Los diarios de Emilio Renzi o el pudor autobiográfico

Adriana Rodríguez Pérsico

Resumen


¿Para qué y para quién se escribe un diario? ¿Por inútil, desesperado afán de atrapar el instante o el acontecimiento antes de que la frágil memoria lo olvide? ¿Con miras a una celebridad futura? ¿Acaso como ejercicio virtuoso, para ir afinando la mano en el largo proceso de la creación? En 1957, Piglia empieza a escribir sus diarios que recopilan no solo experiencias literarias sino también amistosas, familiares, amorosas, educativas y políticas. Hasta el momento, se han publicado dos volúmenes, Años de formación y Los años felices. La pregunta inicial es por una identidad en marcha, por un devenir escritor. La práctica literaria produce al sujeto que se hace un nombre o mejor, dos en espejo, Piglia-Renzi. El primer volumen abarca el período 1957-1967; comienza con la experiencia traumática del exilio interior –cuando la familia debe mudarse de Adrogué a Mar del Plata a causa de la persecución política hacia el padre peronista. Los años felices se ocupa del lapso que va de 1968 a 1975, aquí la figura de escritor madura y se consolida. En el diario está la letra del sujeto, aquello que da cuenta de fantasmas fundamentales que son traducción literaria de modos de vivir la pulsión. El diario adquiere carácter fundacional al mostrarse como condición de posibilidad de la praxis futura. 


Palabras clave


diarios; figuras de escritor; Ricardo Piglia

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DOI: http://dx.doi.org/10.34096%2Fzama.a9.n9.4053

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