanna lee una página de un periódico que, según comenta Arturo, manipula sus palabras refiriéndose a la confesión de culpabilidad, las cuales afirma no haber dicho) cuando en el caso real por ejemplo—y en tantos de cualquier tipo relacionados con artistas, políticos, deportistas o cualquier figura pública que viva o lo haya hecho en Cuba—el despliegue mediático constituye un verdadero metarrelato que, por tanto, daría hasta para una obra-otra.

Mas, de cualquier manera, Sistema… ofrece suficiente tela para cortar y reflexionar sobre tantos temas y problemas que se desprenden de un suceso con tal variedad y cantidad de velos, como para hacer rabiar de envidia a la propia Salomé. Abel González Melo, con la sapiencia y el oficio desarrollados a lo largo de una obra dramatúrgica ya consolidada y ejemplar, logra acercarnos a ellos con la rashomónica perspectiva de muchas verdades o quizá otras tantas mentiras, que bifurcan el camino hacia aquellas.

Una cuidadosa edición de Nisleydys Flores permite que la lectura —de por sí tan grácil y fluida como es habitual en este escritor—resulte doblemente provechosa, en lo cual lleva buena parte también el diseño de Ricardo R. Villares, incluyendo la ilustración de cubierta a cargo del español Javier Chavarría, expresiva y sintética desde su minimalismo.

En momentos en que lamentablemente las relaciones entre Cuba y Estados Unidos son cada vez menos amigables (siempre por la hostilidad intolerante del vecino), una pieza como Sistema… resulta una lectura muy oportuna. Hacemos votos para que pronto se presente una nueva puesta en escena.

Bibliografía

» González Melo, A. (2014), Sistema. Una trama inconveniente.  La Habana: Fondo Editorial Casa de las Américas, 112 p., ISBN: 978-959-260-432-2.