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DEBATE

 

Multiplicidad y ambivalencia: nuevas articulaciones en Bibliotecología y Ciencia de la Información

Multiplicity and ambivalence: New joints in Librarianship and Information Science

 

Alejandro E. Parada

Instituto de Investigaciones Bibliotecológicas – INIBI, Universidad de Buenos Aires / aeparada@filo.uba.ar

Artículo recibido: 4-8-2016.
Aceptado:
24-11-2016

 


Resumen

Este trabajo reproduce la Conferencia inaugural que se presentó en la 48º Reunión Nacional de Bibliotecarios – “Bibliotecarios: integración, identidad regional y abordaje transversal” realizada por la Asociación de Bibliotecarios Graduados de la República Argentina (ABGRA), en abril de 2016. En el texto se presentan varias temáticas de importancia trascendental en Bibliotecología y Ciencia de la Información. Entre otros aspectos se señalan los siguientes: la multiplicidad de abordajes a la disciplina dentro de un marco de articulaciones ambivalentes; los nuevos problemas de interpretación que proyectan las “espacialidades tecnológicas”; el tópico que se centra en la nominación, la identidad y la formación profesional; la reflexión acerca de los aspectos gnoseológicos, éticos y axiológicos de la teoría y la praxis bibliotecaria; y el tópico, a veces solapado, de las imbricaciones socio-políticas en las realidades de nuestro campo. Finalmente, a partir de estas problemáticas, en el marco de nuestras sociedades posmodernistas, se esbozan, en forma preliminar, una serie de conceptuaciones y reflexiones finales.

Palabras claves: Bibliotecología y Ciencia de la Información; Aspectos teóricos

Abstract

The present work reproduces the inaugural conference of the 48º Reunión Nacional de Bibliotecarios “Bibliotecarios: integración, identidad regional y abordaje transversal” organized by the Asociación de Bibliotecarios Graduados de la República Argentina (ABGRA) in April 2016. It introduces several issues of prime importance for Librarianship and Information Science. The following matters, among others, are taken into account: Multiplicity of approaches to the discipline within an ambivalent framework; new problems of interpretation as a result of the “technological spatialities”; the topic focused on the nomination, professional identity and training; reflection on epistemological, ethical and axiological aspects of the librarian theory and praxis; and the sometimes hidden topic of socio-political entanglements in the realities of our field. Finally, on the basis of the previous issues and within the frame of our postmodern societies, a series of conceptualizations and thoughts are preliminarily outlined.

Keywords: Library and Information Science; Theoretical aspects


 

Introducción1

La Bibliotecología y la Ciencia de la Información, hoy día, en su prospectiva más próxima y también mediata, están inmersas en un conjunto de cambios cuyo vértigo escapa a una apropiación rotunda, sólida y enmarcada por lo contingente. Hablamos de mutaciones y reconversiones constantes que poseen una continuidad impensada hace no mucho tiempo. Transformaciones polimórficas y móviles que aceleran aún más la velocidad de las realidades bibliotecarias, en una especie de transformación casi perpetua que instaura un colonialismo del cambio más allá del cambio mismo. Aunque esto no revista novedad alguna para nuestra disciplina, porque es intrínseco “al ser y al hacer” de la profesión y ya forma parte de la vida de los bibliotecarios modernos, es el punto donde quisiera detenerme esta mañana teñida, podríamos decir, de Ciencia de la Información.
La pregunta que se impone es la siguiente: ¿por qué detenernos en una obviedad de nuestro quehacer distintivo? Si bien la respuesta no es simple, ya que nuestro campo no debería caer en la inocencia irreflexiva, es necesario intentar algunas aproximaciones a este tema que nos convoca. Porque, aunque parezca paradojal y no exento de incertidumbre, estos cambios se encuentran plenamente subsumidos en una sociedad propia del posmodernismo y en instancias de globalización, donde impera la multiplicidad de las fragmentaciones de los saberes y sus nuevas formas de articulación (Jameson, 2010; García Canclini, 2012). Este, pues, no es un tema menor ni vacuo para nosotros ni para otras áreas, sean estas las Ciencias Exactas y Naturales, o las Humanidades y las Ciencias Sociales (Wallerstein, 2011). La supervivencia de los saberes se está dirimiendo en la arena de las capacidades para comprender y adaptarse a estas múltiples imbricaciones signadas por las improntas de las nuevas tecnologías.
En el presente contexto, ya dentro de la brevedad indispensable de esta exposición, es oportuno señalar algunas (solo algunas y en una selección muy personal y arbitraria) de dichas nuevas articulaciones de las cuales depende, en su más íntima sobrevivencia, aquello que conocemos como Bibliotecología y Ciencia de la Información2.

Espacialidad tecnológica

En primera instancia, desearía señalar una faceta que se está apropiando “de otro modo” de nuestro mundo profesional: la espacialidad. La ambigüedad del espacio, antes una constante pautada por la precisión del pensamiento científico, es una de las dimensiones que más afectan a la mayoría, por no decir a la totalidad de las disciplinas (Parada, 2015). Decimos de “otro modo” en Bibliotecología y Ciencia de la Información porque la geografía de la localidad ya no es inherente y característica de ese locus determinista o lugar de residencia que identificó a las bibliotecas.
Hoy estas instituciones son agencias transfronterizas donde la virtualidad y los procesos de digitalización han modelado una fructífera tensión entre los servicios materiales y los inmateriales. La residencia o el sitio de “lo bibliotecario”, ya no solo aspira a una mayor presencia física o biológica de sus usuarios in situ. Los lectores virtuales fraccionan el espacio bibliotecario en una gran heterogeneidad de pedidos y demandas de servicio y gestión. En cierto sentido, como la Bibliotecología y la Ciencia de la Información no se encuentran bajo una cúpula de cristal, el debate sobre la gestación de las nuevas espacialidades y sus articulaciones con la información y el conocimiento, afectan a todas las Ciencias.
Este punto se torna en una realidad capital e insoslayable. La sociología moderna ha planteado y debatido sobre la construcción de las nuevas territorialidades en los procesos de globalización. Saskia Sassen (2010 y 2012), entre otros conceptos, señaló la reconfiguración del Estado-nación, el diseño de los espacios subnacionales, y las complejas conexiones de lo local con lo internacional. Todo ello como consecuencia de la irrupción de una nueva fase del capitalismo financiero y, por supuesto, mediante el uso de las nuevas tecnologías de la información. De este modo, se manifiesta un surgimiento de lo diverso y de lo múltiple en la génesis de lugares nuevos y plurales que, específicamente, no se pueden definir con precisión, pues el territorio bibliotecario (y su espacio) se estructura, como decíamos, de “otro modo”.
Si el concepto de Estado-nación ya no responde con plenitud a la coyuntura actual debido a estas constantes metamorfosis espaciales, los bibliotecarios debemos preguntarnos, una y otra vez, qué sucede con el porvenir (y sin ser dramáticos) con el destino último de nuestros procederes como profesión en geografías cambiantes, polifónicas y fraccionadas.
Debemos, entonces, imponernos una tarea que linda con la esencia misma del conflicto: redefinir la nueva espacialidad tecnológica-bibliotecaria dentro del marco de sociedades mudables y líquidas, siguiendo una expresión cara a Zygmunt Bauman (2003 y 2013), porque en ello, como hemos visto, se juega nuestro vínculo con los usuarios.

Nominación, identidad y formación profesional

Esto nos lleva a otra característica de lo múltiple: el tema del nombre de la Bibliotecología y la Ciencia de la Información. Un tópico de antigua presencia en el campo y que comenzó a mediados del siglo XX con la “teoría matemática de la información” de Claude E. Shannon y Warren Weaver (1962). Desde esa época la Bibliotecología entró en conjunción con los modelos cuantitativos de la información, en una vinculación enriquecedora pero acaso no menos traumática de la que, en nuestros días, se ha concretado con un fuerte predominio al definir nuestra área con el nombre predominante de Ciencia de la Información, donde la nominación Bibliotecología ha perdido terreno.
Pero han sucedido, además, otros acontecimientos interesantes. En la última década, y ya con una impronta que no puede desconocerse, se han reencontrado áreas que, a lo largo de la centuria pasada, estaban cómodamente separadas en su independencia. Estamos haciendo alusión a un hecho incontrastable: la articulación moderna entre los archivos, las bibliotecas y los museos. Estas áreas que se reconocen como los campos que trabajan con “las herencias culturales” (Baker, 2013), han propiciado un plexo complejo y emergente entre la Archivología, la Museología y la Bibliotecología.
Y aquí se manifiesta un tópico de crisis ineludible: ¿cómo denominamos o nombramos hoy (y en el futuro) a la clásica Bibliotecología?
Porque esta dificultad de auto representarnos, en forma unívoca, con una nominación clara y precisa, trae a colación una temática medular pero algo solapada en el presente: la ambivalencia terminológica de nuestra disciplina en la posmodernidad. No se trata de un asunto menor o de pura retórica circunstancial. La reflexión, tanto teórica como práctica, acerca del nombre de lo que hacemos, tiene que ver, casi exclusivamente, con la construcción de la identidad profesional.
Nos encontramos, de modo determinante, ante un proceso de crisis identitaria. Sin embargo, una situación de esta índole es una oportunidad única para configurarnos como profesión consolidada ante los nuevos desafíos que se presentan. Uno de los retos más significativos tiene su epicentro en la rearticulación de nuestra educación bibliotecaria. Porque debemos abrir (esto está sucediendo en otros países) una instancia de debate entre la formación tecnológica, la praxis profesional, la necesidad de un corpus teórico-filosófico de la información, y la plena inserción de nuestro campo en el universo de las Humanidades y las Ciencias Sociales.
Tecnología, práctica profesional, teoría filosófica e integración en el pensamiento de las disciplinas sociales, son los tópicos que siempre han influido en nuestro quehacer. Pero lo que sucede en el presente es el hecho de que las realidades virtuales exigen, sin dilaciones, una concienciación sobre la necesidad de reagrupar e interrelacionar nuevamente estos elementos.
Somos una profesión donde la “práctica profesional” impera con gran fortaleza. No todas las disciplinas poseen esta peculiaridad casi total de realización en la praxis. No obstante, eso implica un peligro o, mejor aún, cierta limitación. El hacer pragmático del presente demanda su instrumentación con las tecnologías de avanzada informática. Y el núcleo de las tecnologías de la información exige un alto grado de especialización. Esta coyuntura determina que los bibliotecarios, para llevar a cabo su plena profesionalidad, deben imbuirse en los procedimientos tecnológicos, es decir, establecer una sólida unión entre la práctica y las demandas de tecnología.
Esa particularidad nos conduce, como todos sabemos, al terreno de las competencias altamente cualificadas. Y la complejidad de muchos procesos virtuales y electrónicos trae a nuestra esfera la presencia de otros especialistas que, en realidad, no son bibliotecarios y que, por lo tanto, compiten con nosotros. Esta coyuntura se presenta debido a que los procesos de globalización también demandan ámbitos de parcelación y de ambigüedad en la instrumentación de las disciplinas. Porque, ciertamente, la sofisticación tecnológica incrementa el advenimiento de participantes ajenos a la educación bibliotecológica.
Es por ello que los temas de la tecnología y de la práctica profesional en la modernidad tardía, requieren de una re-conceptuación teórica que debe nacer del propio campo. Muchos autores, como Michael Buckland (2012), John M. Budd (2008) y, en especial, Birger Hjørland (2000), señalan la imperiosa necesidad de reelaborar un marco teórico, hermenéutico y epistemológico que responda a las necesidades de la Ciencia de la Información contemporánea. Este punto es capital: solo los bibliotecarios, en tanto profesionales formados, pueden ser capaces de teorizar sobre su disciplina, algo, por cierto, que no puede ser implementado por otros especialistas exógenos. Es más: para darle un sentido a lo que hacemos es insoslayable formar un sustento teórico que responda, en lo profesional, a esas tecnologías.
Empero, dicha formación teórica disciplinar en conjunto con la tecnología y la práctica profesional, solo tendrá un sentido amplio y justificado en el entrecruzamiento con las Ciencias Sociales. Uno de los ejes distintivos de la Bibliotecología y la Ciencia de la Información se ancla en el hecho de que es un área de estudio que solo se realiza, con verdadera plenitud, en su desarrollo social. Sin embargo, nuestra disciplina se encuentra poco representada en el discurso y en la construcción epistémica de las Ciencias Sociales.
En ese marco, la profesión no solo debe alentar la elaboración textual de una teoría en consonancia con los tiempos sino, además, proyectarse en la discusión interna de cómo poder debatir y crear conocimiento a la par de la Antropología, la Sociología, la Historia y otros sectores disciplinares. Indudablemente, esta proyección requiere de la configuración de distintas articulaciones y de las recientes tendencias que son materia de controversia en las Ciencias Humanas.
Tendremos, en este ámbito, que formular otra pregunta: ¿cómo cierra esta polifonía de intereses profesionales? Pues, como observamos, no hay nada menor ni mínimo en ser bibliotecarios. Quizás lo que exista sea una tendencia a la subvaloración de nuestras propias fuerzas. Como en cualquier país con una profesión pujante, hoy, en la Argentina, como siempre, el debate debe cerrarse con la escritura, con la palabra escrita sobre cualquier soporte, en fin, con la producción de textos.
La vertiente fundamental para articular la multiplicidad del quehacer bibliotecario es, por cierto, la investigación y, en consecuencia, la facultad de nosotros mismos para crear nuestro discurso textual bibliotecario desde una mirada autóctona y argentina.
La encrucijada, entonces, de resolver nuestro dilema existencial en la posmodernidad global se enlaza, casi sin dilación, con escribir acerca de las grandes temáticas que están sacudiendo a la profesión.

Gnoseología, ética y axiología bibliotecológica

Además de estas facetas que estamos seleccionando dentro de una gran variedad de manifestaciones, se presenta, ciertamente, un macro-tema incuestionable: el heterogéneo reclamo del conocimiento y su instrumentación en todos los ámbitos de nuestro trabajo. La génesis del conocimiento bibliotecológico, en pleno siglo XXI, posee su basamento en una duplicidad de fases: la faz profesional y la faz correspondiente al usuario.
Por una parte, las nuevas articulaciones del conocimiento en la disciplina requieren, con mayor urgencia y sin aplazamiento, aunque parezca un juego de palabras, de una audaz profesionalización de nuestra profesionalidad. ¿Qué significa esta expresión? Significa que la dimensión tecnológica adquirirá una preponderancia determinante y que debemos ser audaces en este desafío. La pluralidad de accesos multidisciplinarios a los datos y a la información exigirá bibliotecarios capaces de elaborar ontologías y taxonomías no solo en su propio campo sino, sobre todo, en otros saberes de las Ciencias.
El conocimiento actual y del futuro, en instancias de etiquetado y recuperación, dependerá de nuestras habilidades para diseñar, por ejemplo, la dinámica de los mapping de pensamiento, de las creaciones vinculantes con las RDA (Resource Description and Access), de la hiperposmodernidad de los “Datos Abiertos Enlazados” (Linked Open Data-LOD), de las sutilezas de gestionar en la nube. Y, ante todo, de los emprendimientos para tratar de transformar la potencialidad de la información en fundamentos del conocimiento a través de la interoperabilidad de los análisis de dominio.
En el segmento de los servicios, en este contexto, las actitudes que desarrollemos ante los usuarios se vuelven esenciales. No alcanza, en la proliferación dialéctica de las sociedades actuales, con brindar solo información: los usuarios necesitan, más que nunca, ser los constructores de sus “destinos informativos”.
Aquí volvemos a lo inicial. La profesionalización de nuestra profesionalidad tiene un imperativo que revolucionará, tal como acontece en países líderes en nuestra especialidad, la articulación de la educación bibliotecaria; esto es, determinar e identificar los medios para que los usuarios reconfiguren la información en conocimiento.
Reiteramos este concepto que es vox populi en la Bibliotecología y la Ciencia de la Información: ayudar no solo a construir el destino informacional de los usuarios sino, sobre todo, brindar las herramientas para que los nuevos lectores virtuales implementen su destino en, por y desde el conocimiento.
Pero, además, nos espera una interrelación definitoria y que se resume en esta cuestión nuclear: ¿cómo lograr la sustentabilidad de las bibliotecas, respetando su misión social, en un universo virtual?
Entre la multiplicidad de aspectos que es necesario representarse como realidades incuestionables, mencionaremos a los siguientes:

  • la necesidad de apoyar, en forma reflexiva y explícita, todos los procesos de Open Access (Acceso abierto), como una respuesta (nuevamente) de nuestra “profesionalidad ciudadana informacional”, para que de este modo todos los individuos tengan iguales posibilidades de compartir contenidos de calidad;
  • la demanda, ya inexcusable, de trabajar por la inclusión y la diversidad de nuestros usuarios “biológicos presenciales” y remotos, y alentar (si realmente nos comprometemos a defender sus anhelos sociales) la defensa de sus derechos civiles y humanos (Samek, 2008), así como la instrumentación de servicios que contemplen sus decisiones políticas, económicas, sexuales y sus discapacidades;
  • la urgencia, muchas veces no tenida en cuenta, de que la finalidad de una biblioteca, aunque parezca una posición extraña, es fomentar la emotividad, la sensibilidad, la imaginación de sus usuarios y, ante todo, aspirar a la dicha de las personas.

Porque, a pesar de que sea una instancia velada u opacada, la sostenibilidad de estas instituciones y de la misma Bibliotecología y Ciencia de la Información, debe articularse, tanto en sus procederes tecnológicos como humanistas, con las formas de la gracia, de lo sublime y de la felicidad humana.

Imbricaciones socio-políticas

Las perspectivas de la Bibliotecología y la Ciencia de la Información, desde siempre, se vinculan con una intencionalidad que suele ser esquiva y ambigua para muchos bibliotecarios: nos referimos a la planificación política que subyace en la escena social de las bibliotecas.
Esto último no es una novedad. Como todos sabemos, hace unos pocos años, los bibliotecarios estadounidenses liderados por ALA, se destacaron por “sus esfuerzos para proteger el derecho de los usuarios para leer lo que quisieran sin tener el temor de la vigilancia del gobierno” (Fiels, 2011), ante las restricciones a los derechos civiles que instaló la Ley Patriótica [Patriot Act] luego de los atentados terroristas del 11S. Esto, sin duda, es un acto de exclusividad política fuera de toda implicación partidaria. Porque el tópico de la ya mencionada sustentabilidad bibliotecaria no se resuelve, única y exclusivamente, con los recursos tecnológicos ni con la gestión financiera de índole empresarial ni con la instrumentación de procesos totales de digitalización.
La sustentabilidad del futuro de las bibliotecas, hoy más que nunca, se sostiene y será viable cuando los ciudadanos no tengan duda de que dichas instituciones se re-articulan e imbrican con los anhelos sociales de libertad y plenitud democrática; esto es, cuando una profesión es líder en la defensa de los intereses de las personas en su más oculto anonimato.
Un ejemplo ilustrativo se focaliza alrededor de una figura de real interés para la Bibliotecología argentina: Domingo Faustino Sarmiento y la promulgación, en 1870, de la Ley 419 de Protección a las Bibliotecas Populares.
Esta normativa posee un interés particularísimo. Inspirada, en gran medida, en experiencias pedagógicas llevadas a cabo en Estados Unidos, Sarmiento ideó (y aquí es imprescindible emplear la palabra clave que motiva nuestra exposición) una articulación de conjunción entre la participación del Estado y las iniciativas de las personas para poseer en sus localidades una Biblioteca Pública (Popular). En resumen: el gobierno ayudaba a crear y fomentar estos establecimientos si había un interés activo de los habitantes locales por tener dicha institución.
Este tema es clave para que meditemos sobre el origen de nuestras bibliotecas de uso gregario y público y, en particular, por sus propias modalidades de secularización. Para Sarmiento, aunque por un momento resulta complejo interpretar el binomio social “ciudadano/vecino” (Cansanello, 2008), los individuos debían dejar de pensar “como vecinos”; es decir, no solo reivindicar “su mera localidad vecinal” sino, sobre todo, incorporarse como ciudadanos activos y plenos en los proyectos políticos de la Nación. En este caso, Sarmiento estaba implementando el pasaje de la “vecindad”, aún anclada parcialmente al período colonial, a una modernidad en donde los ciudadanos colaboran con el origen del proyecto ideológico del Estado-nación.
De este modo, con las bibliotecas y la sociabilidad del lectorado se tendía hacia un nuevo avance en la proyección de los derechos políticos. La urbanización, la escolarización, la alfabetización, el aprendizaje de la lectura y la escritura comenzaban a ser los ejes de trazabilidad política del Estado a partir de ese momento histórico.
En consecuencia, parte de nuestros antecedentes que vinculan a las Ciencias Políticas con las bibliotecas, son heteróclitos y polifacéticos; y como comentábamos en el inicio de esta temática, las articulaciones posmodernas de nuestra disciplina demandan que pensemos en el contexto de proyectos y planificaciones políticas.
Porque además, esto resulta decisivo, debemos tener los elementos políticos necesarios para fomentar un fértil diálogo entre la globalidad y lo local, y entre las dinámicas cambiantes de lo local y la globalidad; donde las vertientes diagonales y transversales que hoy nos convocan en esta Reunión de bibliotecarios, propicien el advenimiento de nuevas temáticas en nuestro campo; perspectivas que ya resultan por su complejidad, sin duda, una especie de fuga y contrapunto de nuevas orientaciones insospechadas debido a la variación de sus proposiciones.

Síntesis y consideraciones finales

Es necesario, al cerrar esta ponencia inaugural, pasar revista a los temas mencionados que, como hemos observado, se están reestructurando en forma impetuosa en el área: la permeabilidad de la espacialidad bibliotecaria y sus territorios móviles; el devenir de nuestra identidad en el momento de “nombrar y delimitar”, con exactitud y precisión, aquello que hacemos; la necesidad de elaborar –para cada realidad tecnológica del libro– una teoría y una filosofía de la información donde la Bibliotecología y la Ciencia de la Información se represente ontológica y epistemológicamente; la búsqueda continua de un pensamiento crítico, en aras de una confluencia y discusión con las Ciencias Sociales; la demanda de una constante producción textual para afirmar el discurso de nuestra praxis; el asunto, siempre candente, de un mayor arrojo y audacia en la “profesionalización de la profesión”; el desarrollo de las habilidades tecnológicas y las sensibilidades profesionales para generar “ámbitos interoperables de dominio”, y poder así competir en la arena multidisciplinar; el compromiso de responsabilidad social para la formación de usuarios capaces de producir conocimiento y, ante todo, con las habilidades para diseñar su propio “destino y existencia informacional”; el deber de apoyar todos los usos y emprendimientos de Acceso Abierto como contrabalanza eficaz para dar una respuesta a los imperativos rentados y de plusvalía de las empresas editoriales; fomentar la tolerancia y la armonía hacia las diversidades humanas; hacer de las bibliotecas lugares y geografías para la dicha y la felicidad de los individuos respetando su vida íntima y privada; rediseñar –con modalidades permanentes– las planificaciones de índole política, tanto dentro como fuera de las bibliotecas para que acompañemos los procesos sociales de ciudadanía, y otros tópicos que no hemos tocado.
Sin embargo, como observamos, todas estas temáticas se caracterizan por dos características distintivas: la multiplicidad y la ambivalencia en el momento de acceder a ellas.
Los problemas bibliotecarios posmodernos exceden la especificidad contundente y unívoca; además, tampoco constituyen, como en otros períodos, una alternativa cuya resolución se explicaba por una dualidad.
Nuestro mundo profesional, atravesado por una diversidad tangencial de tecnologías, es un universo donde se perdieron (o superaron) los fáciles determinismos y las contundencias racionales de las normativas bibliotecarias, donde la mixtura del lenguaje natural y el lenguaje controlado crean nuevas constelaciones de información; donde, por ejemplo, las RDA (Resource Description and Access) brindan la posibilidad de navegar dentro y fuera de los registros, y de este modo desbrozar la estructura hierática y fija de la catalogación; donde el intercambio de los campos de dominio sea ahora el umbral para inaugurar una verdadera lingüística y semiología bibliotecológica.
Hablamos, en definitiva, de un panorama signado por la multiplicidad y la ambivalencia de elecciones; hablamos de un destino profesional cuya crisis puede resultar un escenario inmejorable para generar “una ambivalencia creativa” y apelar, de este modo, a una educación cada vez más profesional; hablamos, pues, de articular las “nuevas formas” de pensar y obrar en las bibliotecas para que respondan a las realidades de fragmentación y dispersión de los usuarios de hoy.
Aunque parezca poco ortodoxo y no propio de bibliotecarios “políticamente correctos”, podríamos parafrasear un concepto de Karl Marx; una expresión que tal vez nos brinde cierta cuota de reflexión. Este filósofo sostiene, en un muy conocido libro, inspirándose en Hegel, que la historia suele repetirse primero como tragedia y luego, en segunda instancia, como farsa (Marx, 1995). Quizás sea el momento de pensar que el drama disciplinar que viven las Ciencias Sociales en el posmodernismo capitalista y, en particular, la Bibliotecología y la Ciencia de la Información, superen su crónica tragedia de desarrollo y así eviten repetir sus problemáticas en el tono de una farsa auto-cumplida.
Si logramos superar esta delicada encrucijada mediante una novedosa articulación profesional compenetrada por ese “ímpetu de ambivalencia creadora” –porque sostengo que no hay en el horizonte un obstáculo infranqueable para que esto no acontezca, ya que quisiera creer que el porvenir está en nuestras manos –, entonces, habremos dado un paso fundamental para la sobrevivencia de la disciplina y de aquello que más amamos: las bibliotecas. Me refiero, pues, a un paso bibliotecario infinitamente proteico y maravilloso.

Notas

1 Se agradece a las autoridades de ABGRA su permiso para reproducir en esta revista la conferencia inaugural de la 48º Reunión Nacional de Bibliotecarios (Buenos Aires, 19-21 de abril de 2016). Véase: De bibliotecas y bibliotecarios. Boletín electrónico ABGRA – Año 8, nro. 2, junio 2016. ISSN 1852-382X. http://www.abgra.org.ar/newsletter/ABGRA-Boletin-2016-A8-N2-Parada.pdf

2 Es importante destacar que varios de los temas que se desarrollan en este trabajo han sido planteados o esbozados por el autor en diferentes editoriales de la presente publicación periódica; asimismo, un enfoque similar se llevó a cabo en el artículo siguiente: “Hacia un inventario provisional de las tendencias en Bibliotecología y Ciencia de la Información” (véase: Información, cultura y sociedad. No. 33, 75-88, 2015). http://revistascientificas.filo.uba.ar/index.php/ICS

Referencias bibliográficas

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6. Cansanello, Oreste Carlos. 2008. Ciudadano/vecino. En Goldman, Noemí, ed. Lenguaje y revolución: conceptos políticos clave en el Río de la Plata, 1780-1850. 2ª. ed. Buenos Aires: Prometeo Libros. p. 19-34.

7. Fiels, Keith Michael. 2011. A library “state of the state”: trends, issues, and myths. En Advances in Librarianship. Vol. 34, 3-17.

8. García Canclini, Néstor. 2012 [2001]. Culturas híbridas. Estrategias para entrar y salir de la modernidad. Buenos Aires: Paidós.

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10. Jameson, Fredric. 2010 [1998]. El giro cultural: escritos seleccionados sobre posmodernismo. 1983-1998. Buenos Aires: Manantial.

11. Marx, Karl. 1995. El dieciocho Brumario de Luis Bonaparte (1852). Montevideo: Ediciones de la Comuna.

12. Parada, Alejandro E. 2015. Espacialidad y bibliotecas. Hacia una breve tipología del espacio bibliotecario. En Información, cultura y sociedad. No. 33, 5-10.

13. Samek, T. 2008. Biblioteconomía y derechos humanos: una guía para el siglo XXI. Gijón: Trea.

14. Sassen, Saskia. 2010. Territorio, autoridad y derechos. De los ensamblajes medievales a los ensamblajes globales. Buenos Aires: Katz Editores.

15. Sassen, Saskia. 2012 [2007]. Una sociología de la globalización. Buenos Aires: Katz Editores.

16. Shannon, C. E. y W. Weaver. 1962. The Mathematical Theory of Communications. Urbana: University Press.

17. Wallerstein, I., coord. 2011 [1996]. Abrir las ciencias sociales. Informe de la Comisión Gulbenkian para la reestructuración de las ciencias sociales. México: Siglo XXI editores.

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